El turno de las organizaciones ciudadanas

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Estrenando su novedosa categoría de candidatos independientes, 125 ciudadanos contendieron en los pasados comicios por obtener los votos para llegar a ser gobernador, presidente municipal, diputado federal o local.

Se confirmaron los triunfos de al menos cinco. El más connotado fue Jaime Rodríguez Calderón, El Bronco, que superando los pronósticos ha llegado a la gubernatura de un estado tan importante como Nuevo León. A la lista se añaden Alfonso Martínez Alcázar y José Alberto Méndez Pérez como presidentes municipales de Morelia y Comonfort,  Manuel Clouthier Carrillo como diputado federal por Sinaloa, y Pedro Kumamoto Aguilar, como diputado local en Jalisco.

Estos resultados han hecho historia, no sólo por inaugurar una nueva figura electoral sino por vencer, con escasos recursos, al sistema político. Son hitos tan importantes en nuestra evolución democrática como lo fue en 1988 la “caída del sistema”, la aceptación en 1994 de los observadores electorales extranjeros, la instalación en 1997 de la primera Cámara de Diputados sin mayoría del PRI y, finalmente, el triunfo de Vicente Fox en 2000.

El éxito de los independientes es un aviso a los partidos de que,  llegado el caso, lo que cuenta es el respaldo popular. Las deficiencias del aparato electoral son  más estorbo que la cooptación de votos con regalos o con dinero a sectores necesitados cada vez más escépticos de promesas de campaña. 

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La evolución de la democracia ha sido lenta aquí, como en todos lados. Las organizaciones cívicas mexicanas, sus más importantes impulsoras, son herederas de los clubes antirreeleccionistas de principios del siglo XX. En nuestros tiempos surgieron ADESE, el Grupo “San Ángel”, como foros de expresión de los pasos que estaban por darse. Antes de Alianza Cívica, el Consejo para la Democracia, había iniciado en 1992 las “cuentas rápidas” hoy día convertidas en instrumento normal del INE para muestrear resultados electorales con rigurosa precisión estadística.

A la presión de esas organizaciones ciudadanas debemos la creación de la credencial con fotografía e  instituciones electorales federales y locales de las que hoy nos valemos para realizar comicios independientes del gobierno. Gracias a sus esfuerzos hemos llegado a la etapa en que, salvo excepciones siempre denunciables, los funcionarios y legisladores que llegan a sus cargos son producto de la decisión ciudadana.

Toca seguir adelante, perfeccionando sistemas, mejorando leyes, agilizando procedimientos y reduciendo los estrambóticos costos de nuestra democracia que en estos comicios fueron de mil 170  millones de pesos para elegir a sólo a 500 diputados. La tarea para los siguientes tres años es la de llevar a su fase participativa nuestro convivencia en la democracia. Ello comienza por exigir a cada uno de los que llegaron a puestos públicos el cumplimiento de sus promesas y obligaciones. Esta tarea es permanente.

2015 marca otra etapa de la evolución de la democracia en México. Los grupos cívicos actuales están llamados a dedicar sus esfuerzos a tres tareas: en primer lugar, la de vigilar y evaluar la actuación y el comportamiento ético de los funcionarios y legisladores, en segundo lugar mejorar las leyes electorales nacionales y locales para asegurar su confiabilidad y en tercer lugar ceñir la actividad de los partidos políticos a normas para que respeten y promuevan los intereses generales del pueblo y no sean feudos de poder de unos cuantos.

La participación ciudadana que ahora fue de alrededor de 50%, se incrementará si se estimula al electorado con el efectivo respeto a sus demandas básicas más urgentes como son empleo, educación  y seguridad.

Sin esta persistente vigilancia de la mayoría de los ciudadanos, la democracia se estancará y careceremos una vez más de los elementos suficientes para juzgar los méritos de los servidores públicos que en 2018 se lancen a reelegirse.

No hay que perder tiempo. Debemos hormar con una acción ciudadana persistente y efectiva, la calidad de nuestros gobernantes que nos deben sus puestos y en nuestro nombre, ejercen sus responsabilidades. La evolución en la práctica de la democracia se realiza por etapas. Su motor es la persistencia.


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