miércoles, enero 28, 2026
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México: ¿en la mesa o en el menú?

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La geopolítica de la posguerra fría llegó a su fin y el andamiaje institucional y normativo que se empezó a construir tras la segunda guerra mundial está rebasado y en creciente irrelevancia.

 Lo que después pueda recuperarse o reconstruirse será en una realidad distinta, no hay marcha atrás y habrá que caminar por senderos inéditos; y lo mismo puede decirse del país tras los cambios ocurridos en los últimos años.

Con visión de Estado, el primer ministro Mark Carney dijo en su memorable discurso en Davos que la nostalgia no es estrategia, que se debe aceptar que el imperfecto y sesgado acuerdo que con sus deficiencias y contradicciones sostenía el concierto de las naciones se ha derrumbado y bien haríamos en dejar de simular que sigue funcionando.

 Acabar con la ilusión del viejo orden permite enfrentar mejor los retos, oportunidades y peligros del nuevo desorden mundial que está tomando su lugar.

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En un contexto en el que la fuerza desplaza al derecho, el multilateralismo es despreciado y las grandes potencias buscan imponerse en lo que consideran sus zonas de influencia, Carney plantea el desafío audaz de saltarse las trancas que pretenden imponer y llama a las potencias medias a diversificar sus relaciones, según la materia y el objetivo, en un complejo marco de diplomacia política y comercial para poder sentarse en la mesa y evitar ser el menú.

La presidenta Claudia Sheinbaum aplaudió a la distancia el discurso, pero en los hechos ha sido en extremo complaciente con las exigencias del gobierno norteamericano.

Es cierto que la situación de México es más desfavorable que la de Canadá en muchos sentidos y, por lo mismo, la preocupación debiera ser como fortalecerse para tener mayor margen de maniobra; por desgracia, no es el caso.

En lugar de convocar a la unidad nacional ante el incierto panorama, se insiste en acentuar la polarización. Sheinbaum acusa a disidentes de ser “vendepatrias”, aunque ningún gobierno mexicano había hecho tantas y tan importantes concesiones a Estados Unidos.

 Y más grave, aunque la retórica populista que alienta el encono y engaña con propaganda es la insistencia en llevar a cabo una contrarreforma electoral para asegurar la permanencia en el poder de su grupo político, la cual necesariamente hará más profundo el abismo entre mexicanos.

Acaba de convocar a una decena de economistas a Palacio Nacional para hablar de lo que es fundamental para cualquier proyecto nacional, pero, para no exhibir a López Obrador, minimiza en público: ¿cómo generar crecimiento económico después de siete años de estancamiento?

 Las respuestas que trascendieron confirman lo que muchos analistas han dicho. No hay condiciones propicias para la inversión, en buena medida, porque priorizaron el control político sobre el desarrollo.

La reforma judicial lastimó gravemente la certeza jurídica; se optó por gastar en elefantes blancos en lugar de construir la infraestructura y conectividad requeridas; el retroceso patriotero en energía obstaculizó el desarrollo necesario para garantizar abasto suficiente para los que lleguen. Se desperdició la ventana del nearshoring y la incertidumbre sobre el futuro del tratado puso en interrogaciones la continuidad de la mejor ventaja comparativa.

La obsesión política del régimen choca con las necesidades económicas del país y prefieren ignorar el drástico cambio en la arena internacional antes de apartarse de la ruta autoritaria. La preocupación primordial debiera ser que el país fuera menos dependiente y vulnerable.

 En materia energética planteando inversiones para explotar nuestro gas natural; en alimentación dejando atrás el prejuicio de los transgénicos; y en seguridad depurando el Estado de la penetración del narco y destituyendo para ser juzgados a los políticos coludidos del partido oficial.

Carney no se quedó en palabras y viajó a China para ver opciones comerciales; Sheinbaum accedió a imponer aranceles a las importaciones chinas. Uno se acercó a la Unión Europea; la otra se truena los dedos mientras manda petróleo a Cuba; el canadiense ha decidido estar en la mesa; preocupa que la otra ya se haya resignado a ser el menú.

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