Los jóvenes dirán si “redentores” o instituciones

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Por: Diego Fernández de Cevallos

De manera especial está en la naturaleza juvenil la rebeldía ante las injusticias. Pero la Historia enseña —también a los jóvenes— que los cambios y alternancias en los poderes públicos no son, necesariamente, garantía de buenos gobiernos. Se puede pasar de lo malo a lo peor, de lo corregible a lo fatal.

Es frecuente que los sátrapas den sus primeros pasos por la vía legal y democrática. Saben que la ruta armada es incierta y peligrosa. Por eso se presentan como demócratas, ocultan los resentimientos, odios e ineptitudes que los carcomen, aceptan las reglas y autoridades establecidas, se deslindan del pasado que los benefició y prometen a la población un paraíso inmediato. Ya entronizados, pisotean la ley y destruyen las instituciones. Ese es el catecismo de tales sinvergüenzas.

A partir de ahí: su capricho es la ley, son dueños de la verdad y la justicia, condenan y absuelven con imperio; sus aliados son ilusos, pordioseros engañados o sanguijuelas.

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En México, su Alteza Pequeñísima no inventó un método para mantener su poder y destruir al país, sólo se sujeta al libreto que ha servido a muchos criminales para expoliar por largo tiempo a “sus” pueblos.

Por ejemplo: ¿qué busca Tartufo con la Revocación de Mandato?

  1. Golpear arteramente al INE,
  2. regodearse en su narcisismo, y
  3. seguir distrayendo a la población para no responder por las crecientes catástrofes en salud, economía, seguridad, Estado de derecho y los demás padecimientos del país.

Este tipo de canallas comienzan negando la realidad y terminan, en su fuga, creyéndose sus “otros datos”, que no son más que las monumentales mentiras con las que ocultan su ineptitud y crueldad, jugando con la idiotez de sus seguidores y el temor de los cobardes.

Frente a más de 100 mil asesinados, docenas de miles de desaparecidos, infinidad de mujeres ultrajadas y ejecutadas, 500 mil muertos por falta de medicinas, y más millones en pobreza extrema, el redentor tiene “otros datos”, escupe idioteces, injuria a los infieles, hace chunga sosa y dice que “vamos requetebién”.

Después de negar recursos al INE y pedirle que viole la Ley instalando menos casillas de las debidas, llega al extremo de decir que “en todo caso, la consulta la haga el pueblo”. Y si el pueblo es el que se consulte a sí mismo en 2022, nada impedirá que se vuelva a consultar en 2024 para ver si se va o se queda Tartufo. ¿Y las sumisas corcholatas? ¡A pitar en la loma, porque “el pueblo pone y el pueblo quita”! Más cavernario, imposible.

Pero, principalmente los jóvenes pueden rescatar el futuro de México. Su honor, valor, inteligencia, capacidad y vocación de servicio estarán a prueba en la creación de instituciones fuertes que se controlen entre sí. Apostar a “redentores” —de cualquier signo— resulta claudicación suicida, está demostrado.


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