Fingiendo ser demócratas

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Por: Alejandro Díaz

La semana pasadas finalmente reveló lo que el inquilino de Palacio anteriormente negaba. Se quitó la máscara de demócrata con la que se ha presentado al menos desde el 2000. Si bien en cada discurso mañanero insiste una y otra vez en la importancia de la democracia, con unos cuantos hechos desmintió lo que predica y se mostró autócrata. Invitar a presidentes, incluso a los autoritarios, a una reunión puede considerarse el cumplimiento de una obligación, pero invitar a un dictador a pronunciar el discurso central en la fiesta nacional fue imperdonable.

Convirtió la Fiesta Nacional en un acto de propaganda. Se olvidó de mencionar los valores de los mexicanos, incluyendo los de los héroes que nos dieron Patria. Se olvidó de hablar de familia, de libertad, de respeto y de solidaridad. Sin rubor alguno le permitió a quien tiene sujetos a sus conciudadanos a terribles condiciones de vida, a quien reprime a todos los que osan levantar la voz, en vez de decirle los valores que valoramos, y que aún tenemos, los mexicanos. ¿Acaso el inquilino de Palacio intenta -sin decirlo- que México siga el ejemplo del régimen dictatorial de Cuba?

Para complicar aún más el antifestejo patrio solicitó -en contradicción con la Doctrina Estrada- a los Estados Unidos que suspendan un bloqueo que por cierto sólo existe en la mente del gobierno cubano, y en la de él. Cuba comercia con todo el mundo e incluso le compra productos a ese país. Lo que no hace, porque no le conviene, es enviarle mercancías porque corre el riesgo de que estos embarques sean incautados por demandas pendientes por viejas expropiaciones no pagadas.

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La reunión subsecuente de la CELAG a la que asistieron los dirigentes autoritarios de Cuba y Venezuela fue acotada exitosamente por los presidentes electos democráticamente de Paraguay y Uruguay. Sólo faltó que el inquilino o el titular de la SRE hubieran intentado defender a esos opresores de sus pueblos. Así falló la peregrina idea de sustituir a la OEA por una asociación sin la participación de EUA.

Desgraciadamente para México es que no sólo ese inquilino gusta de que todo sea hecho a su modo. Lo mismo modo sucede no sólo en su partido MORENA, sino también en las dirigencias de la mayoría del resto de los partidos. Es un mal que trasciende a prácticamente todos los organismos políticos del país, traicionando la democracia que dicen defender. Siguen normas y lineamientos internos para elegir candidatos y autoridades, pero siempre encuentran forma de imponer a sus incondicionales.

Declaran su rechazo al autoritarismo de la autoridad federal y al mismo tiempo copian sus métodos con medios más sutiles pero igual de autoritarios. Del PRI y de Movimiento Ciudadano no extraña, pero sí del PAN que por años estuvo comprometido en luchar contra el autoritarismo. Tanto en la elección del presidente del comité ejecutivo nacional como en las de varios presidentes estatales se han privilegiado reelecciones o a candidatos a modo en vez de abrir la elección a ciudadanos sin compromisos en asambleas abiertas. La comisión electoral nombrada para resolver desavenencias y evitar problemas mayores resultó ser una comisión a modo que sólo resuelve a favor de la actual dirigencia.

La ciudadanía lleva ya varios años creyendo cada vez menos en los partidos, y las actitudes autocráticas de éstos fortalecen esa visión. En vez de buscar atraer con el ejemplo, muestran que sólo les interesa conservar los puestos y mantener el control. Así no llegarán muy lejos, si es que sobreviven a estos lastimosos episodios. México requiere partidos realmente democráticos  para salir adelante.

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