La lección de Colima: Ganar al precio que sea

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¿Qué podemos esperar los ciudadanos cuando lo que domina en las campañas son el lodo y el dinero?

Mucho se ha hablado de las elecciones para la gubernatura de Colima, sobre todo a partir de que la Sala Superior del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación determinó anular el resultado y que se convocara a una elección extraordinaria que se llevó a cabo el pasado domingo, confirmando -contra todo pronóstico- la victoria del candidato del PRI por un margen mucho más amplio.

Tan sólo en tres ocasiones se han anulado elecciones para gobernador en México de las cuales dos han sido precisamente en Colima -la otra fue en Tabasco-, que aún y cuando se trata de un estado pequeño tanto en territorio como en población ocupando los lugares 28 y 31 respectivamente a nivel nacional, al parecer son muchos los intereses económicos y políticos en juego.

Sólo así se explica la violencia política que ha padecido esta entidad y que no puede ser obra de la casualidad. Vale recordar que en 1973 se «suicidó» el gobernador electo a pocos días de tomar posesión, que hace seis años se desplomó la avioneta en la que viajaba el Jefe del ejecutivo local, Gustavo Vázquez, que en 2010 asesinaron al ex gobernador Silverio Cavazos y que recientemente sufrió un atentado Fernando Moreno Peña a quien además le asesinaron a dos sobrinos.

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Independientemente de los resultados o del contexto político particular imperante en Colima, una vez más presenciamos una campaña -en realidad fueron dos- carente de propuestas en la que los candidatos y sus equipos apostaron por la descalificación directa y por la guerra sucia.

El intercambio de acusaciones en el debate así como el ayuno de ideas fue realmente penoso, como también lo fue la filtración de grabaciones ilegales y el contenido de las mismas, pero lo más preocupante es que no se trata de una situación excepcional. La pobre calidad de la contienda que acabamos de atestiguar, revela lo que sucede en prácticamente todo el país. No es fácil identificar cuáles son los factores que mayormente inciden en el resultado de una elección, pero queda claro que los partidos están dispuestos a echar mano de lo que sea con tal de ganar.

Para nadie es un secreto que por lo general en las campañas se rebasan por mucho los topes de gastos, y que para obtener recursos suficientes no tienen reparo alguno en recurrir a financiamiento ilegal (público o privado) con los compromisos que ello implica. Tampoco lo es que en buena medida las estrategias electorales se basan en utilizar todos los medios a su alcance para indagar en la vida del oponente, y provocar un escándalo que impacte sus niveles de preferencia invadiendo con ello su privacidad.

¿Qué podemos esperar los ciudadanos cuando lo que domina en las campañas son el lodo y el dinero dejando de lado el perfil de los candidatos, las propuestas, la representación de los intereses de la comunidad?

No debemos pasar por alto que al ganar la primera elección de este año en las condiciones descritas, el PRI se envalentonó y amenaza con ganar el resto de las gubernaturas pues esa fórmula le ha funcionado, y si se combina con los errores y poca solidez y de los partidos de oposición, parece imparable con las malas acciones que ello tiene para nuestra precaria democracia.


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