Más impuestos, más deuda, más corrupción

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La fórmula priísta que llevó al país a las crisis recurrentes de nuestra economía, está de nuevo en marcha: más impuestos a los mismos, endeudamientos por encima de nuestra capacidad de pago, gasto irresponsable, amplios rubros de opacidad tanto en ingresos como en el ejercicio del presupuesto y, de nuevo, galopante la corrupción en el gobierno federal. La licitación del tren México-Querétaro que este lunes se adjudicará a la Constructora Teya en asociación con una empresa china, único consorcio postor que quedó tras que declinaron de manera conjunta 16 empresas participantes – en el último día del concurso -, es sólo una de las muestras de que el llamado plan de infraestructura sexenal, será convertido en el plan de negocios de los empresarios que patrocinaron la campaña de Enrique Peña Nieto, sus constructores también en el Gobierno del Estado, como parte del grupo empresarial Higa.

Los que ofrecieron en el 2012 déficit cero, crecimiento económico, generación de más empleos y aumentar la recaudación, tienen tal fracaso en todos sus objetivos que de seguir por este camino en materia económica y fiscal se corre el riesgo de una nueva crisis económica. Está demostrado que la reforma fiscal, lejos de incentivar la inversión, la desincentiva, lejos de estimular la formalidad, actúa como un mecanismo de evasión y de ocultamiento de las ventas reales, o en el peor de los casos, en el cierre de negocios. Porque la reforma fiscal no consiguió aumentar la recaudación desapareciendo el régimen de pequeños contribuyentes ni acotando el régimen de consolidación fiscal de los grandes empresarios, menos homologando el IVA en la frontera, cuyos efectos recesivos están a la vista en Ciudad Juárez y en Tijuana.

De ahí que el gobierno de Enrique Peña Nieto proponga de nuevo un déficit público de 1% del PIB equivalente a 183 mil 100 millones de pesos. Lo cual sumará en tres años de gobierno con el 0.3% del primer año y el 1.5 del actual, 2.8 % acumulado. Ello ha generado que el gobierno recurra de nueva cuenta a la ruta del endeudamiento por encima del crecimiento económico. Se propone aumentar la deuda un 3% mayor al de este año, 89% superior al de 2013. El crecimiento económico en 2013 fue de apenas 1.1% contra un estimado de 3.5% y en 2014 se espera un crecimiento del PIB de 2.7% cuando el pronóstico era de 3.9 por ciento.

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La deuda de hoy serán los impuestos de mañana, ha dicho bien el senador Ernesto Cordero.

Endeudar al país por encima de su crecimiento, es una irresponsabilidad. De ahí que fuera tan discutido el precio por barril de petróleo que se proponía en el proyecto original de ley de ingresos 2015. Calcular ingresos basados en estimaciones irreales de las variables macroeconómicas, como el crecimiento del PIB en 3.7% anual, el precio del petróleo en 82 dólares y la plataforma de producción que presenta una tendencia a la baja, es jugar con la economía de los mexicanos, porque los ingresos no obtenidos se traducirán necesariamente en deuda para enfrentar el gasto aprobado.

El endeudamiento adicional que autorizaron las cámaras del Congreso para el año que entra es de 672 mil 595 millones de pesos: 595 mil millones de pesos de deuda interna, y de endeudamiento externo neto del sector público hasta 6 mil millones de dólares. Ni siquiera en los tiempos de Luis Echeverría y José Lopez Portillo soñaron con endeudar en un sólo año al país con 50 mil millones de dólares. Considerando el nivel del déficit y la evolución esperada del tipo de cambio, se prevé que el saldo histórico de la deuda se ubique en 42.2 %del PIB este año 2014 y se estima que cerrará para el 2015 con 43.3% del PIB. En sólo 3 años de gobierno habrán incrementado la deuda pública en 10 puntos porcentuales del PIB.

