La caída del manto moral

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El gran engaño de quien afirmó no ser como los de antes, aseguró ser honesto, juró no mentir, no robar y no traicionar, al ser hueco, vació y construido en base a una ilación de mentiras, revestidas de propaganda política, fundadas en el deseo, en la esperanza y en la ignorancia popular, ha sido revelado con el hackeo a la SEDENA conocido como Guacamaya Leaks.

Al ser información de inteligencia militar, debidamente validada, documentada y convalidada, la certeza y calidad que tiene es de mínimo error. Aunque no conocemos aún ni siquiera el 1% de todos los datos y hechos que contienen los seis terabytes hackeados, podemos darnos cuenta de la peligrosa relación que guardan las fuerzas armadas mexicanas, el crimen organizado y López Obrador y su cuarta transformación. Empezamos por decir lo que contesta a la pregunta que muchos nos habíamos hecho: ¿Porqué el presidente le da tanto al ejército y a la marina? La respuesta evidente es que lo hace porque es su rehén, porque el sabe que ellos saben lo que hace, sus pactos obscuros, sus acuerdos con el narco, su uso de dinero público y sucio, sus trapos sucios, que se vuelven un cheque al portador. Para continuar, ahora entendemos que los abrazos no balazos, las idas secretas a Badiraguato, la operación sucia electoral, obedecen a contraprestaciones criminales.

Lo menos importante es que el presidente está enfermo, es flojo y trabaja sólo unas pocas horas al día. Lo más importante es que el presidente es un títere de los intereses más obscuros, más negros, más dañinos del país… lo cual se supo antes fuera de México, pues se ha publicado y difundido que la DEA y diversas corporaciones de inteligencia extranjeras documentan el comportamiento anómalo, antisocial y fuera de la ley del aún mandatario de México.

México es un nido de corrupción, de impunidad, de saqueo económico por parte de la alta burocracia gubernamental cuatroteísta. En México hay influyentismo, hay privilegios ilegales, hay opacidad, hay compras a modo para beneficiar a poderosos ricos que son amenazados permanentemente por el poder presidencial, pero que están a punto de reventar y volverse en contra de su captor. Nunca antes en la historia del México democrático, un presidente abuso tanto de su poder temporal. Bienes, dinero, dispendio, doble moral, complicidad, solapamiento, protección de deshonestos, corruptos y ladrones, evasión fiscal, compra de votos, extorsión a empresarios, amenazas políticas, viven el momento más álgido y perjudicial en esta administración gubernamental.

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Una franja de la población mexicana, que tarda en darse cuenta de los hechos por la brecha de acceso a la información, por ignorancia, por su nivel socioeconómico y cultural, aún concede esperanza, duda y culto injustificado a López Obrador. Las mentiras recetadas en las conferencias matutinas diarias todavía le hacen efecto a mexicanos buenos que no creen que exista el nivel de corrupción, de perversidad, de maldad en este gobierno. Pero no existe nada ni nadie que pueda evitar que tarde o temprano se enteren, se den cuenta y conozcan la verdad. Hoy se ha caído el manto que cubría el verdadero rostro de López Obrador. Era falsa su honestidad, sus buenas intenciones, sus ideales. Porque nada hay oculto ni escondido que no haya de ser conocido y salir a la luz y porque el lodo se cae al secarse y enseña la verdadera cara de quien gobierna. La verdad lo revolcará. Al tiempo.

 


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