El panismo real y ficticio en los congresos

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Acción Nacional, al menos quienes se identifican con los llamados “doctrinarios”, esos que NO dan vacaciones a la doctrina, recuerda con orgullo y con nostalgia, las grandes aportaciones de legisladores panistas de “los buenos tiempos” del partido, de las grandes luchas por el bien común.

Y no es que ya no haya buenas aportaciones panistas en cuestiones legislativas locales y federales, lo que está faltando sin embargo es una labor general, no casuística, de buena política humanista. Los legisladores de las fracciones panistas en los congresos se distinguen ahora en algo nuevo: los hay buenos, mediocres y… malos.

Los diputados mediocres del PAN, son los que no hacen ni bien ni mal, esos que como en el Evangelio desperdician los talentos recibidos. Su trayectoria trienal demuestra que nunca debieron ser candidatos, pero llegan a sus curules, a calentarlas y recibir sus dietas y prebendas. Pero estos son el menor de los problemas.

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¿Qué está pasando en los últimos trienios legislativos, a nivel local y federal? Algo que no pasaba antes: diputados supuestamente panistas que traicionan abiertamente los principios del partido, votan lo indeseable, aprueban dictámenes presupuestales vergonzosos y hasta renuncian al PAN y se pasan de inmediato a otros partidos.

Estos son los malos panistas, y lo grave es que son muchos, y muchos porque, tras una minuciosa selección de candidatos a diputados, por mayoría o plurinominales, prácticamente no debería haber casi ninguno (casi porque no faltan los Judas en toda buena organización humana). Algo grave: de muchos, estos hechos no han sido sorpresa, podía esperarse esa conducta.

Diputados que se suponen están en la línea de principios del humanismo político, votan a favor de leyes o enmiendas que van en contra de esos principios. Si sus decisiones son tales ¿por qué llegaron a representar al panismo como legisladores? Algo estuvo mal, muy mal desde que fueron seleccionados o nombrados candidatos.

No hay duda alguna que los malos legisladores del panismo en general llegaron a serlo por lo que se conoce como “cuatismo” (antes amiguismo), porque pertenecen a grupos de poder en comités del partido que no se han distinguido ni por su honestidad, ni por la democracia interna y tampoco por la transparencia en el manejo de los dineros. En otras palabras, buena parte de los malos legisladores del PAN, ya traían mala trayectoria, nada fue novedad en el Congreso.

Ha habido grupos de diputados locales que abiertamente se han dejado sobornar por los ejecutivos (de otros partidos), para que les aprueben cuentas públicas que esconden enormes corrupciones, o leyes al gusto. ¿Podemos creer que lo hicieron de gratis, o por simple pereza de analizar dichas cuentas o iniciativas?

Dentro de los nuevos, flamantes diputados del PAN, en la LXIII legislatura federal y en otras locales, hay algunos que cargan con acusaciones de trayectoria vergonzosa, de haber llegado a sus candidaturas, o haber sido seleccionados e impuestos por camarillas que se turnan el poder público y partidario. Y no podrían negarlo, por eso siempre ante las acusaciones, guardan silencio.

¿Qué se puede hacer respecto a los flamantes legisladores que ya están en sus curules, con todo y su fuero trianual, y que tienen señalamientos negativos? Nada para que desaparezcan, pero sí para que los buenos militantes y sobre todo los dirigentes y líderes leales a la doctrina, los vigilen, señalen, denuncien, lo que hagan mal y también lo que hagan bien, claro.

Con las promesas de campaña del nuevo presidente nacional, Ricardo Anaya, es absolutamente necesario que el CEN, antes que nadie, y los comités locales, sigan la pista, que además es pública, de cada diputado, para ver que en sus propuestas, sus discusiones y sobre todo en sus votos, se mantengan en estricto apego a la doctrina y plataforma de Acción Nacional.

Quien traicione la doctrina del humanismo político debe ser sancionado, amonestado y hasta expulsado por traidor. Más vale un voto menos en las cámaras que un voto traicionero. Ya no se puede solapar a los malos legisladores en el partido, pues en general, hasta ahora se van de sus curules con su traición y sin castigo alguno.

Para la militancia y de nuevo en especial para las dirigencias, y dentro de una disciplina general de combate a la corrupción y a medidas anti-humanistas de gobiernos y legislaciones, la vigilancia estricta del actuar legislativo debe ser tarea permanente. Ya no se pueden solapar escándalos mediáticos, en que supuestos legisladores “panistas” legislan contra el PAN.

Y los flamantes diputados que tienen señalamientos contrarios por parte de otros panistas y de observadores calificados, lo que tienen que hacer es apegarse a los compromisos con el país, a través del partido, en vez de al compromiso con grupos de poder, internos y externos. No dejarse comprar, ni presionar contra la recta conciencia, ni hacerse los inocentes de “es que yo no sabía o no entendía de qué se trataba”.

En todo esto, la responsabilidad de las dirigencias nacional y locales, y de las coordinaciones parlamentarias, es fundamental. Por ellos debe empezar el ejemplo de cuidar que toda labor legislativa se apegue a la doctrina, a las plataformas del partido y, sobre todo, a la búsqueda del bien común nacional.

Si vuelven a dejar pasar las malas conductas, como ha ya sucedido, enfrentarán una gran demanda de responsabilidad por los buenos militantes, y por la misma ciudadanía. Porque lo más grave es que hasta ahora, las traiciones de legisladores a Acción Nacional, se han ido sin consecuencia alguna de sus malos actos. Que no vuelva a suceder.


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