Los gobiernos de Morena han fomentado un discurso de odio desde el poder. Cada mañanera se utiliza para atacar, descalificar y estigmatizar a periodistas, miembros de oposición, expresidentes, empresarios, activistas y colectivos de la sociedad civil; es decir a todos los que no pensamos como ellos.
Lo denuncié desde un principio: el discurso de odio es el estilo de comunicar y de ser de Morena. No pasaría a mayor discusión si este discurso no se hiciera desde el poder del Estado. Aunque no hay una definición universal sobre el concepto de discurso de odio, en general todos coinciden en que tiene al menos las características que a continuación describo con algunos ejemplos:
1. Asocia con valores negativos a personas y a grupos de personas.
El discurso de odio comienza muchas veces con la construcción de un enemigo. Se utilizan etiquetas para presentar a determinados grupos como responsables de los problemas del país o como personas que deben ser rechazadas. Palabras como “neoliberales” o “fifís” se han utilizado de manera constante para descalificar a quienes no compartimos la visión del gobierno. Hay personas a las que se ha mencionado cientos o incluso miles de veces, acompañando su nombre de algún calificativo o acusación. La diferencia política la convierten en una descalificación.
2. Define a estos grupos en términos de su condición humana.
El discurso de odio busca reducir a las personas a una característica: situación económica, migrantes, doble nacionalidad, religión, aspecto físico, ideología política. En lugar de discutir ideas, se descalifica a la persona por lo que es o por el grupo al que pertenece. Ejemplos de esta característica sobran cuando se trata de un gobierno tan majadero como el que se tiene en México. Se ha utilizado el origen, la condición económica, la apariencia o las preferencias políticas como elementos para señalar quiénes son los “buenos” y quiénes son los “malos”.
3. Genera y propicia un clima social de hostilidad, rechazo, odio, intolerancia, discriminación, insultos y/o difamaciones en contra de esos grupos.
Ésta quizá sea una de las consecuencias más graves. Cuando el discurso viene desde el poder, deja de ser solamente una expresión política y se convierte en un acto de poder que crea las condiciones de polarizaciones violenta. Da permiso al insulto y la descalificación se vuelven normales. Además, cuando a la polarización se suma la mentira, el daño es todavía mayor, es el caso de los pensionados y a quienes todavía les deben las indemnizaciones.
4. Convoca a tomar alguna acción concreta contra la persona o el grupo a la que va dirigido el discurso.
El siguiente paso es pasar de la palabra a la acción. Y vaya que lo han hecho. Lo que ocurrió en Los Pinos contra Felipe Calderón es una muestra, pero también están los ataques constantes contra Alessandra Rojo de la Vega y contra quienes, desde distintos espacios, se atreven a cuestionar al gobierno.
Cuando desde el poder se señala reiteradamente a una persona, se le presenta como enemiga y se fomenta el rechazo hacia ella, se genera un ambiente en el que otros se sienten autorizados para atacarla. Por eso es especialmente peligroso cuando el discurso de confrontación proviene de quienes tienen responsabilidades de gobierno porque generan la certeza que habrá impunidad.
Morena pretende gobernar con base en el miedo que provoca y en la división que alimenta. Además de la corrupción, la alianza con los grupos criminales, los proyectos faraónicos inservibles, la destrucción de instituciones y la mentira pública, habrá que aumentar otro legado de los gobiernos de Morena: el discurso de odio. Frente a ese discurso no cabe más que la libertad y la valentía para expresarla.
@Mzavalagc









