La región más contaminada

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Nuestros ambientalistas siguen buscando, desesperadamente, la respuesta mágica a la pregunta de esta primavera: qué o cómo se contamina la Ciudad de México. Todos andan en busca de una respuesta fácil que los acredite como el genio que dicen ser.

Es así que han sido formuladas las siguientes teorías para tratar de explicar este escenario contaminado. Reseñaremos brevemente las principales oficiales –y también las de la conspiración– y cómo han evolucionado en el tiempo

1. El 85% de la contaminación la producen los autos particulares. Esta es una afirmación que se repite alrededor del mundo una y otra vez sin descanso, pero cuya interpretación dependerá de la zona geográfica en donde se haga.
En la Ciudad de México se habla de ozono mientras que en España y Francia se hace con respecto a las partículas suspendidas PM10 y PM2.5. Visto de otra forma, de este lado del Atlántico los autos avientan ozono y del otro lado partículas suspendidas.

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2. En la ALCDMX se culpó a la industria del estado vecino. Misteriosamente este argumento dejó de tener validez o, al menos, se dejo de esgrimir por lo comprometedor que resulta si alguien revisa los datos duros de la Red de Meteorología y Radiación Solar (REDMET) de la Ciudad, la cual demuestra que esos días no fue exactamente como se afirmó.

3. Después de sendos fiascos ante la sociedad, las autoridades –a las que ya no les cree ni el bendito– se lanzan contra el transporte de carga, evidentemente dejando de lado al transporte público de pasajeros. ¿Qué pasó? Nada, la contaminación sigue haciendo de las suyas, al momento de escribir este artículo entramos en contingencia a pesar de que 1 millón de autos dejó de circular por el Hoy no circula general y, ya que el niño se ahogó, dejan de circular 2 millones de autos para solucionar lo que pasó el día anterior.

4. Las gasolinas chinas son las culpables. Los amantes de las conspiraciones de inmediato comenzaron a fraguar oscuras tramas en donde los malos, que son muy malos, organizaron un complot para comprar gasolinas muy baratas y de pésima calidad; usted se está imaginando correctamente el origen de esas gasolinas, los comploteros por alguna razón le ven más cara de productores chafas a los chinos que a los árabes o iraníes o los mexicanos. El caso es que los organismos responsables de la verificación de las gasolinas que se importan, manifestaron que ninguna gasolina se compra en China.

5. Las normas de verificación son laxas y fáciles de corromper. El secretario del ambiente federal, por instrucciones del Presidente, anunció que lo que estaba mal eran las Normas Oficiales (NOM) y que cortaría por lo sano y las endurecería para que no se vuelva a presentar otra contingencia. Así que más rápido que aprisa se pusieron a trabajar en las nuevas NOM, violentando lo que la Ley Federal de Normalización y Metrología establece para su emisión y publicación, se pasaron por el arco del triunfo la obligación de presentar el anteproyecto de la NOM, publicarlo en el Diario Oficial y someterlo a quienes estén interesados de emitir una opinión –autoridades, sociedad, civil, fabricantes, científicos, etc.–, así que violando la Ley el gobierno decide conculcar el derecho de la población en general y de quienes tengan el derecho y voluntad de expresar su opinión sobre el tema.

Lo cierto es que emitir una NOM sin cumplir en lo establecido en la Ley seguramente tendrá muchos problemas.

Pero resulta que sin un Proyecto de la nueva Norma Oficial que haya sido publicado en el Diario Oficial, y que sin conocer cuáles son los nuevos parámetros, límites y sistemas de medición ya se sabe que aparato se va a usar para medir ¿no le parece muy extraño? Ahora hay que sumar que estos aparatos no han sido validados en el CENAM y que además no existe una Norma Oficial que valide que dichos aparatos que se van a comprar para verificar los autos cumplen con las especificaciones de las nuevas NOM que aún no se publican y lo que es más alarmante: que sus resultados sean trazables a algún sistema de medición de referencia valido como lo establece la Ley Federal de Metrología y Normalización.

El caso es que alguien –el dueño de los aparatos o quizá el revendedor– está haciendo un buen negocio con las contingencias. Venta segura, sin licitación y sin respetar la normatividad ¿le recuerda los radares de Mancera? Ya lo verá usted, el principio es simple, no se puede verificar algo con algo que no ha sido verificado.

6. Que con la nueva norma dejaran de circular 1 millón 200 mil autos que no deberían circular, logro que se cae por si mismo ante la reciente experiencia que se ha vivido en la Ciudad de México, en dos oportunidades dejó de circular el 40% del parque vehicular privado, equivalente a 2 millones de autos, y la contaminación siguió en los mismos niveles.

