¿Otra bofetada a las víctimas, senadores?

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Está en curso el proceso para la renovación de la presidencia de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH). Se trata de una institución creada en 1990 y que, con el paso de los años, ha tenido la tarea de construir un espacio de difusión, vigilancia y tutela de los derechos humanos de todas las personas en México. Sin embargo, en la actualidad está pasando por el momento más penoso y lamentable de toda su historia. El actual presidente la ha rebajado hasta niveles insostenibles, usando su amplio presupuesto (más de mil 400 millones de pesos anuales) para comprar lealtades, promover su figura e ir "administrando" los tiempos para emitir las recomendaciones que tiene bajo su competencia.

En el colmo del cinismo, el presidente de la CNDH les dijo hace unos días a sus homólogos de otros países -reunidos en la ciudad de México- que debían tomar como ejemplo de la defensa de derechos humanos en sus naciones al presidente Peña Nieto. Cuando uno escucha eso de parte del defensor de los derechos humanos, a días de la matanza de Tlatlaya y mientras el país se está incendiando por la desaparición de docenas de normalistas en Iguala, sabe que todos los diques de decencia y decoro se han roto.

En su ambición por seguir exprimiendo el presupuesto público, el presidente de la CNDH no tiene reparo en ponerse como alfombra frente al Presidente de la República. Por eso se ha ganado el calificativo de "zalamero" que le endilgó con elocuencia Ricardo Raphael en estas mismas páginas.

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El Senado decidirá si permite que siga frente a la CNDH un personaje que sería de risa si no fuera tan negligente e incompetente, o si es tiempo de renovar una institución que urge al país que funcione al 100%.

Los senadores no deberían darle la espalda a las víctimas (son varias) que por distintas causas han tenido que llegar al extremo de promover amparos para pedirle a la justicia federal que las proteja en contra… ¡del defensor de los derechos humanos!

Que las víctimas se amparen contra la CNDH es inaudito y debería encender todas las alarmas. Algo se debe estar haciendo muy mal para que se llegue a ese extremo. Algunos de los amparos promovidos tienen que ver con el pésimo manejo del caso de la matanza de migrantes en San Fernando, Tamaulipas. Otros se refieren a la falta de seguimiento de recomendaciones o a la ausencia de cuantificación del daño que deben reparar las autoridades. Un grupo de víctimas, entre ellas Eduardo Gallo y Javier Sicilia, han solicitado un juicio político contra el ómbudsman por sus continuas pifias y por el abandono de sus principales tareas. Nunca antes se había dado un rechazo tan contundente hacia un presidente de la Comisión.

Para colmo, la renovación de la CNDH se produce en un momento político del país que hace indispensable tener a una persona honrada e independiente frente a la Comisión. Raúl Plascencia Villanueva no tiene las características, ni el talante, ni el talento para seguir ni un día más en la institución.

Si los senadores consideran dejarlo en el cargo, le estarían dando una bofetada -una más- a las víctimas que han sido desatendidas en su petición de justicia. Se estaría cometiendo un atropello de inconmensurables consecuencias. Ojalá que no pase. No lo merecen esas víctimas hoy desamparadas. No lo merece un país que reclama y alza la voz para exigir la defensa de sus derechos.


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