Inoportuno distinguir a Alberto Baillères con la Medalla Belisario Domínguez

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No estaba en mis planes intervenir esta tarde en este debate, solamente me iba a remitir a colocar mi voto en contra en el tablero, frente al dictamen que se nos presenta, pero varias intervenciones me han obligado a exponer, con toda cordialidad y con todo respeto entre nosotros, los motivos de una decisión que no es incómoda porque mi decisión no está relacionada con la figura, con la trayectoria, con el empresario, con el éxito, ni mucho menos con el dinero.

Mi reflexión quiere hablar sobre el momento que vive México, el trágico momento en que el Senado de la República decide distinguir a un perfil cuya característica, dentro de los atributos indiscutibles e innegables que aquí se han dicho, es fundamentalmente y por sobre todos ellos, la acumulación de capital.

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Estamos hablando sí de un hombre exitoso, estamos hablando de uno de los hombres más ricos de México, el cuarto capital en nuestro país.

Como aquí se ha tratado de encasillar lamentablemente con algunos argumentos a quienes votan a favor o a quienes lo hacen en contra, yo quiero realmente salirme de esas dos dimensiones y explicar que no acompañaré esta decisión porque me parece que hoy el Senado de la República se aleja de la tradición parlamentaria en términos de la presea que en 1953 se creó y fue otorgada por primera ocasión en 1954.

Porque estoy convencido que el perfil no es -lo sostengo con toda lealtad y sinceridad- el que el decreto que crea la medalla especifica. Se trata de servicios a la patria y a la humanidad.

Creo sinceramente que la fortuna de don Alberto Baillères ni está distribuida todavía entre la nación, ni podríamos hablar de que hay una redistribución en el mundo de ella.

No es por el empresario por lo que yo no votaré, no es por un hombre exitoso por lo que yo no votaré. Soy un convencido, dentro de la doctrina del PAN, de que es la iniciativa privada una de las más vivas fuentes del mejoramiento social.

Creo que los hombres que arriesgan su capital, que lo invierten, merecen sí un reconocimiento especial dentro de la sociedad, sobre todo en las relaciones capital y trabajo, sobre todo aquéllos que lo hacen al margen de las relaciones del poder, porque ése es el capitalismo de compadres.

Habría que advertir, por cierto, que no solamente el momento mexicano es de enorme desigualdad social, sino que dentro de los diez más ricos de México, ocho de ellos son por cierto concesionarios de bienes y servicios de la nación, y varios de ellos proveedores del Estado.

Me alejo pues de la idea de que no votar por el señor Baillères, a quien no tengo el gusto de conocer personalmente, sería criticar el éxito, la fortuna, la creación de empresa o el ser empresarial per se. Esa no es mi reflexión, como creo que no ha sido la de algunos compañeros.

Estoy absolutamente convencido y no tengo por ahora argumento que me permita descalificar ni a la persona, ni al empresario que es el señor Alberto. De lo que sí estoy convencido es que éste no es el momento preciso para distinguir a un perfil así en medio de profundas desigualdades.

La enorme concentración de la riqueza en unas cuantas manos es el problema fundamental y estructural de México. Un diez por ciento de la población, el primer decil de la población, acapara el 46 por ciento del ingreso en México; el segundo decil, clase media, acapara casi el otro tanto, el otro 40 por ciento del ingreso en nuestro país. Todo lo demás es pobreza, es marginación, falta de oportunidades.

No creo que sea el momento propicio, ni el perfil al que el decreto que creó la presea se refiere, emitiré con todo respeto para todos, para quienes lo hagan a favor y quienes lo hagan en contra, mi voto discordante del proyecto de dictamen.

No es la primera vez en que expreso dudas sobre un nombramiento, sobre una distinción como ésta.

Debo decirles, que en 2015, en 2005, perdón, siendo Senador de la República, vote a favor de entregar la presea Belisario Domínguez, a Gilberto Borja, Presidente de Ingenieros Civiles, de ICA.

Por supuesto, ponderé dentro del perfil el servicio que Borja habría brindado a la nación mexicana a través de las obras de infraestructura, que cubren más el perfil del interés público, que el de la simple acumulación de la riqueza.

Como lo hizo entonces a favor de Borja, en un difícil balance que me decantó por él, ahora también en un difícil balance, digo, que no puedo estar de acuerdo con la distinción Alberto Baillères, quien por supuesto como persona, como empresario, como hombre de éxito tiene todo mi respeto y todo mi reconocimiento.

Por su atención, muchas gracias.


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