7.  El diesel de PEMEX es muy contaminante, pues en efecto tiene hasta 500 partes por millón (ppm) de azufre mientras que la norma en todo el mundo dice debe tener cuando mucho 15 ppm. Esto desató un escandalito mediático en el cual se aseguro que el diesel de PEMEX no se vende en el centro del país (Valle de México y carreteras que se encuentran alrededor) ni en Guadalajara, Monterrey y Puebla.

Los encargados de energía afirmaron vehementemente que los importadores de ese combustible se deben de ajustar a que el mismo debe tener como máximo 15 ppm de azufre.

Suena bien, pero… ¿sabía usted que en Francia el gobierno está decidido a sacar los autos y camiones de motor diesel? Incluso dará jugosos subsidios a quien cambie su auto diesel por uno de gasolina.

El caso es que a pesar de cada sesuda declaración y de cada valiente acción «por más impopular que esta sea», la ciudad sigue enfrentando contingencias y cuasi contingencias ambientales.

¿Pero entonces qué es lo que contamina a la Ciudad? Es el Popo, como sostuvimos en una colaboración anterior. La evidencia apunta en el sentido de que las emisiones que provienen del volcán contribuyen a que se disparen los niveles de ozono.

¿No me cree? Aquí un ejemplo de esto.

El día 20 de mayo de este año, en la Ciudad de México, hubo una manifestación más –como las que suceden de manera cotidiana y a las que nos hemos acostumbrado los habitantes de esta urbe– que detuvo el tránsito e hizo que la circulación se convirtiera en un caos y mantuvo a los autos que tuvieron el infortunio de pasar por ahí, horas con el motor encendido ¿qué es lo sorprendente? que las estaciones de monitoreo cercanas a las áreas en donde los autos estaban detenidos con el motor en marcha, reportaron una calidad del aire «buena» mientras duraron los plantones y las marchas; al final del día, ya que las movilizaciones de protesta terminaron y el transito se normalizó, las estaciones de monitoreo se dispararon, estas son las cosas que los «científicos» ambientalistas del gobierno local y federal prefieren callar, ¿son los autos, las industrias, las normas que regulan las emisiones de los autos están fallando, las marchas o qué demonios genera tanta contaminación?

Este escenario es preocupante por la falta de certezas científicas, que ayuden a encontrar una solución, en contraste con la abundancia de ocurrencias de presuntos especialistas que sólo hacen que esto se enrede más.

La falta de preparación académica y servilismo de los encargados de las políticas ambientales es sorprendente, sorprende también el mutismo cómplice de muchos verdaderos científicos que con su silencio se prestan a perpetuar los «dogmas ambientales» que los oportunistas y mercaderes dictan, lo cual hace que éstos aprovechen esa indiferencia para su beneficio.

También complica este tema la existencia de “ambientalistas” que repiten frases sin sustento científico, aunque cobren por aportar soluciones.

Estos genios ambientalistas se dividen en dos grandes clases. Los que viven del presupuesto, incluimos a las famosas y fraudulentas ONG’s que abanderan cualquier clase de teoría ambiental –mientras más descabellada sea o mientras más incompetente haga ver al gobierno, es más aceptada o más plausible–. Los ambientalistas que viven de la nómina gubernamental, que son aquellos que sin el más mínimo atisbo de razonamiento hacen declaraciones «políticamente correctas» que no hagan enojar a los ambientalistas de la clase anterior y que además los haga ver bien ante sus superiores que saben menos del asunto, aunque estas declaraciones sean científicamente absurdas.

Así tenemos que ellos predican «dogmas ambientales» con una convicción que raya más en el fanatismo y que son hechas con un tono insultante y condescendiente, publicitándolos por toda clase de medios, tratando de convencer a la población de que sus hipótesis son la respuesta acertadísima a las interrogantes que se hacen.

Otra faceta tiene que ver con la manera en que se difunde el tema del “medio ambiente” y lo que el grueso de la población conoce acerca de él.

¿Los lectores se han fijado que me niego terminantemente a usar el término «medio ambiente»? Me niego porque es un pleonasmo, piense usted en estas dos frases: 1. Ese hombre viene de un medio muy bajo. 2. Ese hombre viene de un ambiente muy bajo. Las dos frases dicen exactamente lo mismo, ahora, ¿puede usted creerle a unas autoridades o a organizaciones no gubernamentales, que ni siquiera pueden darse cuenta de algo tan elemental?

En tanto, la contaminación seguirá, las medidas que buscan resolver este problema continuarán –aunque no resuelvan nada– y las medidas que se deben tomar en el corto, mediano y largo plazo seguirán esperando que alguien se acuerde de ellas, todo a cuenta de nuestros pulmones.

Por cierto, el Popo seguirá con sus exhalaciones y nosotros con el Hoy no Circula recargado, a la espera de nuevas ocurrencias.

 

@EnriqueDavilaV


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