miércoles, agosto 5, 2026
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La censura del bienestar

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Una vuelta de tuerca.

Los actos de censura comenzaron desde antes que tomara posesión López Obrador y no han dejado de intensificarse. Recordemos cómo presionaron para que un documental sobre populismo en América Latina fuera prohibido y se persiguiera a sus autores.

Todo por el delirio conspiranoico del entonces candidato electo que acusó guerra sucia trasnacional y las autoridades electorales creyeron que consecuentándolo podrían sobrellevar las presiones.

Ahora pretenden usar los derechos de las audiencias como pretexto para acosar concesionarios de radio y televisión.

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Usan una causa noble, tal y como sucede con la violencia política de género, para coartar la libertad de expresión: pervierten el concepto para convertirlo en su opuesto, un factor que reprime información y opiniones de interés público a televidentes y radioescuchas.

Por si eso fuera poco, está sobre la mesa la posibilidad de extender la censura a la prensa escrita y las redes sociales.

Los llamados Lineamientos Generales para la Protección de las Audiencias que están en periodo de consulta simulada, tal y como las que acostumbran, buscan, en primera instancia, promover la autocensura: que medios independientes prefieran no arriesgarse frente al amago de onerosas multas y opten por no tocar temas delicados o asuntos que incomoden al régimen.

Los criterios establecidos en el proyecto son ambiguos y están pensados para aplicarse en controversiales zonas grises, lo que dará pie a amplia discrecionalidad.

¿Dónde acaba la información y empieza la opinión? ¿Cuál es el contexto adecuado para dar cada noticia? ¿Cómo se determina si hay suficiente pluralidad, se retrata fielmente la diversidad del país o se cuenta con “representaciones visuales respetuosas e inclusivas”? Es una clara intromisión en los contenidos, colocando, además, la espada de Damocles sobre la cabeza de los concesionarios.

Desde el oficialismo alegan en su defensa que el Código de Ética y el Defensor de Audiencia serán determinados por la empresa televisiva o radiofónica, pero omiten decir que la última palabra en un litigio siempre la tendrá la Comisión Reguladora de Telecomunicaciones, órgano del Poder Ejecutivo.

Por eso será el gobierno el que determine cuál es la verdad; si la noticia se comunicó con el contexto adecuado; si en la información hay opinión subrepticia; si se concedió adecuadamente el derecho de réplica; si el medio cumple estándares de pluralidad y diversidad.

No es que la censura sea novedad, al contrario, ha sido una constante en el obradorato.

Las conferencias mañaneras se usaron desde el primer día como instrumento para inhibir la libertad de expresión mediante la estigmatización de medios y periodistas incómodos, lo cual se replica y amplifica en redes sociales.

El linchamiento digital promovido desde Palacio Nacional se ha normalizado pese al abierto cuestionamiento de organizaciones que defienden la libertad de prensa, tanto nacionales como internacionales. Los lineamientos servirán para aumentar la presión a los medios con procedimientos administrativos; el segundo piso del autoritarismo.

Los ataques directos de López Obrador contra Carlos Loret, Ciro Gómez Leyva, María Amparo Casar, Natalie Kitroeff, Raymundo Rivapalacio, Carmen Aristegui, Reforma, Proceso, New York Times, ProPublica, Latinus, entre otros, publicando incluso datos personales de los periodistas, son muestra de una estrategia sistemática de amedrentamiento. Sin la estridencia y el encono de su antecesor, Claudia Sheinbaum recurre a lo mismo.

Ni siquiera el hecho de que México es de los países más peligrosos para ejercer el periodismo los ha llevado a rectificar: 66 periodistas han sido asesinados en los cerca de ocho años que lleva el obradorato, cifras que superan incluso a las que se dan en países en guerra. En Ucrania han muerto 13 periodistas en cuatro años de invasión.

NI la mañanera -que se transmite en cadena nacional todos los días- ni los canales Once y 22 de la Televisión Pública resistirían la aplicación de los lineamientos. No son plurales, no dan réplica, descontextualizan por hábito y no distinguen información de opinión. Hágase la censura en lo bueyes de mi compadre.

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