París, sin miedo

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Millones en el mundo, haciendo causa común, pedimos a los líderes cerrar filas y ampliar la cooperación para actuar con mayor contundencia frente a esta amenaza.

París, Francia. 13 de noviembre de 2015, al menos 120 muertos. Egipto. 31 de octubre de 2015, caída de avión ruso, 224 muertos. Arabia Saudita. 17 de octubre de 2015, ataque a una mezquita chiita, cinco personas muertas. Nigeria. 21 de septiembre de 2015, 54 muertos. Túnez y Kuwait. 26 de junio de 2015, ataque a turistas, 39 muertos. Túnez. 18 de marzo de 2015, ataque al museo del Bardo, 21 personas muertas. París, Francia. 7 de enero de 2015, ataque a la revista Charlie Hebdo, 12 personas asesinadas.

Estos son algunos de los atentados terroristas perpetrados este año, la mayoría reivindicados por el autodenominado Estado Islámico (EI), un grupo extremista que a raíz de los ataques del viernes en París vuelve a estar en el centro de la atención del mundo y a evidenciar de nueva cuenta lo urgente de acciones eficaces que frenen su acción y crecimiento.

Si bien el Islam no es terrorista, el yihadismo sí es una expresión extremista que promueve una interpretación retorcida de éste. El extremismo islámico tiene una base ideológica, cultural y religiosa que va mucho más allá de motivaciones políticas y su objetivo fundamental es la instauración de dicha interpretación del Islam, primero en los países musulmanes, y luego ir a otros. Para eso se valen de la violencia y el miedo.

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Desde golpear, encarcelar y matar a sus compatriotas que se niegan a asumir las normas establecidas por el grupo, pasando por decapitar a periodistas extranjeros y hacer matar a soldados del ejército sirio por niños y adolescentes, hasta los ataques dirigidos a población civil dentro y fuera de sus territorios, hoy el EI con control sobre territorios habitados por unos 10 millones de personas, es el grupo terrorista más poderoso y peligroso de la tierra.

Asusta su capacidad de atraer, convencer y reclutar a personas de países occidentales como Estados Unidos. Recientemente, el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, alertó sobre el incremento en 70% de combatientes de más de 100 países que hoy engrosan las filas terroristas, y dado que una vez establecido su califato (una forma de Estado que se rige por un sistema político basado en el Islam), hacen funciones de gobierno, cobran impuestos y venden petróleo, su capacidad económica e ideológica está en expansión.

Claramente el Estado Islámico y otras expresiones del extremismo violento como Boko Haram, que significa “la educación occidental es pecado” y que ha encontrado en las condiciones de pobreza y desigualdad de un sector de la población nigeriana campo fértil para su acción, son la mayor amenaza a la seguridad de nuestros días. Ante ello, ¿qué acciones ha tomado la comunidad internacional?

A partir de los ataques del EI a los ejércitos sirio e iraquí, en junio de 2014, en agosto de ese año, una coalición internacional integrada por 60 países mayoritariamente europeos junto con algunos otros como Estados Unidos, Australia, Turquía, Marruecos e Irán lanzó su propia ofensiva en la región, con el fin de sumarse al esfuerzo de los ejércitos de Siria e Irak para hacer frente a la insurgencia del Estado Islámico.

En cuanto a la ONU, habría que decir que si bien desde 1963 se han adoptado 14 instrumentos jurídicos universales y cuatro enmiendas para prevenir los actos terroristas, además de que en el año 2006 aprobó un plan de acción que incluye medidas para hacer frente al terrorismo, la capacidad de la ONU para elaborar una estrategia amplia se ha visto limitada por el hecho de que los países no han podido aprobar un acuerdo que incluya una definición del terrorismo. Ello impide que las Naciones Unidas actúen con mayor eficacia frente a los nuevos desafíos que supone el surgimiento de grupos como el EI y Boko Haram.

Durante la cumbre de líderes para afrontar el extremismo violento convocada por los Estados Unidos en septiembre pasado, Ban Ki-moon anunció la entrega de un nuevo plan de acción en 2016 y definió como prioridades: involucrar a toda la sociedad, especialmente a los jóvenes; la construcción de instituciones que rindan cuentas, el respeto por el derecho internacional y no ser dominados por el miedo. Justo con esta frase en el corazón, “sin miedo” miles de parisinos y millones en el mundo, haciendo causa común, pedimos a los líderes cerrar filas y ampliar la cooperación para actuar con mayor contundencia frente a esta amenaza. El terrorismo no puede vencer.


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