Moreira palidece ante César Duarte: Corral

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Ya amasó una fortuna de mil millones

El Senador Javier Corral Jurado dibuja al Gobernador de Chihuahua como un kraken, esa gigantesca criatura parecida a un pulpo que, según la mitología, vive en las oscuridades del océano y sale a la superficie a devorar todo lo que le viene en gana. Barcos o marinos. O ambos.

Con la diferencia de que César Horacio Duarte Jáquez, de 52 años, no es ninguna criatura mitológica. Es un político del Revolucionario Institucional (PRI), partido del Presidente Enrique Peña Nieto o de, por ejemplo, Humberto Moreira. Y esto último viene a referencia porque de acuerdo con Corral, el mandatario estatal ha amasado una fortuna de más de mil millones de pesos mientras la deuda de los chihuahuenses se disparó en 229 por ciento.

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Es un Moreira pero en grande, alerta. “Moreira palidece ante César Duarte”.

Desde el 4 de octubre de 2010, Duarte gobierna el estado más grande de México y uno de los más ricos en recursos naturales, epicentro de la Revolución de 1910 y de insurrecciones cívicas de muy distintas inspiraciones: desde el Asalto al cuartel de Madera en 1965 –que derivó en los movimientos de 1968–, hasta las movilizaciones civiles de la primera mitad de la década de 1980, cuando el Partido Acción Nacional (PAN) tomó puentes y calles para reclamar un derecho mínimo: elecciones libres.

Esas últimas movilizaciones parieron una ola de cambios en todo el país y son el motor encendido que llevó a la expulsión del PRI del poder federal en 2000. Corral sabe, lo acepta, que lo que vino con el triunfo de Vicente Fox Quesada no fue una verdadera transición democrática. Lo que llegó fue el desencanto.

Y no es cosa de percepciones: el Índice de Democracia 2015 que elabora la Unidad de Inteligencia de The Economist calificó la democracia mexicana como “defectuosa” hace apenas unos días: en 2014 estaba en el lugar 10 de 24 países de América Latina. Bajó al 14.

La calificación general de México es apenas aprobatoria: 6.6, dice The Economist. En lo particular, reprueba en participación política (4.4) mientras que el funcionamiento del gobierno obtiene un raquítico 6.1 de calificación.

Pero México no padece sólo de una democracia “defectuosa”. También por la economía. El peso sufre una debilidad histórica y el dólar le rasca la panza a los 20 por uno; el crecimiento mediocre apenas arroja empleos y las “reformas de gran calado” no son más que ecos de la multimillonaria campaña de publicidad del Gobierno federal, porque en los hechos no ha beneficiado al ciudadano de a pie. La deuda pública se ha disparado con Peña Nieto, de acuerdo con cifras oficiales, mientras que 2015, el año pasado, fue el de más homicidios en un sexenio que acumula más de 55 mil ejecuciones.

Y si el país tiembla, dice Corral, Chihuahua está aún peor que la media nacional.

Y los números duros parecen darle la razón.

TRANSICIÓN FALLIDA

“Más de mil millones”, dice Corral, de 49 años de edad. “Ese es el capital personal del Gobernador, el documentado”. Deja entrever que habrá mucha más riqueza depositada en sus familiares y personas de confianza.

–Hasta los espectáculos públicos –agrega el Senador–. Él dice quién se presenta y quién no en un espectáculo público. Y obtiene una ganancia en ello.

El Senador sostiene que Duarte aprieta para mantener su coto político, pero también para aumentar su fortuna. Entonces le pregunto si no es una locura que aspire a competirle a esa estructura tan poderosa y controladora.

El 5 de junio de 2016, Chihuahua vota Gobernador para un periodo de cinco años. Se ponen en juego 67 ayuntamientos, las 33 diputaciones del Congreso del Estado, 22 de mayoría relativa y 11 por el principio de representación proporcional. Corral Jurado ha dicho, abiertamente, que será candidato a Gobernador de Chihuahua.

–Una locura –repite. Pero luego corrige: no es una locura, sino una obligación.

Duarte, agrega, ha reinado con el puño apretado estos años y los empresarios, los políticos, los diputados, los burócratas y hasta los opositores le tienen miedo. Pero está el hartazgo ciudadano, confía.

También tiene claro que el PAN, su partido, tuvo la oportunidad de provocar una verdadera transición democrática y falló. Fallaron Vicente Fox Quesada y Felipe Calderóm Hinojosa.

“La gesta cívica de Chihuahua en la década de los 1980 es lo que explica en mucho que otros estados del país avancen después en alternancia. Y luego vino el cambio en el 2000. Es indiscutible que la asunción, en 1988, de un liderazgo como el de ‘Maquío’ [Manuel Clouthier]; o la ruptura del ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas con el PRI, tienen en el Chihuahua 1986 un referente indiscutible. Aquello fue la lucha del pueblo contra el gobierno en un reclamo que, para entonces, parecía muy sencillo pero era trascendental: el reclamo de democracia. Chihuahua genera su propia alternancia tiempo después, en 1992. Pero nunca se plantea un cambio de régimen, un cambio de sistema, un cambio de modelo. Se quiere trabajar bajo las mismas estructuras y entonces no hay posibilidades de avance democrático real, y en el 2000, cuando triunfa la alternancia, se queda intacto el sistema”.

