Obama hace historia

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Por más de medio siglo, el pueblo cubano ha sufrido penurias económicas y limitaciones severas al ejercicio de sus derechos.

El futuro ha dejado de ser lo que era.
Paul Valéry.

El tema más añejo, desde las primeras organizaciones políticas y sociales, es la manera de hacer que los gobernantes realmente se ocupen del beneficio de sus gobernados o, cuando menos, no abusen del poder.  Así, desde el Gilgamesh, escrito hace más de cuatro mil años, ya se hablaba del problema de la utilización de la riqueza natural y de los esfuerzos por maximizar su efectividad.  Recordemos la sencilla oración de Salomón: “Señor, dame un corazón sensible para atender y entender a mi pueblo”.

En algunos casos, son líderes con altas cualidades quienes generan los grandes cambios en la historia de la humanidad. Cedo a la tentación de referirme a una muy reciente categoría de líderes, calificados como héroes de la retirada, porque no dudaron en perder el poder para alcanzar un bien superior, como fueron Mijail Gorbachov y Adolfo Suárez.  Me fascinó la respuesta de Angela Merkel, quien ante el reclamo del ingreso de inmigrantes a Alemania, respondió de manera contundente que lo hacía por sentido humanitario.

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Barack Obama generó muchas expectativas al ser el primer afroamericano en asumir la presidencia de Estados Unidos, aun cuando lo había hecho antes con el sugerente libro al que denominó acertadamente La audacia de la esperanza. Obama ha impreso un sello indeleble en la historia de su país, no tan sólo por haber superado la crisis económica o por haber instrumentado con todos los tropiezos los sistemas de salud, sino porque, en materia de política exterior mediante políticas económicas, logra que Irán limite sus experimentos nucleares y Rusia frene sus ambiciones de invadir Ucrania. 

Por más de medio siglo, el pueblo cubano ha sufrido penurias económicas y limitaciones severas al ejercicio de sus derechos. El conflicto surge más por la confrontación de líderes soberbios, Dwight Eisenhower y Fidel Castro, que por diferencias de cómo concebir el ejercicio del poder.

Después de la visita de Obama, Cuba no será la misma, solamente quienes se ven obnubilados por el rencor y el fanatismo pueden negar los cambios que ya han arrancado en la isla y que, por otras experiencias, podemos predecir serán irreversibles y continuarán en forma acelerada. ¿Era acaso factible hace unos meses una conferencia de prensa ofrecida por Raúl Castro? ¿Era concebible un diálogo en territorio cubano entre un dignatario norteamericano y disidentes?  Este es el último capítulo de la Guerra Fría.

Obama rescata la confiabilidad de la palabra en la política, nos muestra cómo alcanzar objetivos a base de perseverancia, de humildad. Es un auténtico líder.  Sorprende que políticos estadunidenses con ascendencia cubana se nieguen a solidarizarse con esta hazaña. Sí se puede ser elocuente y convencer cuando se tiene algo que decir y se respeta la verdad, cuando se transmite un sentimiento genuino y se reconoce una equivocación. Una sola reflexión suya puede sacudir conciencias: “Una política de aislamiento diseñada por la Guerra Fría no tenía sentido en el siglo XXI”. Excelente la cita de Martin Luther King: “La urgencia feroz de ahora”. 

El siglo XXI está llamado a concebir otras formas de hacer política.  Si el siglo XIX fue el surgimiento de las ideologías confrontadas y el XX conoció el engendro del Estado totalitario, el actual es el escenario de la globalización y del respeto a los derechos humanos con regímenes democráticos. Nada garantiza que la historia sea progresiva, nunca dejarán de surgir las amenazas, como las preferencias por Donald Trump. Sin embargo, no hay duda de que el liderazgo de Obama es un motivo para celebrar que siempre, desde el poder, sabiéndolo hacer, es factible alcanzar el buen gobierno.


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