A la irresponsabilidad, el cinismo. Los que medraron electoralmente con el deslizamiento mensual del subsidio al precio de las gasolinas, condenando indignados "los gasolinazos de Calderón" – que en realidad venían desde Salinas -, no sólo los han continuado estos dos años en el gobierno federal, sino que ahora nos van a recetar en enero próximo de un sólo golpe un aumento a los combustibles del 3%, conforme a la inflación. El deslizamiento mensual en este año de 9 y 11 centavos a la gasolina Magna y Premium, nos llevarán al 31 de diciembre a que cierren en 13.31 y 14.11 pesos respectivamente. Pero a partir del 1 de enero del próximo año, la Magna costará 13.70 y la Premium 14.53 pesos. Muy por encima de los precios en la costa oeste de los Estados Unidos.

Todo lo anterior fue razón suficiente para asentar mi voto en contra de la Ley de Ingresos aprobada en primera instancia por la Cámara de Diputadas, y el miércoles pasado, en el Senado de la República. Continuidad de la fallida Reforma Fiscal aprobada por el PRI y el PRD el año pasado, y con una mayor dosis de endeudamiento, no había ninguna razón para modificar mi postura anterior, sino ser consistente en rechazar una política fiscal que ha provocando que las familias inviertan menos en sus hijos y ahorren menos; que las empresas inviertan menos y generen menos empleos; que se pierda competitividad y que se frene el crecimiento económico e impida una mayor generación de empleos. Una política de ingresos para engordar un gasto social claramente asistencialista, enfocado a las elecciones y no sustentado en necesidades de desarrollo, de mercado, de sustentabilidad.

Lo grotesco de esta aprobación es que ha contado con el apoyo de la bancada panista en la Cámara de Diputados, salvo honrosas excepciones, entre ellas mi paisano Carlos Angulo Parra. En una decisión que tiene mucho más que ver con la repartidera de recursos per cápita a los diputados, los famosos moches, los diputados le han dado con su voto un aval al desempeño de Peña Nieto en el manejo de las finanzas públicas, pésimo. En el Senado, aunque fuimos más los legisladores panistas que votamos en contra de esta locura, también hubo senadores que dieron su voto al gobierno.

Los senadores del PAN que votamos en contra, no entramos en la dinámica de andar pidiendo recursos para los gobernadores panistas o para gestionarlos directamente en nuestras entidades, como ahora se estila a cambio del voto. Hicimos propuestas sí de negociación, pero de temas que debían ser corregidos del adefesio fiscal que se aprobó el año pasado: propusimos estímulos fiscales para neutralizar los efectos más dañinos del paquete fiscal tales como: regresar el IVA en la frontera a 11%, la exención del IVA al trasporte foráneo de pasajeros, permitir la deducción inmediata de inversiones, reducir el ISR de 30 a 28% para personas morales, restituir el Régimen de Pequeños Contribuyentes, evitar el crecimiento de los precios de las gasolinas en 2015 y la posibilidad de ajustarlo conforme a la tendencia a la baja de los precios internacionales de los combustibles. Se propusieron facilidades administrativas para permitir comprobantes simplificados a los contribuyentes del Régimen de Incorporación Fiscal, diferir la obligatoriedad de la contabilidad electrónica hasta 2015 y hasta 2016 para personas morales con fines no lucrativos, exención de obligaciones a zonas rurales y sector primario. En materia de transparencia se propuso la obligación de la Secretaría de Hacienda de reportar el origen y destino de los ingresos excedentes, así como establecer medidas de apremio para que los estados transfieran los recursos federales a los municipios.

Los senadores del PAN nos manifestamos por un manejo responsable de las finanzas públicas, porque un manejo prudente en los niveles de endeudamiento genera certeza y porvenir para el país. Hemos rechazado el chantaje y la perversión que significa sacrificar nuestras posiciones históricas en materia económica, por el mercadeo insultante de la "comanda azul".

La Ley de Ingresos para 2015 sigue siendo omisa en temas esenciales de transparencia y control presupuestal. Amplias zonas de opacidad, pues en todos los rubros existe el concepto de "otros", que en casos de ingresos como los aprovechamientos, no existe la posibilidad de ver en dónde está el dinero. Persiste la falta de claridad e información sobre el origen de ciertos rubros que componen los ingresos, el proceso de determinación de las variables que forman parte del escenario macroeconómico en el que se basan la estimación de los ingresos y el presupuesto, siguen siendo temas cerrados.


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