El perdón de los políticos

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Hace mucho más daño fingir que no pasa nada.

El pasado fin de semana, durante la presentación del movimiento «Yo Con México» que busca dignificar la política así como difundir acciones realizadas por el ciudadano común para mejorar su entorno -pero para nadie es un secreto que se trata de una importante plataforma para la elección presidencial del 2018-, Margarita Zavala señaló que el PAN debía pedir perdón a la militancia y a la sociedad por haber postulado a una diputada local en Sinaloa con presuntos vínculos con el Chapo Guzmán.

La posición asumida por la ex primera dama ha generado controversia al interior de Acción Nacional ya que además de que no falta quien considere que reconocer «errores» como este afecta al partido -sin darse cuenta que hace mucho más daño fingir que no pasa nada-, algunos lo han interpretado como un ataque contra quien detentaba la dirigencia al momento de la postulación, e incluso han acusado que con ello se le hace el juego al gobierno en su estrategia para desprestigiar al PAN. Independientemente de lo que haya sido, qué bueno que se abra la discusión ante un tema tan delicado y que lamentablemente no es excepción.

Sin duda la revelación de que la diputada Lucero Sánchez falsificó documentos oficiales para visitar a Guzmán Loera en el Penal del Altiplano -y que al parecer pasó con él la última noche del año con lo que quedaría demostrado el nivel de cercanía- representa otro duro golpe a la credibilidad del PAN, ya que si bien es cierto que no se le puede responsabilizar de la conducta de todos sus integrantes, también lo es que cuando menos tiene un deber de cuidado y por tanto está obligado a revisar los antecedentes y dar seguimiento de aquellos a quienes apoye para ocupar un cargo de elección popular, máxime si se trata de candidaturas externas como fue la de la señora Sánchez.

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Por supuesto no puedo coincidir con el argumento -muy socorrido por la clase política y particularmente por el PRI- respecto a que las instituciones no son responsables de los actos de los individuos que las integran, pues representa una salida fácil y hasta ofensiva para el ciudadano. También tengo claro que si hiciéramos un recuento de casos graves en los que, con un poco de vergüenza, partidos y gobiernos deberían pedir perdón a la ciudadanía nos llevaríamos un muy buen tiempo y quizá este espacio sería insuficiente.

Sin embargo no estoy convencido que ese sea el mejor camino, y de hecho podría ser irrelevante si no va acompañado de un sincero arrepentimiento y sobre todo de sanciones y medidas que garanticen la no repetición. Por ejemplo habría que preguntarse de qué ha servido la tímida disculpa de la dirigencia del PRD por la postulación de Abarca como candidato a presidente municipal de Iguala con los resultados de todos conocidos, cuando no ha tenido mayores consecuencias y siguen tolerando a personajes de muy dudosa reputación?

Y del PRI mejor ni hablar, ya que reiteradamente han dado muestras de que la protección que brindan a los suyos llega a límites insospechados a pesar de las evidencias y del daño causado siendo los de Tomás Yarrington, Fidel Herrera, Eugenio Hernández y Humberto Moreira muy buenos ejemplos.

Si realmente el Partido Acción Nacional está dispuesto a reivindicarse frente a la sociedad y va en serio el compromiso de Ricardo Anaya para su transformación, no tiene otra opción  que reconstruir la historia que dio lugar a la postulación de la Diputada Lucero Sánchez, identificar a los responsables y si se trató de un terrible descuido o existió un acuerdo de alguna otra naturaleza, sancionar con rigor e implementar mecanismos que permitan blindar los procesos de selección de candidatos y dirigentes.

La destitución del Coordinador del Grupo Parlamentario en el Congreso de Sinaloa es un paso importante pero falta mucho para ver hasta donde llegan. Por lo pronto, que se guarden sus disculpas!


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