Vicente Fox, dice Corral, se acomodó muy rápido. “Creyó que podía gobernar con las mismas estructuras del PRI. Incluso se acomoda a las estructuras del PRI: no quiere batallar. Y viene la transición con Calderón. Felipe llega en condiciones muy complicadas. Calderón llega con una conciencia atrapada, y se nos diluye la mayor posibilidad que teníamos de ahondar en una transición política con cambio de régimen. Incluso con una concepción más clara de la política, porque Felipe había batallado; no era el candidato que a trancos se hace de la candidatura, como Fox: Calderón estaba formado por una familia panista que había luchado en muchas batallas locales. Qué lástima que llega en unas condiciones… que lo atrapa la circunstancia y termina atrapado en los brazos del PRI”.

–¿Se atrapa, o lo atrapan?

–Lo que la izquierda hace es terminar de echarlo en los brazos del PRI. El ‘no queremos nada ni vamos a negociar ni a convivir ni a acordar nada’ lo lanza a los brazos del PRI. Y el PRI le saca lo que quiere. Embajadores es lo de menos: le saca impunidad, perdón, olvido de muchas cosas. Y allí es donde se empieza a desdibujar, a diluir, lo que pudo haber sido una transición democrática de hondo calado.

–Doce estados de la República ni siquiera han tenido transición democrática. Ni el Estado de México, ni Tamaulipas, ni Veracruz, ni Hidalgo, ni…

–Ni Colima. Y de hecho, se tiene la sensación de que nunca ha habido relevo siquiera en la Presidencia de la República. Que varios estados del país cumplan 90 años bajo el PRI te habla de lo efímero que resultó la transición política. Que ni siquiera se generaron territorios de alternancia en el país. Una tercera parte del país no conoce a otro partido más que al PRI. Creo que allí está el mayor fracaso. Nunca se planteó, en serio, liquidar al sistema. Nunca se quiso romper.

En la década de los 1980, el slogan del PAN era una promesa de transformación de fondo, resumida en tres palabras: “Únete al cambio”. Así hizo campaña Francisco Barrio Terrazas entonces, y allí, en ese equipo, estaba Corral Jurado.

Ahora, el Senador, quien es precandidato a la gubernatura, reconoce:

“Hoy, hablar de ‘cambio’ no te sirve. O hay ruptura con lo actual, o el país no tiene esperanza y la gente no tiene esperanza. Seguir administrando cambios, modos, estilos; hacer poquito mejor las cosas en ciertos aspectos no tiene sentido”.

Corral, a quien incluso dentro de su partido se considera rudo, aclara: “No hablo de una ruptura del orden constitucional. Ni en un proceso de desestabilización. Hablo de romper con el pacto de impunidad, con el régimen político de complicidades, con la corrupción política que ahoga al sistema, que es transversal a partidos, a poderes, a niveles de Gobierno. [Hablo de] romper con ese régimen que, por cierto, no le sirve a nadie. Creer que el PRI pueda seguir con el 30 por ciento de los de un estado o de la Nación es un camino a la provocación, a la tensión social, a un estallido”.

“Creer –agrega– que la estrategia de mantener ellos [el PRI] el 30 y pulverizado el otro 70 por ciento de México es el signo de la estabilidad, es un gran error. Es una apuesta a la rebelión en serio. A que esto tenga un cause después no civilizado y en el que se nos pierda lo bueno que hayamos conseguido, lo poco que hayamos avanzado”.

“Por supuesto que hubo 12 años de una alternancia que no cuajó en un cambio de régimen. Y ese es el principal déficit que traemos”.

QUÉ BONITO ES CHIHUAHUA

El 14 de enero pasado, Amnistía Internacional alertó que la crisis de secuestros que vive México tiene un nuevo epicentro: Ciudad Cuauhtémoc, Chihuahua. Desde 2006 hasta el 5 de enero inmediato anterior, esa entidad federativa registraba mil 698 personas desaparecidas. Tan sólo en el municipio de Cuauhtémoc, por ejemplo, existen más de 351 personas cuyo destino incierto está documentado.

Y luego, la desigualdad. Los datos del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) revelan que hasta 2014 había aproximadamente un millón 265 mil de pobres en Chihuahua, que tiene una población de tres millones 635 mil 966. Hay 64 mil personas que viven en pobreza extrema, y muchos de ellos son indígenas. La Tarahumara, de acuerdo con activistas, vive en un abandono vergonzoso; muchas poblaciones padecen hambre, frío y abandono.

