La zona gris…

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Entre lo que se dice y lo que se hace, como dice la canción, “hay una distancia inmensa”. Los políticos suelen prometer el oro y el moro para acceder al cargo y llegados ahí, si te vi ni me acuerdo. Pero esto hoy día, siendo tan deleznable, ya no es lo peor. Lo que está sucediendo en el estado de Guerrero ha ido sacando algo más cruento y peligroso. Estamos ante uno de los fenómenos más escalofriantes de nuestra realidad doméstica.

Los expertos en Criminología explican con claridad meridiana la forma en que el crimen organizado se transforma en mafia. Monta estructuras empresariales para ocultar sus actividades, aprovechando la corrupción y/o la permisividad de las instituciones de gobierno, con las que se alía. Este “ayuntamiento” deja a salvo todas las acciones de las que se vale para amedrentar a la comunidad, como la coacción, la extorsión, el soborno, el chantaje, etc. Y su “acto cumbre” va más allá de influir en las decisiones de los que gobiernan, corona cuando se convierte en gobierno, porque ya son gobierno, usted lo sabe.

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La mafia y las redes del crimen organizado jamás prosperarían si no existiera su convivencia con el gobierno. La corrupción política es su aliada. Iguala es triste ejemplo de este maridaje. Hay un alcalde prófugo – el rico del pueblo – , que se convirtió en primera autoridad política porque hubo un partido que le dio su aval –  aunque hoy se lancen sapos y culebras y nieguen los ínclitos dirigentes “el padrinazgo” – con una esposa vinculada con la mafia lugareña, también en fuga – aunque la desconozcan sus propios parientes – que ganó una elección, porque la mayoría de los electores así lo decidió y/o lo permitió.

La democracia entendida como estado social de derecho y las formas de corrupción de cualquier orden, SON INCOMPATIBLES. De tal suerte, que donde hay corrupción, no puede haber democracia. En los gobiernos democráticos no hay ausencia de valores ideológicos, éticos y morales, es su vacío lo que provoca que los ciudadanos no tengan referencias válidas dentro del sistema, y entonces ni confían, ni creen en él y LO RECHAZAN, pero no saben cómo deshacerse del mismo, y entonces se enraíza y se vuelve más difícil combatirlo.

Las actividades ilegales desde el punto de vista normativo, o bien, legales pero inmorales y no éticas desde el punto de vista social, se desarrollan de dos maneras: la primera estriba en apropiarse de bienes, empresas o instituciones que provean fondos para financiar actividades políticas, a través de grupos de presión fuera o dentro de los propios aparatos de los partidos políticos y la segunda es lo que se conoce como “crimen organizado”, cuya finalidad es la utilización de organizaciones delictivas que funcionan a partir de una decisión consciente y deliberada, y desarrollada en forma sistemática y organizada. Crecen y se fortalecen con mayor facilidad en aquellos lugares en los que la pobreza y la marginación no han sido superadas, ahí el clientismo, el padrinazgo, el populismo, son instrumentos “inmejorables” para operar. La falta de valores democráticos permite el desarrollo de este tipo de organización corporativista. La cooptación, la obediencia ciega, el servilismo, sustituyen la solidaridad social, la tolerancia, la justicia y obviamente la resolución de problemas democráticamente.

Los partidos y grupos políticos de clara tendencia antidemocrática tienen mucho en común con las organizaciones delictivas, tan es así que se utilizan mutuamente y hasta se asocian. Compartiendo en ocasiones las mismas redes de lavado y legalización del dinero, los mismos asesores legales y financieros y, en muchos casos, los mismos aparatos logísticos de la clandestinidad marginal. Y entonces se generan espacios en los que ya no se diferencia entre actos de gobierno y delincuencia, es una especie de zona fronteriza entre los valores democráticos y el mundo antidemocrático, entre lo ético y lo inmoral. Los estudiosos del tema le llaman “zona gris”. Guerrero es una de esas zonas, pero no es la única, mire usted a su derredor. La mancha se esparce de manera vertiginosa, y si no reacciona el aparato del estado EN SU CONJUNTO, presionado por una ciudadanía que es la dueña de México – no al

revés- , nomás imagine a qué estamos condenando a los niños y a los jóvenes de nuestro país, y a todos lo que aún no han llegado, nomás calibre la magnitud de la hecatombe de la que seremos cómplices.  

Esther Quintana SalinasImagine a quÉ estamos condenando a los niños y a los jóvenes de nuestro país, y a todos lo que aún no han llegado, calibre la magnitud de la hecatombe de la que seremos cómplices


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