La ciudad se derrumba

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Por: Aminadab Pérez Franco

En forma silenciosa pero constante la Ciudad de México se cae a pedazos. El más aparatoso de sus últimos derrumbes fue por supuesto el colapso de la Línea 12 del Metro el pasado 3 de mayo; pero los desastres urbanos no dejan de ocurrir súbitamente en cualquier rumbo y en cualquier momento.

Doce días después del accidente en el Metro, durante los trabajos de construcción del Puente Vehicular Periférico-Cuemanco, se rompió una tubería de agua potable de 19 metros de diámetro que obligó a parar la extracción de agua en 20 pozos y suspender el suministro en 16 colonias de las ya de por sí golpeadas y sedientas alcaldías de Tláhuac e Iztapalapa, coincidiendo exactamente con la reducción del abasto de agua en bloque al Valle de México por la sequía que registra el Sistema Cutzamala. Y los medios, que suelen medir erróneamente los efectos de las desgracias, se fueron por la nota de color de la inundación de los locales de los mercados de Plantas y Flores de Xochimilco con agua potable y no por la crisis hídrica que amenaza a la capital.

El ultimo semestre ha sido tiempo de desastres para la Ciudad de México: el incendio del Puesto Central de Control del Metro el 9 de enero, que no sólo mantiene la operación del sistema en forma provisional, sino que está expuesto a constantes fallas e interrupciones por inundaciones e incendios; la activación errónea de la Alerta Sísmica el 20 de marzo; el incendio en el Mercado de Jamaica el 2 de febrero, último de una serie de catástrofes ocurridas en la Central de Abasto y en los mercados de La Merced, San Cosme, Morelos y Abelardo L. Rodríguez; además, en lo que va del 2021 se han abierto socavones en lugares como el Eje 1 Norte, San Juan de Aragón y Santa Fe, por mencionar sólo los más grandes.

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Y así, podría seguirse con el recuento de accidentes, fallas, siniestros y demás percances que mantienen en vilo a la Ciudad de México a causa de un sismo continuo e interminable que no es causado por la naturaleza sino por un gobierno que no funciona.

Esos problemas se agregan a las crisis económica y sanitaria que padece la capital: los estudiosos tratan de explicarse por qué no ha ocurrido una tercera ola de Covid en una metrópoli con vacunación tardía y con una actividad económica y laboral que ha repuntado casi a niveles normales en este 2021 a pesar de que nos mantuvimos con semáforo naranja o rojo por más de cuatro meses. Lo cierto es que la Ciudad de México ha conseguido sobrevivir prácticamente sin apoyos a las actividades productivas, con un sistema de salud afectado aunque ya no saturado como en diciembre y enero, y con graves afectaciones en los indicadores de empleo, consumo y producción.

Y mientras los accidentes pasan y las crisis persisten, los problemas históricos de la Ciudad de México permanecen: la pobreza, la inseguridad, la corrupción y el deterioro del bienestar, la calidad de vida y el medio ambiente siguen en la misma dinámica registrada en lo que va del siglo. No se aprecia una dinámica económica que genere crecimiento, riqueza y empleos bien pagados que nos permitan hablar de que hay menos pobreza o de paliar los efectos de la inflación y la carestía crecientes. No se ve un despliegue de operativos e inteligencia policial que frenen la delincuencia y el crimen que siguen al alza y que más allá de los manejos estadísticos y los discursos, cambie la percepción de una ciudad insegura y violenta. No se ve una política urbana que mejore sustancialmente la calidad de los servicios públicos, que reduzca las amenazas climáticas o ambientales, bueno, ni siquiera que le de mantenimiento oportuno, no digamos al Metro o a las vialidades principales, que evite que las calles estén llenas de baches, que no se tapen las coladeras o que el alumbrado no nos deje a oscuras y a merced de los delincuentes.

Y si, en tiempos electorales hay que decir que en la Ciudad de México no funcionan muchas cosas, pero que la causa de muchos de esos problemas estriba en que no funciona el modelo de gobierno. Durante 24 años de gestión de jefes de Gobierno electos de manera directa y democrática en la capital ha habido mucha politiquería de izquierda y poca capacidad administrativa y gubernamental. Ha habido mucho futurismo político desde que Cárdenas y López Obrador usaron a la capital como plataforma de sus aspiraciones presidenciales hasta hoy cuando el fuego amigo de la Línea 12 desgarra el proyecto de Morena y enfrenta bajo la mesa los sueños presidenciales que alimentan Marcelo Ebrard y Claudia Sheinbaum.

Y mientras la politiquería de la izquierda ocurre la ciudad se derrumba. Aquí vivimos un modelo de gobierno que antepone las aspiraciones presidenciales al servicio de calidad para la gente; que le da prioridad al clientelismo y al populismo y no al desarrollo; que es muy bueno para operar estrategias de control de daños y muy malo para poner en marcha estrategias que aumenten el bienestar de los capitalinos.

La ciudad necesita gobiernos que piensen en ella y no en sus aspiraciones políticas. Que construyan un nuevo futuro y que dejen de administrar las fallas heredadas del pasado. Que sean capaces de poner a la Ciudad de México a la vanguardia de las grandes metrópolis del mundo, como lo ha sido históricamente como centro cultural, religioso, político y económico de un gran país. Por algo se tiene que empezar y este próximo 6 de junio es urgente que los capitalinos le envíen una señal clara al poder de que ya basta de tener a la capital abandonada a su suerte.

¿Qué más tiene que pasar en la Ciudad de México para que se derrumbe al fin un modelo de gobierno populista, clientelar e ineficaz que no ofrece un mejor futuro? ¿Cuántos desastres más tendremos que soportar y cuántas vidas y sufrimiento costarán?


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