El precio de una salud austera

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Por: Francisco Moreno Sánchez

La sobrevida del ser humano aumentó de 47 años en el 1900, hasta los 79 años en el siglo XXI. En México, el Conapo informó en el 2019 que la esperanza de vida era de 75.1 años en promedio y que para el 2030 se alcanzarían los 76.7 años.

El aumento en la expectativa de vida se debe a múltiples factores, entre los que sobresalen: la vacunación que disminuye la mortalidad infantil, mejores hábitos higiénicos, cambios nutricionales y el desarrollo de una alta tecnología en las ciencias de la salud. El vivir más conlleva un mayor gasto para mantener sana una población que envejece en la pirámide poblacional. Se busca que junto con la cantidad exista una buena calidad de vida. La aparición de enfermedades crónico degenerativas como diabetes, hipertensión arterial, cardiopatías, cáncer, demencia, aumenta conforme la vida se alarga. Durante las últimas décadas se han buscado programas preventivos que puedan disminuir el costo de las complicaciones de estos padecimientos y así mantener a la población activa y sana, a pesar del incremento en edad.

Los que nos dedicamos a la salud hemos aprendido que, a través de guías médicas, tanto de diagnóstico como tratamiento, se puede lograr una actividad médica más eficiente, pero eso no implica necesariamente que la atención sea más barata. Se requiere de tecnología para llegar a diagnósticos más precisos, también se han logrado desarrollar nuevas terapéuticas, muchas de ellas muy costosas, lo que lleva a un gasto alto en la atención de los pacientes. El presupuesto destinado a salud en muchas partes del mundo se ha incrementado conforme su población es más añosa.

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Durante la pandemia por SARS-CoV-2 en México, se decidió realizar un plan austero, un modelo centinela, la realización de pocas pruebas diagnósticas, ante una nueva enfermedad que requería de la realización de millones de ellas para evitar la diseminación del virus. En el reporte de worldometers.info/coronavirus del 28 de mayo del 2021, México ocupa el lugar 163 en el mundo en cuanto al número de pruebas realizadas por millón de habitantes. Siendo que somos el cuarto país en número oficial de fallecidos. Reportes realizados con base en el exceso de mortalidad comparada con años anteriores estima que la mortalidad en México ha sido mayor al medio millón de personas. La falta de equipo de protección personal contribuyó a que seamos el país con el mayor número de trabajadores de la salud finados durante esta catástrofe, equipo que es caro, pero que constituye la mejor protección para quienes atendemos a estos enfermos.

La falta de insumos, equipo médico y de medicamentos necesarios para el tratamiento de pacientes críticos provocó la alta mortalidad observada en las instituciones de salud pública donde más del 30% de los pacientes que fueron atendidos perdieron la vida. En el estudio publicado por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), «Impacto de los determinantes sociales de la Covid-19 en México», se documentó que el 92% de los decesos por esta infección ocurrieron en instituciones públicas de salud, con la mitad en el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS). Existiendo hospitales donde no se contaba con sedantes, relajantes musculares, analgésicos y anestésicos; fármacos que no solo pueden evitar la muerte, sino que también disminuyen el sufrimiento de los enfermos.

Los medicamentos para el tratamiento de enfermedades crónico degenerativas con alta prevalencia en el país, como son diabetes e hipertensión, han sufrido un enorme desabasto, ni qué decir de terapias más costosas como inmunosupresores para pacientes trasplantados, quimioterapia para enfermos oncológicos e incluso antibióticos de nueva generación para infecciones nosocomiales. Estas carencias ya empezaban a existir antes de la pandemia, ahora el problema es muy grave, pronto empezaremos a tener enfermos con complicaciones por el mal control de estos padecimientos, lo que a su vez implicará un mayor gasto en salud.

La investigación se ha visto terriblemente afectada con los recortes presupuestales, lo que conlleva un menor desarrollo de medicamentos, biológicos, incluyendo vacunas, que de producirse en nuestro país pudieran disminuir el gasto en importación que se requiere para tener lo necesario para tratar y prevenir estas enfermedades. Al disminuir la investigación se aumenta la dependencia en la adquisición de terapias que seguramente podrían generarse en México y con ello aumentar nuestra autosuficiencia.

La austeridad en salud sale cara, el mejor ejemplo ha sido el manejo de la pandemia, en donde el ahorro en pruebas diagnósticas ha resultado en un costo enorme en vidas humanas. Cientos de miles de mexicanos no tuvieron la atención que se merecían. Pareciera que ahora la salud se ha vuelto un lujo al cual no tenemos derecho y no nos percatamos de que el costo de la austeridad está enfermando a nuestro país.

El autor es Médico Internista

e Infectólogo de México.

@DrPacoMoreno1

Fuente: www.reforma.com


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