Gobierno ahorcado

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A gritos y sombrerazos, con el Congreso local y a base de alta diplomacia con el Gobierno Federal, el gobierno de “El Bronco”, Jaime Rodríguez Cantú, está tratando de ver la luz a final del túnel en todo lo que a las finanzas inmediatas se refiere. 

Para cerrar el año han tenido que tapar un boquete o déficit de 8 mil millones de pesos en el Presupuesto de 2015, que los ha obligado a hacer grandes malabares para salir adelante.

Sin embargo, el problema de los tratos y compromisos adquiridos con la empresa automovilística coreana Kia se cuece aparte. Si bien es cierto que hay pláticas de Fernando Turner para tratar de encontrar una solución, aún no se puede cantar victoria y la razón es muy sencilla: en este tema el gobierno de Rodrigo Medina ha dejado ahorcado al gobierno de “El Bronco”.

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Simplemente no hay gane posible. Prácticamente, haga lo que haga “El Bronco”, por decir Nuevo León, sale perdiendo. Si cumple pierde y si no, pierde más. El sobregiro en concesiones contractuales para la empresa coreana plantea problemas jurídicos de primera magnitud, con el agravante de que, al menos en este caso, el Gobierno de Nuevo León y el Estado de Nuevo León son juez y parte. Esto hace las cosas aún más difíciles.

Toda la premisa de la que partió Medina -suponiendo su buena fe, cosa que está por demostrarse-, es que la presencia de la armadora “detonaría” no solo la zona de Pesquería, sino que sería una catalizador para un gran despegue económico del Estado. Esta teoría del dominó positivo tiene mucho de válido, pero a como se realizó, quizá se pueda convertir en un verdadero desastre de imagen y credibilidad.

Lo menos que se puede decir es que Medina quizá hizo lo correcto, pero muy mal hecho. Ahora los directivos de Kia pueden argumentar perfectamente que ellos contrataron con todo un Estado, como es Nuevo León, y que si sus representantes no supieron lo que hicieron, Kia no tienen por qué pagar por esos errores. 

Hay un principio jurídico en el sentido de que nadie se puede valer de su propio dolo. Es decir, no se vale que yo celebre un contrato haciendo declaraciones falsas o promesas imposibles de cumplir y luego alegue que no cumplo precisamente porque el contrato está teñido por dolo o mala fe. 

No se puede ni pensar en dar para atrás al contrato. Las instalaciones están ya construidas en gran parte y a Kia no le queda de otra más que pelear por que le cumplan. Si Rodrigo se equivocó o si dio feria de más, que el Gobierno le reclame a él, pero ni modo que desmantelen todo y se vayan de aquí.

El punto residual, que está como espada en el aire, es qué sucede con Nuevo León. No tiene dinero a la mano con el cual cumplir con todos los compromisos adquiridos por el anterior gobierno. No hay con qué hacer la avenida, ni con que remover un tubo de gas que pasa por debajo, ni con que hacer las espuelas de ferrocarril, ni con qué terminar las obras de electrificación.

La ruta crítica de los coreanos se ha vuelto muy frágil. Es decir, la secuencia de actividades necesarias para que su plan de producción de automóviles se pueda llevar a cabo sin interrupción, está muy amenazada. Ya no queda nada de tiempo para jugar un poco al estira y afloja. 

Nuevo León trajo a Kia para impulsar su propio desarrollo. Pero si no cumple cabalmente, o sucede algo que impida a Kia sacar adelante su proyecto, entonces todos los beneficios de los sacrificios fiscales y qué sé yo, se vendrían abajo. La publicidad negativa para el estado sería a tal grado perniciosa que, quizá de esa cama ya nunca nos levantaríamos. Un fiasco de esa envergadura sería una hecatombe.

El honor de Nuevo León está en juego. Nuestro futuro está en juego porque, como dicen por allí, nunca hay una segunda oportunidad para generar un buena primera impresión. Hay que enfrentar el problema como adultos maduros y sacar adelante el proyecto. Con Medina ya se encontrará la manera para traerlo a rendir cuentas y pagar sus pecados.


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