El PAN y su nuevo presidente

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La participación en un programa de televisión que tuvo hace unos días Ricardo Anaya, el nuevo presidente del PAN, fue a todas luces brillante. Sirvió para infundir nueva confianza en su partido, como factor indis-pensable en la evolución política del país, que parece haber entrado en profundo letargo. Fue prueba de cómo una sangre joven se apresta a renovar un partido que cumple 76 años de vida.

A las preguntas que se le formularon, Anaya respondió con concisión. No omitió los temas más preocupantes como el de la corrupción rampante que se ha adueñado del escenario nacional, el clima de violencia e inseguridad que amedrenta a la ciudadanía, el gran reto de la educación o los efectos en el presupuesto nacional de la caída en el precio del petróleo. Dejó en claro que el primer punto para restaurar la confianza ciudadana en el PAN está en recobrar su prestigio como paladín de los altos valores en la actividad política que, más que nunca, la coyuntura exige.

El año que se avecina es singular por el buen número de gubernaturas que una recelosa ciudadanía tiene que resolver, provocando especulaciones sobre las elecciones presidenciales de 2018.

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No sólo son los escenarios internos los que merecen cuidado esmerado. Hay otros escenarios, los que se ubican fuera de México, que requieren la atención de nuestro gobierno y, por ende, del PAN. Un ejemplo inmediato es la posición que México debe asumir frente al incidente de ocho de nuestros connacionales muertos, una de las víctimas, por cierto, una exdiputada panista, y otros más heridos durante un insensato y criminal bombardeo en Egipto. Estamos obligados como país apoyar a los deudos a demandar a Egipto un enérgico castigo a los descontrolados militares,  así como una fuerte indemnización para las familias de las víctimas.

El drama de las migraciones hacia Europa desde Siria o África tampoco nos es ajeno. No se puede permanecer insensible o desinteresado frente a esta situación que pide reaccionar de acuerdo con nuestras tradiciones. El Senado de la República y autoridades religiosas han llamado a la solidaridad mexicana para recibir algunos contingentes de desamparados. Hay que actuar.

Hay otros asuntos internacionales que corresponden a la posición que nuestro país ocupa en la estructura socioeconómica mundial. Todos los compromisos que convergen en nuestras relaciones internacionales tienen que ver, directa o indirectamente, con nuestro modo y ritmo de vida. Es clara la responsabilidad de los partidos políticos representados en la Cámara de Senadores. Son ellos los que deciden con su voto la aprobación o desestimación de nuestras relaciones externas. La respuesta de México a los diversos planteamientos que se dan en un mundo convulso es asunto que demanda la opinión y contribución de los partidos políticos.

El futuro de nuestro desarrollo económico y social está, también, de por medio. Un caso es la respuesta que hay que dar frente al inminente Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP) y su relación con nuestro desarrollo que hay que aquilatar con extremo cuidado. Otro ejemplo puede ser la agenda de organismos regionales y mundiales en materia de cambio climático, de legislación laboral, reglamentaciones farmacéuticas o asuntos migratorios.

Los partidos políticos tienen que estar pendientes de los asuntos internacionales, haciendo valer sus posiciones al gobierno. Desgraciadamente, parece que los líderes de nuestros partidos no han sentido necesidad de precisar directivas al respecto. La falta de ello puede dejar a la deriva la solución de un buen número de situaciones que afectan la vida nacional. Es notoria la laxitud oficial en cuestiones que debieran ser materia de opinión o incluso, definición oficial como en materia de violaciones en otros países de los principios democráticos o derechos humanos en que creemos. Viene a cuento las arbitrariedades del régimen dictatorial venezolano.

Los asuntos internacionales tienen, pues, tanta relevancia como cualquiera de las tareas que definen candidaturas, alianzas o creación de consensos en las lides políticas domésticas. La posición que un líder partidista tome en los dilemas de la política exterior traza no sólo sus éxitos electorales, sino la imagen exterior de su país. El papel del PAN en esta área es imprescindible. Esto no debe escapársele a Ricardo Anaya, que con tan buen paso inicia su gestión.


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