viernes, junio 12, 2026
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Deuda al galope: 21.8 billones en 2027

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Órale, compadre, agarre aire porque la Secretaría de Hacienda ya soltó los Precriterios 2027 y la deuda pública no viene caminando, viene trotando como caballo desbocado. El gobierno calcula que para 2027 el saldo histórico de los requerimientos financieros del sector público llegará a 21.8 billones de pesos, un billón más de lo que habían dicho hace apenas siete meses. De los 16.7 billones con los que empezó este sexenio en octubre de 2024, se habla de un brinco de 5.1 billones en solo 39 meses. Eso es más rápido que en el mismo periodo del gobierno anterior.

La cosa pinta así: seguimos gastando más de lo que entra. El déficit se mantiene alto y el crecimiento económico sigue lento, con proyecciones entre 1.9 y 2.9 por ciento para 2027. Los especialistas ya suenan las alarmas: mayor presión sobre las finanzas públicas y riesgo real de que las agencias calificadoras le bajen el dedo a la nota crediticia de México. Porque cuando el gobierno gasta a lo grande en programas sociales, apoyos a Pemex y obras varias, pero la economía no responde con el mismo entusiasmo, alguien tiene que pagar la cuenta. Y ese alguien, como siempre, termina siendo el contribuyente de a pie.

Desde Palacio defienden que la deuda se mantiene “sostenible”, que anda por debajo del promedio latinoamericano y que el dinero se usa en proyectos que van a detonar crecimiento y reducir desigualdades. Suena bonito, ¿verdad? Pero cuando ves que la proporción deuda/PIB sube hacia el 55 por ciento y que el lento crecimiento no ayuda a diluir el pasivo, uno se pregunta si no estamos repitiendo la receta de siempre: pedir prestado hoy para tapar huecos y dejarle la herencia a los que vienen atrás.

Los analistas independientes no se andan con rodeos. Advierten que sin una reforma fiscal de verdad, sin controlar el gasto corriente y con un crecimiento que se arrastra, el círculo se cierra: más deuda, más intereses, menos margen para invertir en lo que realmente mueve al país. Y mientras tanto, el ciudadano de a pie ve cómo sus impuestos se van en intereses y subsidios, en lugar de escuelas, hospitales o seguridad que funcione.

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Al final, la deuda no es un número abstracto. Es plata que se debe y que tarde o temprano se cobra con impuestos, inflación o recortes. Prometer que todo está bajo control mientras la cifra sube más rápido de lo previsto suena a cuento chino. Habrá que ver si en los próximos meses ajustan el paso o si seguimos corriendo hacia el 21.8 billones como si nada. Porque al final, la fiesta la pagan todos, pero la resaca se la quedan las generaciones que ni siquiera han votado todavía.