Lecciones de 2014

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Un aumento brusco y desmedido de impuestos frena el crecimiento, genera desempleo, ahuyenta la inversión y deteriora el salario.

Termina uno de los años más difíciles de México en los últimos tiempos, un año que pasó rápidamente de la esperanza a la desilusión; de la expectativa de crecimiento a una realidad de estancamiento; del discurso triunfalista del gobierno a la decepción por el halo de corrupción que lo rodea. La podredumbre se evidenció en Ayotzinapa, pero continúa brotando en tragedias institucionales como la exoneración de Raúl Salinas de Gortari.

Sin embargo, no podemos quedarnos  así. México y nuestros hijos merecen mucho más que esta dolorosa realidad. Alcides de Gasperi, político italiano, afirmaba con verdad: “El mal no es la última palabra en la historia”.

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El fin de año siempre es una buena oportunidad para pensar en el futuro a partir de las lecciones que hemos tenido. En mi opinión, 2014 nos ha dejado diez aprendizajes:

1. El gobierno no puede resolver solo los diversos desafíos que enfrenta el país. Necesita de la sociedad civil, de los empresarios, de las familias y de cada uno de los mexicanos. Por ello, la principal tarea de la clase política debe ser zanjar la gran distancia que separa al mundo político de las necesidades y preocupaciones concretas de las personas.  El arte de la política no es controlar o manipular ciudadanos, sino abrirles espacios institucionales para el diálogo y la participación.

2. En materia de inseguridad, ha quedado claro que el problema no se resuelve con un simple “cambio de narrativa” o simplemente dejando de hablar del problema. El desafío hay que enfrentarlo con inteligencia y decisión, con estrategia de largo plazo y sin tregua alguna para los delincuentes.

3. En el terreno económico, se ratificó lo que desde el PAN dijimos: un aumento brusco y desmedido de impuestos frena el crecimiento, genera desempleo, ahuyenta la inversión y deteriora el salario y la calidad de vida de los trabajadores. La mejor política social es la creación de empleo, no su destrucción; los empresarios no son los enemigos, deben ser los aliados.

4. El combate a la corrupción es una tarea que el Estado debe llevar a cabo de forma permanente si quiere evitar ser devorado por sus propios vicios. El camino del desarrollo se hace sostenible sólo con un sistema anticorrupción articulado que prevenga, persiga y sancione los comportamientos ilícitos de cualquier funcionario, sin importar su nivel o cargo.

5. La participación ciudadana es el camino de la renovación democrática. Las estructuras políticas corruptas y disfuncionales sólo podrán ser transformadas bajo el empeño cívico que no retrocede ni se desanima.

6. Las redes sociales representan una oportunidad de libertad frente a los intentos de autoritarismo y censura. Pero la fuerza de las redes radicará en el poder de proyectar su crítica en propuestas concretas de cambio y en una vertebración social eficiente.

7. La transparencia y la rendición de cuentas deben transformarse en una cultura para superar los escenarios de opacidad e impunidad donde el Estado de derecho se encuentra sometido por la corrupción y el crimen. El éxito y la viabilidad de las políticas públicas dependen de la transparencia y la rendición de cuentas. Aquí está una ruta en la que no se puede retroceder y sólo queda avanzar con decisión.

8. La opción por el cambio vía las instituciones es el único camino viable para el progreso. El discurso del odio y la confrontación sólo generan más injusticia y pobreza. La protesta social no debe confundirse con la anarquía social. Un acto vandálico nunca será un acto cívico que merezca llamarse “libertad de expresión”.

9. El diálogo y la capacidad de acuerdo no deben tener caducidad. Un gobierno que cree que su deber de negociar y reformar se agota en 20 meses es un gobierno que no entiende el fondo y la razón de ser de la política. La acción política sólo es viable ampliando permanentemente los espacios de encuentro y solución.

10. La ética y la coherencia son fundamentales para el ejercicio del liderazgo en el siglo XXI. Cuando se actúa con cinismo, bajo la impunidad y el conflicto de interés se pierde no sólo la legitimidad sino también la capacidad de gobernar.

Aprendamos de los errores, para ver el futuro con renovada esperanza. Muchas gracias a todos los que este año han leído esta columna que regresa el próximo 11 de enero. Feliz Navidad y a todos un mejor 2015.


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