martes, mayo 12, 2026
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Mega vacaciones y desatinos morenistas

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¡Órale, qué relajo armaron con las vacaciones escolares! Mario Delgado, el secretario de Educación, salió con la brillante idea de que los chamacos salgan el 5 de junio y regresen hasta finales de agosto. Casi tres meses de “descanso”, por el calor y el Mundial de fútbol 2026. Según él, las escuelas no son guarderías y no tienen que ajustarse a los horarios de las empresas. Hasta ahí medio le entiendo, carnal, pero luego llegó el diputado morenista Iván Peña Vidal, de Tabasco, a rematar la faena con una perla antológica: “A final de cuentas, los alumnos que ya aprendieron, ya aprendieron”.

¡Híjole, qué joya! Así como quien dice “ya chole con la educación, vámonos a ver el fut”. El señor diputado defendió el recorte del ciclo escolar como si los niños fueran esponjas que absorben todo en los primeros meses y luego ya nomás se inflan. ¿Y los que van atrasados? ¿Y los que necesitan reforzar? Pues ni modo, que se chinguen, ¿no?

La presidenta Sheinbaum anda en modo control de daños. Defiende a su secretario, dice que no fue ocurrencia de Mario sino una propuesta de los estados, que ya hay reunión para revisar y que al final no van a ser tres meses completos de vacaciones. Quiere mantener las seis semanas tradicionales. O sea, la jefa tratando de apagar el incendio que prendieron sus muchachos con gasolina.

El desmadre es mayúsculo. Padres de familia encabronados porque sus hijos van a perder clases importantes, maestros divididos y la oposición frotándose las manos. Mientras tanto, el discurso oficial oscila entre “es por el calor”, “es por el Mundial” y “las escuelas no son guarderías”. Todo muy bonito, pero al final los más afectados son los niños, sobre todo los de familias que no pueden pagar extraescolares ni campamentos caros.

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Este nuevo desatino muestra las contradicciones del momento: predican educación de calidad y luego salen con que “los que ya aprendieron, ya aprendieron”. Suena más a pretexto para echarse la fiesta mundialista que a una política educativa seria. Sheinbaum hace bien en frenar el desbarrancadero, pero el reguero ya está hecho y la imagen queda: otra vez improvisación y ocurrencias disfrazadas de propuestas.

Al rato nos salen con que la tarea es opcional y que reprobar es violencia. Mientras, los chamacos siguen en el limbo. ¡Qué país, señores!

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