Necaxa, el segundo aire

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Aunque el nombre «Necaxa» para muchos sólo traiga a la mente un equipo de futbol, es mucho más. Localizado en la Sierra Norte del estado de Puebla, fue uno de los primeros sistemas generadores de energía eléctrica del país, compuesto por presas, canales de alimentación, tuberías de conducción, generadores y subestaciones que alimentaron a la Ciudad de México durante más de un siglo.

Puesto en operación el 6 de diciembre de 1905, por 50 años fue el sistema hidroeléctrico más importante, no sólo del país sino de América Latina. Junto con otros sistemas de menor tamaño abasteció una amplia región que incluía la capital de la república y parte de los estados de México, Morelos, Puebla e Hidalgo. Fue la base de la Mexican Light and Power Company, una empresa canadiense nacionalizada en 1960 y que años más tarde sería la Compañía de Luz y Fuerza de Centro (LyFC). En 2009 ésta se liquidó e integró a la Comisión Federal de Electricidad (CFE).

La nacionalización de la industria eléctrica decretada en 1960 por López Mateos obligó a la coexistencia de dos sistemas distintos en el país. En la mayor parte servido por la CFE con una frecuencia de 60 Herz (ciclos por segundo) y la parte central del país con una de 50 Herz, si bien con voltajes similares. Fuera de esta diferencia eran dos sistemas compatibles, pero no pudieron interconectarse fácilmente por otras causas.

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Doce años después se unifican los dos sistemas a 60 Herz, pero se mantienen ambas empresas de suministro eléctrico por razones legales y sindicales. Dos sindicatos distintos hasta la extinción de la LyFC. Los obstáculos técnicos para la fusión de los sistemas eléctricos se superaron en muy poco tiempo y con un costo razonable. Los obstáculos legales para que la CFE quedara como único suministrador tomaron más tiempo. Lo que no pudo superarse fue la unificación sindical.

Los dos sindicatos eran aún más diferentes que los sistemas eléctricos: el SUTERM, más dispuesto a negociar, y el SME, combativo al extremo; el primero eficiente y el segundo burocrático a su estilo. Cuando se extingue la LyFC, el SUTERM absorbió todas las plazas y los afiliados al SME (Sindicato Mexicano de Electricistas) quedaron en predicamento. Pocos de los miembros del SME aceptaron la liquidación y los más se mantuvieron en confrontación con la autoridad. Sin llegar a agresiones, los sindicalistas del SME se dedicaron a reparar instalaciones particulares y hacer trabajos menores en empresas fabriles. Incluso ofrecieron reconectar servicios suspendidos por falta de pago en Tabasco.

Pero ahora le llega al SME un segundo aire: asociado con una compañía portuguesa, Mota Engil, forma la generadora Fénix que consigue la concesión de varios sistemas generadores de la extinta LyFC que estaban en semi desuso hace 3 años, incluida la emblemática Necaxa. El sindicato mas combativo del país se convierte así en socio de una industria que tendrá que sacar con trabajo arduo.

La nueva empresa no tendrá a su disposición equipos modernos pues tienen más de 100 años de antigüedad con las necesarias mejoras, y tendrá que conseguir clientes o vender su producción al gobierno o a la CFE. Lo que va a ser más difícil es demostrar su capacidad de trabajo que durante décadas no mostró. Va a tener que dejar de lado su burocratismo y volverse eficiente.


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