¿Serán de Televisa la PGR y la Corte?

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Creer que Peña Nieto decide mecánicamente a favor de Televisa es igual a suponer que los senadores son incapaces de pensar con cabeza propia.

En una democracia en construcción, como la mexicana, no sólo resulta saludable, sino recomendable, un debate como el que plantea la celosa “opinión pública” en torno a la nueva titular de la PGR y al relevo en uno de los lugares de la Suprema Corte.

Dice maliciosa la fortalecida “opinión pública” que si Arely Gómez, senadora con licencia propuesta por el Presidente para ocupar la titularidad de la PGR, es hermana de un directivo de Televisa, entonces el Presidente entrega la PGR a Televisa.

También dice la “opinión pública” que si el burócrata Eduardo Medina Mora está vinculado a Televisa desde hace años, entonces el gobierno de Peña Nieto le está entregando una tajada de la Corte a Televisa.

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Sin embargo el sofisma —herramienta preferida de la “opinión pública”— no resiste la prueba de la comparación porque, de ser así, entonces se podría decir que AMLO regaló a Carlos Slim el GDF, porque le vendió el Centro Histórico. Se podría decir que AMLO entregó el GDF a Norberto Rivera, porque le regaló los terrenos de la Plaza Mariana. Se podría decir que Marcelo Ebrard regaló el GDF a la empresa Walmart, porque uno de sus hermanos era alto ejecutivo de esa empresa. Y se podría decir que el senador Javier Corral es narcotraficante, porque uno de sus hermanos está preso por presunto narcotraficante.

No, el problema está lejos del “chabacano” sofisma. Y es que resulta ofensivo —para una democracia que aspira a ser respetable— el hecho de que la “opinión pública” invente el delito de “portación ilegal de hermano exitoso, cómodo o incomodo” .

Pero además, creer que Peña Nieto decide mecánicamente a favor de Televisa —tanto en la PGR como en la Corte— es igual a suponer que los senadores de todos los partidos son idiotas o vendidos; que todos están al servicio de Televisa, que todos son manipulables, incapaces de pensar con cabeza propia y que están capturados por las televisoras Televisa y Azteca. Y sí, nadie puede negar la existencia de las poderosas “telebancadas”, pero también es cierto que muchos senadores son respetables y confiables.

Y justamente el andamiaje institucional está diseñado para evitar que el Presidente en turno —del PRI, PAN o PRD— “se despache con la cuchara grande”. Por eso, primero en comisiones y luego en el pleno, el Senado ratifica y/o rechaza las propuestas del Presidente, previo estudio de las razones de Peña Nieto para proponer a Arely Gómez como titular de la PGR y a Medina Mora como aspirante a ministro de la Corte. Eso sin tomar en cuentas que el PRI no tiene mayoría en el Senado.

Sin embargo, la opinión pública tiene en sus manos herramientas formidables para impedir que por vínculos familiares, nexos empresariales o pactos bajo cuerda, los servidores públicos se conviertan en brazos al servicio de poderes reales o fácticos. ¿Y cuáles son esas herramientas?

Las mismas que empujaron el debate en torno a la designación de Arely Gómez y de Medina Mora. Es decir, que la “opinión pública” debe exigir al Presidente y a los senadores de todos los partidos una puntual explicación sobre las razones que motivaron tanto la propuesta del Presidente para la PGR, como para la Corte.

Pero hay una tercera herramienta; que los ciudadanos están obligados a un permanente y riguroso escrutinio social sobre el desempeño de Arely Gómez y Medina Mora, si es el caso de que sean ratificados. Ese es el motor de la democracia y a nadie debe asustar. Al tiempo.


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