Órale, carnales, en las redes sociales anda que arde el tema del tren Buenavista-AIFA, que este domingo 26 de abril de 2026 por fin se inauguró con bombo y platillo. Pero entre los comentarios de los usuarios circulan versiones que no se callan: el proyecto que arrancó en el sexenio pasado casi duplicó su costo. Lo que se anunció en unos 12 mil millones de pesos terminó costando más de 23 mil 689 millones, según reportes de la Agencia Reguladora del Transporte Ferroviario. Eso dice la bola que rueda en X y Facebook.
Usuarios como @AdolfoC0963 y otros recuerdan que el tramo de Buenavista a Lechería ya existía desde antes, y que la extensión al AIFA acumuló años de retrasos. “Se suponía que ya estaba funcionando y resultó montaje”, escriben varios en los hilos. Hay quien menciona que en su momento se armaron escenas para simular operación, aunque eso sigue como rumor sin confirmación oficial total. Lo que sí es hecho: la obra inició con promesa de entrega en 2022 y llegó cuatro años después, justo cuando ya se hablaba del Mundial 2026 como posible salvavidas.
En los comentarios de Instagram y X, la gente se divide. Unos celebran que por fin haya conexión en 43 minutos y que el boleto arranque en 45 pesos el trayecto completo durante el primer mes. “Misión cumplida”, dicen los que apoyan la 4T. Pero otros no se aguantan: “De 12 a casi 24 mil millones… ¿a dónde se fue la lana?”, preguntan en publicaciones virales. Hay quien lo llama “el sello del presidente al que se le hacía fácil gobernar”, recordando que la planeación y el arranque fueron en tiempos de AMLO. Circulan sospechas de que los sobrecostos vienen de ajustes, protestas vecinales, certificaciones de seguridad y hasta la compra reciente de acciones del Tren Suburbano por casi 6 mil millones más para que el gobierno lo controle todo.
Versiones no confirmadas en redes hablan de que Sheinbaum y equipo ya se habían subido antes en una especie de ensayo que algunos tildan de simulación. Otros usuarios defienden que los retrasos fueron por pruebas rigurosas de seguridad, no por flojera. “Mejor tarde y seguro”, responden. Pero la indignación crece cuando suman: deuda pública subiendo, gasto en obras que se encarecen y el ciudadano de a pie pagando la cuenta al final, ya sea con impuestos o con boletos que algún día subirán.
En resumen, circula fuerte la idea de que este tren trae el sello de las promesas que se estiran y se encarecen. Rumores, trascendidos y comentarios en redes coinciden en un punto: el pueblo esperaba movilidad barata y rápida, pero recibió un proyecto con años de espera y casi el doble de presupuesto. Algunos lo ven como logro histórico; otros, como otro ejemplo de que en la obra pública mexicana, el costo final siempre sorprende. Mientras tanto, la inauguración ya es realidad… aunque con más preguntas que respuestas flotando en el ciberespacio.
























