¿El futuro del IPN en juego?

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Tenemos que plantearnos si la renuncia de Yoloxóchitl no sienta un precedente delicado para quien la sustituya.

La anterior fue una semana muy intensa por los diversos acontecimientos que se presentaron, empezando por la revelación de información que fortalece la hipótesis de que hubo una ejecución en Tlatlaya, Estado de México, y siguiendo con el homicidio y desaparición de estudiantes en Iguala, a lo que se sumaron las protestas de la comunidad estudiantil del Instituto Politécnico Nacional por la modificación del plan de estudios y del reglamento interior justo en las vísperas de la conmemoración de la matanza del 2 de octubre de 1968.

El panorama no era nada alentador, pero dio un giro inesperado cuando el secretario de Gobernación salió a dialogar en mangas de camisa con los manifestantes que se encontraban afuera de la dependencia exigiendo que se atendieran sus peticiones, y se comprometió a dar respuesta en un par de días bajo el mismo formato tal y como ocurrió.

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Lo que amenazaba con convertirse en un conflicto de dimensiones mayores, se transformó en un diálogo civilizado y en una victoria para los politécnicos inconformes ya que obtuvieron la renuncia de la directora del IPN, la suspensión de las reformas y la derogación de la pensión vitalicia para los ex directores del Instituto.

Destaca el contraste entre la actitud intransigente y de descalificación de Yoloxóchitl Bustamante, que aparentemente contribuyó a exacerbar el ánimo de los estudiantes, y el oficio político y sensibilidad mostradas por Miguel Ángel Osorio Chong lo que, aún a pesar de algunos, le generó el reconocimiento prácticamente generalizado.

Por supuesto no faltó quien acusara de que se trató de un montaje, pero mas allá de especulaciones creo que el dato importante es que existiendo algunos elementos inquietantes no se produjo, como en otras ocasiones, un desenlace violento. Igualmente debemos reconocer que hasta el momento los estudiantes se han conducido de manera ordenada y respetuosa.  Y han cuidado que el movimiento no se desborde

Hasta aquí todo apuntaría a que estamos ante un triunfo de la política, pero antes de echar las campanas al vuelo habría que cuestionarnos cuáles serán las consecuencias de estos hechos en el futuro de la institución. No queda claro cuál es el camino a seguir, pero por lo pronto no parece que las decisiones anunciadas por el gobierno federal, que por cierto ya ha sido rechazadas por la comunidad estudiantil,  constituyan por sí mismas una solución.

Por ejemplo, tenemos que plantearnos si la renuncia de Yoloxóchitl no sienta un precedente delicado para quien la sustituya, pues sus márgenes de actuación se podrían ver muy acotados ante la amenaza constante de que a la menor provocación pidan su cabeza.

Tampoco creo que mantener el actual plan de estudios contribuya a generar mejores condiciones de desarrollo profesional para los egresados, por lo que a la brevedad debería convocarse a una reflexión seria al respecto, que desde luego incluya la autonomía del IPN. Esperemos que se aproveche esta coyuntura para realmente definir el futuro del Instituto Politécnico Nacional, y que la disposición mostrada no haya sido tan sólo un recurso pasajero para salir del paso.


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