La corrupción y la legalidad

0
430

Los nuevos instrumentos jurídicos no deben quedar sujetos a la voluntad de los actores políticos.

Ahora que finalmente el tema de la corrupción ocupa un lugar prioritario en el debate público nacional debido al hartazgo de la ciudadanía -que la ubica como uno de los temas más importantes casi en el mismo nivel que la inseguridad y violencia-, a que diversos estudios han documentado con mayor precisión sus graves consecuencias, así como a la presión que ha ejercido la sociedad civil organizada, organismos internacionales e instituciones académicas, naturalmente se ha abierto también la discusión sobre sus causas.

Se han dicho muchas cosas al respecto, desde la muy desafortunada declaración del presidente Peña Nieto en cuanto a que se trata de un fenómeno cultural, hasta quienes sostienen que es un factor de entendimiento y cohesión entre los grupos de poder para mantener la estabilidad del sistema político, pasando por quienes la atribuyen a los incentivos creados y a la deficiencia del marco regulatorio que es en el que en este momento se han concentrado los esfuerzos a partir de la aprobación de una reforma constitucional y la subsecuente legislación secundaria.

Por supuesto me parece que la creación del Sistema Nacional Anticorrupción es un paso fundamental para su prevención y combate, y que debemos cuidar que en el proceso de análisis y de las siete leyes que actualmente se está llevando a cabo en el Senado no se dejen resquicios o cabos sueltos que lo vuelvan ineficaz, también que se debe seguir ejerciendo presión para que la implementación y cumplimiento de los nuevos instrumentos jurídicos no queden sujetos a la voluntad de los actores políticos, pero me temo que ningún esfuerzo va a ser suficiente en tanto no se imponga la cultura de la legalidad en nuestro país.

-Publicidad-

Cuantas veces no hemos visto cómo la aplicación de la ley se determina en función de los intereses políticos, la coyuntura electoral, la capacidad económica de las partes o de sus relaciones e influencia. Además de provocar una gran indignación, las escenas que se difundieron ayer en las que miembros de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) retienen en Chiapas a un grupo de maestros que no quisieron participar en su plantón, los obligan a caminar descalzos con carteles mediante los cuales los califican como traidores y los rapan en público son fiel reflejo de ello.

Estos actos de barbarie no sólo constituyen una vejación inadmisible hacia quienes cometieron el “pecado” de pretender cumplir con su responsabilidad e impartir clases a sus alumnos, así como una burla a las autoridades -incluso al parecer estaban presentes algunos policías que no hicieron nada-, sino que manifiestan un profundo desprecio a la ley pues saben que, como en otras ocasiones, lo más probable es que todo se resuelva en una negociación política y no pase nada. Por eso insisto que en tanto se mantengan los incentivos para violar la ley, se sigan imponiendo criterios económicos y políticos, su aplicación sea negociable y prevalezca la impunidad, es muy poco lo que se puede hacer para enfrentar y poner límites a la corrupción. Anticorrupción y legalidad son un binomio indisoluble.


There is no ads to display, Please add some

Deja un comentario