Ocho años de negar la protesta

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La presidenta Claudia Sheinbaum goza de una aprobación alta, pero las calles cuentan otra historia. Familias de niños con cáncer, feministas, transportistas, productores del campo, derechohabientes y ahora los trabajadores del IMSS reclaman, con distintos rostros, la misma deuda de atención. La pregunta que asoma de cara a 2027 es si la acumulación de agravios puede convertirse en voto de castigo.

Una respuesta que se repite

El patrón de la respuesta oficial es anterior a Sheinbaum. En febrero de 2020, el entonces presidente Andrés Manuel López Obrador afirmó que detrás de las protestas por los medicamentos había dirigentes políticos y una «reacción» opositora al cambio; los padres de niños con cáncer lo rechazaron y respondieron que no eran «tontos ni imbéciles». Seis años después, ante los trabajadores del IMSS, la presidenta atribuye el malestar a «otros temas», según el video difundido en X. Cambian la figura y el siglo de sexenio, no el libreto: la inconformidad se reinterpreta como maniobra ajena.

La actual ola laboral es un caso ilustrativo. Los trabajadores rechazan un aumento de 2.9 %, piden plazas, la salida del líder sindical y mejores condiciones. Suman el respaldo de integrantes del Metro, Pemex, ISSSTE y la CNTE para una marcha nacional el 14 de octubre. Y el líder cuestionado, Rafael Olivos, es diputado federal suplente de Morena. Cuando el conflicto toca a un aliado del propio partido, la tesis del complot opositor pierde verosimilitud.

Lo que sí admite el gobierno

Sería injusto hablar de negación absoluta. El 22 de septiembre, Sheinbaum reconoció que el sistema no operaba al 100 % en materia de abasto, y anunció una gira por hospitales del IMSS-Bienestar hasta diciembre. El gobierno argumenta, además, que los servicios no se interrumpieron y que algunas demandas, como pensiones y Afores, requieren cambios legislativos. El matiz importa: la crítica más precisa no es que el gobierno ignore los problemas, sino que reconoce el abasto en abstracto y desacredita a quien reclama en concreto.

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Un castigo que los números todavía no muestran

Aquí la hipótesis choca con los datos. Según El Financiero, la aprobación de Sheinbaum fue de 70 % en septiembre, dos puntos más que el mes anterior y un nivel que no se veía desde marzo. En intención de voto, el promedio de encuestas a agosto ubica a Morena en 43.5 % para diputaciones federales; una encuesta de Buendía & Márquez le daba 39 %, frente a 11 % del PAN, 10 % del PRI y 9 % de MC, con 42 % de encuestados que se asumen independientes. La oposición sigue fragmentada y sin liderazgo visible.

Hay, sin embargo, señales de desgaste en el entorno de la presidenta: la Cámara de Diputados registró 44 % de aprobación, diez puntos menos que en 2025, y el Senado 41 %, nueve puntos menos. La brecha entre la popularidad presidencial y el respaldo a las instituciones donde Morena tiene mayoría es el dato a vigilar.

Dónde podría gestarse el voto de castigo

En 2027 se elegirán 500 diputaciones federales y 17 gubernaturas el 6 de junio. Una elección intermedia sin la figura presidencial en la boleta suele ser terreno de agravios locales: hospitales sin medicinas, inseguridad, servicios públicos. Los defensores del oficialismo replicarán que la fortaleza de la presidenta transfiere votos al partido, y que Morena ya definió sus coordinaciones estatales mediante encuestas internas, con una estructura territorial que la oposición no iguala. Los escépticos señalarán que el argumento del pasado heredado se agota tras ocho años en el poder y con mayoría legislativa: ya no hay a quién culpar.

El riesgo para Morena no es una derrota nacional inmediata, sino la erosión desigual: estados con candidaturas débiles, abstención de simpatizantes decepcionados y oposiciones locales capaces de capitalizar un reclamo concreto. Que ese voto se materialice depende de dos variables incontrolables para el oficialismo: si el desabasto persiste y si la oposición logra ofrecer algo más que la crítica.

¿Puede un movimiento que llegó al poder prometiendo escuchar a los olvidados seguir explicando las protestas como obra de sus adversarios, sin pagar un precio en las urnas?

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