Todo esto, mientras la deuda crece y la fortuna del Gobernador, según Corral Jurado, también. Lo que más llama la atención de los analistas económicos es cómo Chihuahua alcanzó esos niveles de endeudamiento. La mayoría de los reportes indican que se debió a una “mala gestión” y alertan, como lo hicieron con Moreira, sobre la falta de transparencia y de rendición de cuentas de la administración de Duarte.

Chihuahua tiene hoy la deuda más alta de las 33 entidades –respecto a su Producto Interno Bruto (PIB)–, de acuerdo con la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP). Esa deuda creció durante la administración de Duarte Jáquez: su administración inició con un saldo de 12 mil 547 millones… que ahora ronda los 41 mil 309 millones de pesos. Más que los cerca de 34 mil millones que dejó Moreira.

De acuerdo con el Senador, esta deuda está es producto básicamente de operaciones sospechosas y de la corrupción.

–¿Para qué compite, en ese escenario?

–Es mi responsabilidad –dice–. Es una deuda que tengo con los ciudadanos, como ciudadano. Hay que entrarle. No hay de otra.

Corral ya compitió en 2004 por la gubernatura, en coalición con los Partido de la Revolución Democrática (PRD) y Convergencia. Perdió con el PRI, con José Reyes Baeza Terrazas. Dice que ha aprendido de aquella campaña y que ahora buscará un despertar de conciencia en una entidad que ha impulsado cambios cuando el agua le llega al cuello. Y eso parece estar sucediendo hoy.

“La campaña de hecho debe centrarse en el principal problema de Chihuahua: la corrupción política que lacera nuestro estado, por virtud de un personaje que tiene una ambición desmedida, sin límites. Duarte es un vulgar ladrón que ha utilizado el poder para enriquecerse de una manera no solamente inexplicable y verdaderamente inescrupulosa; llega al extremo de decir, por ejemplo, que efectivamente firmó un fideicomiso por 65 millones de pesos para hacerse accionista del Banco Progreso, pero que jura que no lo leyó”, dice.

Javier Corral afirma que el Gobernador es hoy “uno de los exportadores de ganado más importantes de los últimos años en Chihuahua. Es distribuidor de medicinas, obviamente en sociedad con distribuidores de medicamentos, que fueron beneficiados con licitaciones ha modo. Ha tejido una red de corrupción en Chihuahua que no tiene parangón en la historia de nuestro estado”.

“Frente a Moreira –insiste–, Duarte palidece. No solamente en cinismo político, en las formas de corrupción, en el populismo, en el endeudamiento público. La fortuna de Duarte rebasa cualquier hipótesis sobre lo que hoy tiene el profesor Moreira, aquí o en España. Ha perdido, Chihuahua, confianza de inversionistas. Está calificado como un estado sin seguridad jurídica. El Poder Judicial está cooptado por el Gobernador; [se ha] envilecido al Poder Legislativo”.

En 2006, Corral fue cabeza en el movimiento opositor contra las reformas a la Ley de Radio y Televisión en el Senado. Tuvo que oponerse a panistas, incluso.

Junto con otros senadores, interpuso una controversia constitucional –que quedó en manos del Ministro Sergio Salvador Aguirre Anguiano– y un año después, la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) declaró resuelta la acción de inconstitucionalidad contra las reformas, y confirmó la invalidez de artículos clave la Ley Televisa.

Eso le atrajo el odio de las televisoras.

–Llevo una década vetado por la televisión –dice.

Sabe que ese veto se extenderá a su próxima campaña por Chihuahua. “El presupuesto público de Chihuahua para medios de comunicación en el 2015 fue de 1008 millones de pesos”, señala, para ejemplificar cómo el Gobernador ha extendido el control, también, a los medios.

Pero 2004 no es 2016, dice Corral. Hay nuevas herramientas en manos de los ciudadanos, contra la versión única de los medios.

–Las redes sociales –señala. Aunque no abunda más.

“La sociedad chihuahuense está harta. Hay un malestar generalizado en el propio partido del Gobernador”, concluye. “Vamos a concitar que Chihuahua saque la casta, que la dignidad del chihuahuense se enfrente a este reto que es castigar la impunidad. Chihuahua puede ser ejemplo del combate a la impunidad, si la sociedad chihuahuense nos permite ser el cauce para solicitar a las autoridades que Duarte sea enjuiciado, que pague con cárcel su latrocinio y que podamos recuperar los chihuahuenses lo que se robó.  Soy un hombre honesto, un hombre honrado. Respondo por mis actos, y nada más por los míos. No puedo responder por nadie más”.

El año pasado, Jaime Rodríguez Calderón hizo campaña por redes sociales ante la fuerte oposición de las cadenas de televisión y otros medios impresos locales. Aún así, ganó la gubernatura de Nuevo León.

Corral prefiere evadir cualquier comparación con “El Bronco”.

Por cierto, Rodríguez Calderón prometió, durante campaña, meter a prisión al otro gran kraken norteño: el priista Rodrigo Medina.

Dejó de hablar de eso. Simplemente no ha cumplido.

 


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