El regreso de la dictadura perfecta

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Según los resultados preliminares oficiales, en la elección extraordinaria de Colima, el partido más votado fue el PAN

En Colima el PRI no es mayoría pero el Poder Ejecutivo seguirá en sus manos. El sexenio bajo la responsabilidad de Ignacio Peralta, con fecha de vencimiento en 2022, se sumará a los 23 gobiernos que el Leviatán tricolor ha poseído ininterrumpidamente en esa entidad desde 1927, cuando el gobernador Laureano Cervantes y los partidos locales: el Independiente y el Liberal Colimense, quedaron encuadrados dentro de la maquinaria electoral del estado posrevolucionario.

La dinastía de estos gobiernos comenzó con el abuelo, Partido Nacional Revolucionario (1929-1938), siguió con su vástago, Partido de la Revolución Mexicana (1938-1946) y su septuagenario nieto, el Revolucionario Institucional (1946-… ¿hasta la consumación de los siglos ?). La misma genealogía partidista habrá gobernado la entidad 95 años, casi un siglo. Salvo las monarquías sobrevivientes en algunas naciones, con casas reinantes centenarias, en el mundo republicano no hay nada semejante; ni siquiera las dictaduras de partido más longevas pueden presumir este récord de permanencia en el poder. ¿Alguien duda que estamos ante la dictadura perfecta?

Según los resultados preliminares oficiales, en la elección extraordinaria de Colima, el partido más votado fue el PAN. Obtuvo 108 mil 604 sufragios (39.53%). Atrás quedó el PRI con 91 mil 566 votos, (33.33%). Les siguen: Movimiento Ciudadano, 33 mil 237 (12.09%), PVEM, 10 mil 647 (3.87%), Panal, 10 mil 607 (03.86%), PT, 5 mil 952 (02.16%). PRD, Morena y Encuentro Social no alcanzaron los mínimos necesarios para mantener su registro local. A pesar de que Acción Nacional es la fuerza política con mayor respaldo popular su candidato no será el próximo gobernador.

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Lo que favorece a Nacho es la engañifa formada por tricolores, verdes, rojos y turquesas, juntos sumaron 118 mil 772 votos (43.23%). Esta jugada de apariencia aliancista es la égida del PRI; la misma de las elecciones del año pasado para la renovación de la Cámara de Diputados y en las elecciones locales. De esta manera, con el 29% de los votos, se hizo de la mayoría de las curules y reconstruyó el control presidencial sobre el Congreso de la Unión. 7 de cada 10 mexicanos no vota por el PRI pero este partido se enseñorea de la nación. La estrategia no es de factura reciente, la vienen aplicando y perfeccionando hace años, ello le ha permitido detentar muchos espacios de poder y conservar su condición hegemónica en la política mexicana, sin contar con el apoyo de “las mayorías”.

Es la aplicación de la regla de oro: divide y vencerás. El publicitado nuevo PRI no es una organización democrática moderna. Renovó su modus operandi, de ser un aparato exclusivamente corporativo mutó a holding multipartidaria. A través de diversas fachadas, con agentes políticos subordinados, recoge los votos de un electorado que mayoritariamente no lo respalda pero los reconduce a su molino. Al mismo tiempo alimenta la pulverización de la oposición. Combate las alianzas entre el PAN y el PRD, al grado de cooptar a sus dirigentes para reventarlas. Con todas las herramientas del poder, legales e ilegales, sale avante en la competencia electoral. La perfidia del autoritarismo autóctono, bautizado por Vargas Llosa como dictadura perfecta, luce en estos días en todo su esplendor.

A este escenario se añaden las candidaturas independientes. La cerrazón de las oligarquías partidistas alimenta el fenómeno y no hay la menor duda que, en algunos casos, el propio PRI las prohijará. Los mexicanos demócratas, la mayoría dispersa, debe hacer un alto en el camino. No es tiempo de mezquindades y narcisismos. Con altura de miras deben sumar fuerzas para


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