Para poder crecer

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Paul Kruger, el famoso economista norteamericano expresó que el crecimiento económico de México es lamentable y causa desencanto. En su reciente conferencia magistral en la Convención Nacional de Industriales 2015 dijo desconocer las razones por las que no se haya dado el despegue y no se dé el milagro mexicano. A pesar de que hace 30 años se dio la apertura de nuestra economía al mundo, aún estamos muy lejos de lo que Corea del Sur ha logrado. Este comentario -compartido por muchos mexicanos- tiene importancia por el conocimiento y capacidad del economista.

«¿Cuando se dará el milagro mexicano?», preguntó; «la gente está cansada de esperar. Tiene 30 años la apertura y claramente se ve que eso no bastó». Desde que Miguel de la Madrid autorizó la entrada de México al GATT, el Acuerdo General de Aranceles Aduaneros y Comercio según sus siglas en inglés, se nos dijo que la apertura significaría una mejor vida para todos. Pero ni la modernidad ofrecida por Carlos Salinas cuando impulsó el Tratado de Libre Comercio de la América del Norte ha traído esa mejor vida, al menos no para todos los mexicanos.

Cierto que miles de trabajadores han encontrado buenos puestos de trabajo, pero muy pocos más se han beneficiado: sólo industriales, comerciantes y funcionarios públicos. Se han creado dos Méxicos: uno que vive casi a nivel de país industrializado y otro que sigue sumido en un atraso ancestral. A la gran masa popular siguen sin llegar los beneficios y el milagro mexicano no se he dado.

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Evidentemente tenemos que cambiar el modelo para ofrecer un mejor futuro a todos. Comenzar con una mejor educación a quienes menos tienen a pesar de la actitud de los profesores afiliados a la CENTE que parece que desean perpetuar el atraso del sur del país. Fortalecer todos los niveles de enseñanza en todo el país para contar tanto con profesionistas como técnicos bien preparados en todos los campos, y generar empleos bien pagados para ofrecerles empleo. Pero también, y más importantemente, terminar con las lacras de inseguridad, corrupción gubernamental e impunidad que hacen inútil todo esfuerzo por mejorar.

Ninguna Reforma Constitucional será suficiente sin una mejor educación para todos, pero tampoco si seguimos con esas tres lacras. Las buenas intenciones gubernamentales sólo serán exitosas si todos podemos confiar en que el esfuerzo personal no va a estrellarse con esas lacras. Apenas terminando con ellas se podrá dar el milagro mexicano.


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