Menos politica y más imposición

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No hace mucho, presumíamos de nuestros avances democráticos, en un país donde Vargas Llosa había calificado como la dictadura perfecta, no obstante, a base de picar piedra se fue avanzando hasta construir un diseño donde podían competir las diversas fuerzas políticas a través de los partidos en igualdad de condiciones.

Esa realidad se fue edificando mediante un proceso de concientización ciudadana que, bajo la participación electoral en las respectivas jornadas y la defensa del sufragio, se produjo una transformación abriendo las puertas hacia la pluralidad.

Un esquema en vías de consolidación desde la llegada de Vicente Fox a la presidencia de la República, con una serie de movimientos y reformas que fueron identificados en un contexto denominado la transición politica mexicana, dando pauta a toda una evolución a partir de un régimen cerrado a la apertura con reglas de competencia electoral.

Por supuesto, el arribar a esas condiciones no fue un producto de la casualidad como tampoco una graciosa concesión, sino un arduo camino que duró décadas hasta conseguir la flexibilidad superando las resistencias internas de un régimen de moldes prácticamente inamovibles con tradiciones sumamente arraigadas.

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Pues ese modelo se hizo a través de la acción política, tomando en cuenta a los partidos Políticos, a las organizaciones no gubernamentales, a la sociedad en su conjunto, los lideres de opinión y, en fin, un sinnúmero de personas con peso dentro de la comunidad que expresaban sus opiniones y puntos de vista desde la perspectiva de mejorar el sistema político mexicano y, en paralelo, la calidad de vida de sus habitantes, el debate social y el dialogo político dieron frutos.

Ahora, la narrativa oficial pretende hacernos creer que esos métodos subsisten y se encuentran garantizados, al igual que los procesos electorales para elegir gobernantes y decidir el rumbo de la nación, cuando todos nos damos cuenta de que al gobierno esas prácticas les son sumamente molestas y procuran a toda costa suprimirlas, no existe dialogo ni debate.

Tenemos un Estado de Derecho sumamente lastimado, las reformas para elegir Ministros, Magistrados y Jueces del bienestar no han dado los resultados prometidos, la transformación judicial, es simplemente una falacia más.

Hablaron de procesos electorales más equitativos, transparentes y con árbitros imparciales. En la práctica se observa la participación de la delincuencia organizada colaborando a favor de los candidatos oficiales;  una autoridad opaca y condescendiente con el oficialismo y; para acabarla de amolar, se ha descubierto el uso irregular de recursos públicos por quien fuera la Presidente del INE, que seguramente no operaba en solitario, lo que hiere profundamente a todos los mexicanos y, a las instituciones que tanto esfuerzo costo formar.

Es una vergüenza tener políticos acusados de colaborar con los cárteles criminales, personas señaladas de cometer todo tipo de ilícitos y mantenerlos protegidos como gente privilegiada por encima de la Ley.

La política tiene como base una visión del bien común, lo que desde luego no existe en México, solo se utiliza el poder en beneficio del grupo morenista y para perseguir opositores, ni guardan formas o apariencias, solo imponen.

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