Las hambrientas bocas de Olmeca

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En el municipio tabasqueño de Paraíso, el gobierno federal y PEMEX encontraron la forma de echar a perder la naturaleza y la ecología de un bello lugar. Ya desde 2011 se consideraba inviable la ampliación de ese puerto en una manifestación de impacto ambiental. Como si el poema ‘Suave Patria’ de Ramón López Velarde no lo advirtiera desde principios del siglo XX: “El Niño Dios te escrituró un establo, y los veneros de petróleo el diablo”, decidieron desarrollar la industria petrolera en terrenos poco aptos para ello, y desmontaron 230 hectáreas de manglar, selva y cultivos. Aprovechando la cercanía del puerto de Dos Bocas y junto a sus terminales de usos múltiples se decidió establecer la séptima refinería del país, la más grande, más costosa y la menos útil cuando la tendencia mundial es reducir el uso de derivados del petróleo.

Si bien bautizada como Refinería Olmeca, no puede dejar de lado todos los errores de origen: pésima localización, problemas de logística y falta de criterios técnicos en una construcción especializada. Cuando se decidió la localización prevaleció el interés localista del inquilino de Palacio que se impuso sobre criterios técnicos. No importó que el terreno sea fácilmente inundable y que en todo el proyecto no se contempla cómo se distribuirían los productos terminados. Dado que le falta conexión ferroviaria, la de carretera es muy limitada y por mar tiene pocos destinos; sólo queda enviarlos por ductos, cuya construcción no se ha iniciado, y ni siquiera se ha presupuestado… y está sujeta a ser víctima del huachicol.

El problema del abastecimiento de crudo es serio, y es en todo el país, porque la extracción de crudo ya no es la que fue, ni tiene la calidad que antes tuvo. Si la refinería llegara a abrir y producir combustibles, la exportación de crudo disminuiría pues se agotaría localmente. No se ha visto un estudio serio sobre las finanzas en referencia a lo ahorrado en compra de gasolinas y la falta de ingreso por exportación de crudo. Posiblemente tengan la peregrina idea de que sólo habrá ahorro en la importación de gasolinas sin tomar en cuenta en el menor ingreso por exportación de crudo.

Supuestamente los requerimientos técnicos para la construcción de la refinería dicen se siguen estrictamente, pero no se sabrán qué tan bien hasta que ésta entre en funcionamiento. Dado el poco afecto del actual régimen por la calidad y la eficiencia es de dudarse del resultado, pero démosle el beneficio de la duda hasta que comience a producir.

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Cuando en febrero de 2019 se decidió llevar a cabo la construcción de la refinería diversos analistas le daban hasta el 98% de probabilidades de fracasar. La posterior inundación de la obra con la siguiente temporada de lluvias y la crecida de los ríos pareció darles la razón, sin embargo se continuó con la construcción hasta hoy. Lo que sí es que la estimación inicial de 9 mil millones de dólares se quedó muy corta porque a la fecha, mucho antes de estar terminada, ya lleva gastados 5 mil millones adicionales.

Queda por analizar si con la entrada de la anunciada mayor refinería del país se cubrirán las necesidades actuales del mercado doméstico. Suponiendo que fuera el caso, ¿que va a pasar cuando en lo sucesivo los vehículos eléctricos sustituyan a los de combustión interna como se pronostica? Todo el sacrificio fiscal de reducir gastos en Educación, Salud y Seguridad para cumplir un capricho habrá sido en vano para construir un elefante blanco, eso sí, de dos bocas.


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