El efecto Beltrones

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Para muchos, en política todo se vale, pero para otros que son mucho más, ésta está sujeta a la ética. Aunque el propio Maquiavelo haya escrito: «Un príncipe, para conservar el poder, es a menudo obligado a ser perverso», el buen político sin dejar de ser astuto debe actuar siempre bajo una ética estricta en la búsqueda del bien común.

Como la política en México en los últimos 20 años se ha vuelto más competitiva, cada día vemos más casos en que se denigra al adversario, con razón y sin ella. Vemos más casos de candidatos que más que divulgar sus propuestas, dedican esfuerzos a denigrar a los adversarios o a sus partidos. A fomentar una guerra de lodo aunque a ellos también los salpique. No somos el único país del mundo donde sucede porque es práctica usual en los países democráticos, y también en los autocráticos.

En vez de atraer a simpatizantes, buscan desbaratar la imagen del adversario, aunque finalmente terminen afectando a toda la clase política.

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No en balde los ciudadanos de buena parte del mundo ya no creen en esa actividad ni en quienes participan en ella. Política y políticos están en los últimos lugares de la confianza ciudadana a causa de estos métodos.

Desde antes de la alternancia política en el Poder Ejecutivo Federal en el año 2000 ya se usaba para buscar descartar a los competidores o para ganar unos cuantos votos que harían la diferencia para ganar. Como hace 20 años se usaban tantos trucos para garantizar el triunfo, el denigrar al aniversario no llamaba la atención. Pero en el siglo XXI en que los robos de casilla, la suplantación de electores y la introducción de boletas falsas han desaparecido, destacan estrategias malvadas como ésa.

Hace poco más de un año, con la llegada al gobierno federal de un representante del «viejo PRI» como subsecretario, cambiaron estrategias y métodos. En poco tiempo se convirtió en presidente de ese partido, teóricamente «nuevo». Hábil político y burócrata capaz, en poco tiempo Manlio Fabio Beltrones mostró que los que mandan en el «nuevo PRI» tenían mucho que aprender. Su asesoría a la candidata de su partido al gobierno de Sonora se notó rápidamente, si bien los ataques no fueron sólo contra sus adversarios, sino también contra el gobernador, que provenía de otro partido.

Se dieron múltiples ataques en la prensa salidos de una mano invisible, que por supuesto la candidata priísta aprovechó para avanzar y triunfar. Las acusaciones iban desde abusos hasta malversaciones, desde una presa construida en su rancho hasta la apropiación de fondos públicos. Pero pasada la elección, cesó la campaña y hasta la fecha no se han presentado cargos al ahora exgobernador… la estrategia funcionó.

En la reciente contienda extraordinaria para gobernador de Colima, al candidato opositor fue acusado de cientos de pillerías, e incluso se divulgó una grabación que lo comprometió. Finalmente perdió el opositor, pero ninguna de las pillerías de las que fue acusado resultó en un caso legal. Otra vez funcionó la estrategia.

Cualquier candidato de la oposición debe saber que mientras siga en funciones el actual presidente del partido en el poder va a ser sujeto de ataques por motivos reales o inventados. Aunque no tenga cola que le pisen va a sufrir embestidas como las arriba anotadas. A cuidarse.


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