Más Rey que Jefe

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El Presidente no sabe administrar su tiempo. Por ende, tampoco su energía y sus capacidades. Esto es obvio. Su función de representación lo acapara, y ello le roba a su función de ejecución. En planear y pensar gasta casi cero. Está como preso de un gobierno con una agenda inercial enfocado a actos pomposos.

Ustedes podrán rebatirme. Empleó tiempo en echar a andar las reformas estructurales. ¿Y de qué ha servido? El panorama ha cambiado por completo. El petróleo vale más guardado que extraído. La red de telecomunicaciones oficial va a paso tortuga. ¿Quién va a encabezar la reestructuración del Gobierno mismo que la situación demanda? Él anda en otra cosa.

La situación de devaluación y apuros económicos requieren que el Presidente haga a un lado las funciones que en Inglaterra le tocan desempeñar a la Reina. Enrique Peña Nieto es el titular del Ejecutivo Federal, pero en nuestra República también es el Jefe de Estado y tiene la representación oficial del mismo. Esta función es la que está muy sobregirada. Mucho boato como rey, poca eficacia como primer ministro.

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¿Acaso el Presidente tiene que hacer viajes constantes para “vender inversiones en México”? Yo creo que enderezar el aparato de administración de justicia haría mucho más por las inversiones que visitar todos los países del planeta en el sexenio. Yo creo que eliminar la corrupción sería mucho mejor propaganda que  difundir en persona las oportunidades de inversión.

Ahora que estrene nuevo avión con todos los lujos, esto pinta para aumentar el rol como Jefe de Estado, la representación, y disminuir el de Jefe de Gobierno, la planeación y ejecución. Será más fácil que, como dice el dicho, vea caballo ensillado y se le ofrezca viaje. ¿Qué visita de Estado inventarán en Los Pinos para estrenar y presumir el nuevo Boeing súper equipado?

Estoy de acuerdo que desde el nuevo avión podrá recibir informes y mandar órdenes, pues goza de adelantos tecnológicos sorprendentes. El problema es el contenido de los mensajes de ida y vuelta. ¿En verdad tiene que ir a hablar personalmente en persona con los jeques árabes? ¿En verdad tiene que estar presente en Davos cada año?

Se ve como preso de un equipo de colaboradores que le dan cuerda para que salga y los dejen hacer a su antojo. Lo traen en tareas triviales. Los viajes generan una falsa confianza, torpedeada por el desplome de la moneda mexicana.
El Presidente es un vocero de su gobierno, no el director del mismo. Un equipo escribe y él se limita a leer. No hay una idea que emane de su intelecto. Todo es show, todo es orquestado, todo es cumplir con una agenda. De paso se logra que no piense, no analice, no planee. Así crecen los problemas.

Bajo este gobierno, como en el de Rodrigo Medina en Nuevo León, se le apuesta a la exposición en los medios; se gasta mucho en Televisión. En Televisa, previsiblemente, después de los 10 minutos de anuncios, entra el “bloque” de noticias que sin duda es pagado por el gobierno y que no hace más que hablar de las giras y discursos del Presidente. Tu mexicano, eres su chamba. No hay detección de errores, no afloran nunca.

Este aparato de propaganda tiene décadas de estar acomodando el atril desde el cual el Presidente en turno cada noche le habla a la nación acompañado por docenas y hasta cientos de invitados. Cada mensaje difundido busca aumentar la legitimidad de quien ni se puede reelegir, ni puede ser despedido. 

Son mensajes muy caros, pero se trata de lucir “presidencial” en todo momento, aunque el País esté cayendo a un pozo con cocodrilos esperando. No falta nada para estar multiplicando y dividiendo por 20 y ver al Presidente viajar tan lejos; como que nomás no me checa, y se baja el cero y no contiene.


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