Errores de cálculo

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Dicen que los errores se pagan pero hasta este momento no hemos visto que la derrota del 5 de junio la haya pagado ningún gran estratega. Como si no hubiera habido error y todo fuera por el mérito de los partidos opositores. Como si las victorias de la oposición fueran sólo por su trabajo, la calidad de candidatos y los programas propuestos.

Los gobernadores que no lo hicieron bien fueron los primeros en sentir las consecuencias. Con su derrota (5 del PRI y dos de alianzas PAN-
PRD) vendrán las obligadas consignaciones si hay sospecha (o certeza) de malos manejos por parte de titulares y subordinados. Seguramente hay elementos honestos pero hubo quien despilfarró la hacienda estatal, aumentó la deuda y no hizo obra pública, incluso sin pagar a proveedores.

La corrupción y la impunidad imperantes en los gobiernos (locales y el federal) incidieron fuertemente en el resultado de esas elecciones. No hay transparencia en la asignación de obra pública ni se ha actuado con energía en casos flagrantes de abusos, cuando más se le ha pedido la renuncia a quien usó un helicóptero público para usos privados. No hay una exigencia clara de honestidad. Estos temas, que muchos priístas consideran detalle menor, fueron la principal causa de su derrota.

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Algunos consideran que su obrar no afectó la elección, como el Secretario Videgaray, pero tanto Chihuahua como Tamaulipas -estados afectados- sintieron el agravio del brusco aumento del IVA fronterizo. En el resto del país también resienten la Reforma Hacendaria que aumentó la recaudación a costa del ingreso de pequeñas y medianas empresas. Son molestias que durarán mientras no se encuentre cómo recaudar sin inhibir el desarrollo de las PYMES.

Por las razones enumeradas, y otras más, la presente administración federal no goza del beneplácito de la población y tiene uno de los menores índices de aceptación de la historia reciente. En vez de atender las causas de los problemas y corregirlas, funcionarios y asesores han propuesto distractores. Desde campañas de desprestigio a opositores, informativos sesgados y falsos hasta iniciativas de ley no consensadas como la despenalización de la mariguana y los matrimonios igualitarios. Todas ellas sólo lograron aumentar el rechazo de la población.

En resumen se puede decir que ha habido malos cálculos políticos, porque quienes proponen las grandes decisiones siguen pensando que México es el mismo de hace cinco sexenios. Siguen buscando corregir los efectos dejando intactas las causas, por conveniencia o por inercia. Creen que la máxima del Gatopardo (cambiar algo para que todo siga igual) es aún válida en México.

Incluso manipularon las encuestas para mostrar cómo crecía la aprobación de sus candidatos hasta que la realidad mostró quienes eran en verdad. Por eso la población seguirá negando el voto a quienes gobiernen sin ética, sin administrar los dineros públicos con honradez, y con transparencia. Es necesario cambiar el discurso, y sobre todo las acciones, no hacer cálculos políticos erróneos.


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