Gracias, señor Trump

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Posiblemente la figura más polarizante en lo que va del milenio. Por un lado creciendo en las encuestas entre republicanos y por otro el más despreciado entre latinos, hindúes, chinos y otros grupos de inmigrantes en los Estados Unidos.

Empresario sagaz, y oportunista por admisión propia, Donald Trump nos demuestra que en política ser conocido cuenta más que ser capaz, querido o admirado.

A pesar de todo eso yo le estoy agradecido, porque gracias a sus atrevimientos ha logrado generar un sentimiento de agravio entre los mexicanos en Estados Unidos.

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Esta energía emocional es la gasolina para accionar el motor del cambio entre quienes han sido discriminados, ofendidos, maltratados durante décadas. Ahora “mexamérica” están reventando de indignación porque el señor Trump tuvo la ocurrencia de caracterizarlos como ilegales asesinos y violadores.

Entre lunes y jueves constaté los efectos aprovechables de esta polarización. Gracias a la invitación de Salvador “Chava” Rosas, actual presidente de Conalym, y José Martín Carmona, impulsores de un pequeño pero visionario grupo integrado por líderes migrantes y legisladores mexicanos.

En los dos últimos años esta organización ha pasado de gestora de mejores tratos a “paisanos”, a un incipiente think tank que se esfuerza por exponer ante legisladores, la problemática del México asentado al norte del Río Bravo.

De la reunión en el Consulado de Chicago —que materialmente se extendió cuatro días— salimos impactados por la dimensión apabullante de problemas derivados actuales y a futuro.

Si mi ponencia fue provocativa (publicada en mi FB), se quedó corta ante la magistral presentación del doctor José Batista. Él trae, valga la metáfora, los tubos de ensayo en la mano: pruebas estadísticas de una gran tragedia en gestación. Y también una receta afín a la mía: generar una nueva identidad.

La gasolina emocional inyectada por el señor Trump ha clarificado la urgencia de acelerar la unificación y reorganización de los “mexamericanos” con un criterio sistémico, integral y de fondo.

El expertise de Batista no se discute. Su diagnóstico: la falta de una identidad idónea entre los mexicanos en el exterior produce males incontables en cascada. Multiplicados exponencialmente por los traumas sicológicos de la separación de hijos de sus padres, ha producido cientos de miles de niños y jóvenes que son materia dispuesta para pandillerismo, drogadicción y autodestrucción.

Las causas subyacentes: tristeza, ira y amargura. Tres sentimientos distintos, explica Batista, que dominan a los seres humanos abandonados y que tienen cada uno una salida falsa distinta en una droga distinta: mariguana, cocaina y heroína, según los neurotransmisores faltantes como son la serotonina, dopamina, y norepinefrina a los que sustituyen. Nos dejó apantallados. ¡Clap, clap, clap!

La semana pasada escribí sobre las mutaciones genéticas en el ser humano derivados de factores epigenéticos (medio ambiente, estrés, drogas). Pues Batista ya lo tiene incorporado en sus intervenciones.

Ahora veamos la solución. “México debe reconocer que es binacional” refrendó nuestro atento anfitrión Carlos Jiménez Macías, único consul exmigrante en la historia.

Esta experiencia intensiva motivó a que empresarios de Melrose Park nos invitaran a una reunión (¡qué tamales!) con el gobernador de Illinois, Bruce Rauner.

Rauner contrasta con Trump. Este filántropo republicano millonario recientemente electo halagó a los empresarios mexicanos, creadores de más de 5 mil empleos en Chicago, y los invitó a aliarse para reformar Illinois para que compita en la creación de empleos que encabeza Texas.

De nuevo, gracias señor Trump. Sin su ayuda hubiera sido más tardado y difícil producir entre los mexicanos una megadosis de ansias de la libertad y dignidad, valores que para Batista remedian los males que nos están autodestruyendo en ambos lados de frontera.


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