Emulando al gran dictador

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Por: Alejandro Díaz

El genial Charles Chaplin realizó la película satírica y crítica “El gran dictador” en 1940 contra el nazismo, especialmente contra Hitler, pero también contra todas las dictaduras. Saltando obstáculos y remando a contracorriente en un país que tardó en decidirse en apoyar o combatir a esa corriente política, presentó una visión cómica de un dirigente que tenía muchos admiradores. Aunque ya había comenzado a perseguir personas de origen judío, aún no se sabía de los horrores de los campos de concentración que cambiarían la apreciación de sus seguidores.

Su crítica al dictador la basó en los sueños de grandeza del dirigente alemán que había mostrado durante los Juegos Olímpicos de 1938 que los había usado como propaganda. Ciertamente Hitler había logrado renacer el orgullo alemán y la industria alemana desde las cenizas de la Primera Guerra Mundial. Mediante acciones y mensajes efectivos, motivó al pueblo alemán y acalló toda crítica. Desmontó el control del parlamento e impuso un férreo control sobre los medios de comunicación, y luego sobre la sociedad entera. Simultáneamente a los Juegos Olímpicos reinició el reclutamiento militar y propició el rearme bélico a pesar de las prohibiciones expresas desde el conflicto previo.

Los sueños de grandeza de Hitler incluían unir -bajo su conducción por supuesto- a todos los germano-parlantes de Europa aunque fueran nacionales de otros países. Exaltó la supremacía de la raza aria sobre los demás pueblos y multiplicó las expresiones culturales en favor de su sueño. Pero al mismo tiempo aumentó la presión gubernamental sobre la población de la propia Alemania y la de los países ocupados, mediante la supresión de libertades, inclusive el genocidio.

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La sátira de Chaplin es aplicable a todos los jefes de Estado que sufren de megalomanía y no aceptan crítica ni consejos, incluso inhibiendo al Poder Legislativo. No solamente fue contra Hitler sino contra muchos más, tanto de su tiempo como todos aquellos que tienen el mismo padecimiento. Con mensajes visuales impactantes como el ‘gran dictador’ jugando con un globo que representa al planeta, Chaplin muestra lo que mueve la locura de los dictadores, y el daño que pueden causar.

Algunos dirigentes latinoamericanos se han comportado de manera similar al ‘gran dictador’ (Perón, Trujillo, Rojas Pinilla, Somoza, Stroessner, etc.) y algunos siguen haciéndolo abiertamente como Daniel Ortega, Miguel Díaz-Canet o Nicolás Maduro. Pero hay muchos más que los enunciados en la lista que cada quien puede completar.

En el caso mexicano hemos tenido varios casos no tan extremos como los  anteriores pero que sí han intentado imponer sueños grandiosos como Echeverría y su intento de estatización generalizada, López Portillo y la ‘Administración de la abundancia’ o el actual de ‘Primero los pobres’. Sueños grandiosos que la realidad puso en su lugar aunque no externaran que nunca hicieron lo suficiente para hacerlos realidad.

De los anteriores sexenios ya se encarga la historia pero del actual debemos hacernos responsables todos. La clase dominante ciertamente ha terminado con la pobreza propia y de los cercanos a ellos; los pobres que históricamente han sufrido carencias siguen igual o peor. Aún más grave, ha aumentado el número de pobres mientras recursos disponibles se emplean en proyectos faraónicos de dudosa utilidad social. Al inquilino de Palacio no se le ha visto jugando con una pelota que represente al mundo, pero sí intentando jugar un deporte típico de zonas cálidas en vez de atender los requerimientos básicos de los ciudadanos, incluyendo a los más pobres. Pobre émulo del ‘gran dictador’.

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