Mando Único, reforma policial y subsidiariedad

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Primero, hay que tener claro que los ciudadanos queremos seguridad y Estado de derecho

El cobarde asesinato de Gisela Mota, alcaldesa de Temixco, reabrió la discusión sobre el Mando Único Policial en los estados. Este no es un debate nuevo. Llevamos más de 5 años hablando del tema.

Primero, hay que tener claro que los ciudadanos queremos seguridad y Estado de derecho. La lógica indicaría que la policía más cercana al ciudadano sería la más eficaz para cuidarlo, pero en muchos lugares no es así. Con la dinámica que ha seguido el crimen organizado, control territorial y captura de instituciones, la Policía Municipal resulta la más vulnerable: mal armada, peor pagada, generalmente carece de capacitación adecuada y de auténtico espíritu de cuerpo; siendo pequeñas, sus integrantes carecen de movilidad y desarrollo. Aun los policías mejor intencionados están vulnerables: con una capacidad de fuego y recursos muy inferiores a los de criminales, son ubicables en la comunidad, lo cual los expone a represalias y venganzas. Además, si los jefes están coludidos con los criminales poco pueden hacer.

Segundo, los resultados del Mando Único dependen del compromiso de las autoridades locales con la reforma policial y la seguridad. En Aguascalientes, Baja California o Nuevo León se ha logrado bajar la situación de violencia, tienen a las policías mejor pagadas y con un fuerte control de confianza. En otros estados, por el contrario, el Mando Único sólo exacerba el poder de los criminales en la medida en que están coludidos con las autoridades. En casos como Tamaulipas o Veracruz, someter a las policías municipales a Mandos Únicos corruptos sólo agrava el problema para los ciudadanos.

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Tercero, más importante que el mando sea único, es que sea confiable. ¿Qué tan confiable es la policía? Aunque no hay modelos perfectos, la aplicación de procesos de control de confianza ha demostrado su eficacia cuando se aplica correctamente, no sólo en algunas policías en México, sino en el mundo.

Cuarto, el Mando Único no es solución en cualquier circunstancia. Debe aplicarse el principio de subsidiariedad: que no haga el ente mayor lo que deba hacer el ente menor, a menos que el ente menor no quiera o no pueda hacerlo. Si el municipio quiere y puede sostener una policía profesional, equipada y eficaz, que lo haga. Si no hay esa capacidad o esa voluntad, entonces el Estado o la Federación deben intervenir, entre otras formas, a través del Mando Único.

Quinto, hay que definir con claridad qué se entiende por Mando Único. ¿Implica policía única? ¿Y de qué sirve el título si a la hora de la verdad todo depende de la buena voluntad de gobernadores y alcaldes con agendas políticas propias que “deberán coordinarse” para proteger a la sociedad? Así, lo que hay no es una policía única, sino policías dispersas y desorganizadas, que se coordinan y obedecen cuando quieren.

Finalmente, el Estado no puede seguir tomando a la ligera la protección de alcaldes. Más de 40 han sido ejecutados en los últimos años. Recuerdo al alcalde de Tanhuato, quien después de sufrir un atentado tuvo custodia federal. Con el cambio de gobierno se le quitó la protección, a pesar de sus súplicas. Lo mataron. Recuerdo la muerte de Edelmiro Cavazos, a manos de su policía. Y qué decir de la trágica pérdida de Ricardo Guzmán, en La Piedad. Los alcaldes verdaderamente comprometidos con la seguridad son los que enfrentan riesgos más grandes, por eso deben ser protegidos.

En suma, para lograr la seguridad es importante contar con policías fuertes, con capacidad de desarrollo de sus integrantes y bien coordinadas, para eso puede servir el Mando Único. Pero más importante es que la policía sea confiable y eficaz, y eso depende de la honestidad y el compromiso del gobernante, y de la aplicación de controles de confianza. Sólo así tendremos policías que cuiden a los ciudadanos y no a los delincuentes.


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