La CNTE se ha vuelto un monstruo incontrolable, incluso para los que la criaron en Morena. Y ahora, con el Mundial 2026 a la vuelta de la esquina, el gobierno de Sheinbaum está viendo cómo su aliado de antaño les cobra la factura con intereses.
Dicen que quien siembra vientos, recoge tempestades. Pues aquí la tormenta es de maestros encabronados acampados en el Zócalo, bloqueando calles y amenazando con arruinar la fiesta del futbol. La presidenta ha salido a decir que no caerá en provocaciones, que hay grupitos que quieren la foto de la represión para manchar la imagen del país ante el mundo. Y tiene razón en una cosa: no van a reprimir. Pero también es cierto que no han sabido cómo bajarle la temperatura al asunto.
Los de la CNTE piden aumento salarial del 100%, derogar la ley del ISSSTE y más plazas. El gobierno ofrece un 9% y diálogo eterno, pero los maestros dicen “ni madres”. Resultado: paro nacional, plantones y amenazas de marchas rumbo al Estadio Ciudad de México justo antes del partido inaugural. Todo sea por joderle la inauguración al Mundial.
Es irónico ver a Morena, que tanto presumió su alianza con la Coordinadora, ahora rogando que se calmen. Creyeron que controlando las plazas y regresando poder a los líderes sindicales todo estaría bajo control. Pues no, compadre. El monstruo creció, se volvió exigente y ahora muerde la mano que antes le daba de comer.
Sheinbaum insiste en que no hay recursos para todo lo que piden y que privilegiarán el diálogo. Mientras tanto, la prensa internacional ya voltea a ver el desmadre y los aficionados se preguntan si van a poder disfrutar el futbol sin toparse con bloqueos y pancartas.
Al final, esto huele a que la 4T está cosechando lo que sembró. Y el pueblo, como siempre, el que paga los platos rotos: clases suspendidas, tráfico infernal y un Mundial que podría nacer con mal sabor de boca.



























