El Des-Oriente de México

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El evento de mayor trascendencia geopolítica en el Medio Oriente de la última década es el deshielo iraní

No hay duda. El evento de mayor trascendencia geopolítica en el Medio Oriente de la última década no es el conflicto en Siria. Es el deshielo iraní. Así lo han entendido el papa Francisco, el presidente François Hollande o el primer ministro Matteo Renzi, quienes recibieron hace unos días al presidente de la República Islámica de Irán, Hasan Rohani. El último viaje de un jefe de Estado iraní se remonta a 2005, cuando su predecesor Mohamad Jatami visitó Viena y París. Él mismo había visitado Italia y Francia en 1999, convirtiéndose entonces en el primer presidente iraní que lo hacía desde la Revolución Islámica de 1979.

El Dorado Persa no lo es sólo por sus 80 millones de habitantes, su liderazgo en el Islam Chií, su cuarto lugar en reservas petroleras probadas después de Venezuela, Arabia Saudita y Canadá; su segundo lugar en reservas de gas después de Rusia. Lo es, sobre todo, por su situación privilegiada entre Europa y Asia, una geografía que le ha permitido tener una influencia determinante en el Oriente Próximo, no sólo por su política, sino también por su cultura. Y todo ello no sólo en la historia reciente, sino por siglos, léase milenios.

Los líderes del mundo saben que Irán está llamado a desempeñar un papel muy significativo para promover soluciones políticas a los añejos conflictos de esa región, y también reconocen que puede contribuir positivamente al combate del terrorismo y de la proliferación de armas nucleares a nivel global. Su influencia está llamada a crecer, y en una dirección constructiva y muy deseada.

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Su regreso a la comunidad internacional como resultado del éxito de las negociaciones del Acuerdo Nuclear firmado el pasado 14 de julio de 2015, explica que no hay semana sin una visita de nivel ministerial en Teherán. También explican la alfombra roja que las capitales europeas están extendiendo al presidente iraní en su última visita.

Pero a pesar de estas claras señales, México se desorienta en el Medio Oriente. Prefiere entrar por la puerta del país que rompe relaciones con Irán, Arabia Saudita, y en su visita a la región el Presidente olvida la importancia del equilibrio que México debe considerar en una incursión geográfica que sabemos no puede ser frecuente. ¿Por qué ningún secretario ha visitado Irán mientras cinco se aglomeran para acompañar al Presidente en su viaje al Golfo Pérsico?

Por supuesto que México debe hacer esfuerzos en materia de diplomacia comercial. Pero también es importante incorporar criterios geopolíticos y de política exterior más amplios a la hora de diseñar los destinos de un viaje presidencial. Ir a “promover la atracción de capitales, impulsar el crecimiento, la productividad y la prosperidad de México, y dar a conocer las políticas para la puesta en práctica de las reformas en los ámbitos económico, educativo, cultural, energético y de telecomunicaciones” a una región cuyo costo promedio de producción de barril de petróleo es de 5 a 6 dólares, mientras que el de México es de 22 a 25 dólares, es como querer madrugar al velador…

En este caso, como en otros, a lo mejor conviene que Medio Orienten a México.


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