Dejemos triunfar la cultura de la paz

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Las cifras de muertes por homicidio en México siguen en acenso, en 2007 fueron cerca de siete mil, el reporte oficial, para el 2013 nos encontrábamos rebasando los veintisiete mil. En muchos Estados de la República observamos cómo culturalmente la proyección que ha ganado terreno es la de la narco cultura dejando prácticamente en el olvido la cultura de la legalidad o la cultura de la Paz.

La narcocultura es un modo de vida que enaltece la forma de vivir del crimen organizado, ésta tiene sus expresiones culturales en la música, vestimenta, lenguaje y credos. En la música lo podemos encontrar en los llamados “narco-corridos”, por ejemplo “Movimiento Alterado”, se conforma por varios grupos y una de sus letras dice así: “somos sanguinarios, locos bien ondeados, nos gusta matar”. La vestimenta está marcada por aditamentos que muestran la fanfarrea de poseer mucho dinero, por ejemplo las camisas portan botones de oro, diamantes, las hebillas son de símbolos de algún cártel y en general adornos de todo tipo como anillos, cadenas, etc. En cuanto al lenguaje, es en general violento y muestra un conocimiento preciso del tipo de armas que usan los cárteles; también ha traído nuevos credos en el que se veneran, como a santos, a narcotraficantes, como Jesús Malverde. Todo esto es lo que está creando y nutriendo nuevos códigos culturales de ciertas zonas de México.

En contraste la propia UNESCO define a la Cultura de Paz como “una serie de valores, actitudes y comportamientos que rechazan la violencia y previenen los conflictos, tratando de atacar sus causas, para solucionar los problemas mediante el diálogo y la negociación entre las personas, los grupos y las naciones”. En México quien se apuesta por empujar la cultura de la paz tiene que enfrentarse constantemente a trabas gubernamentales y batallar para conseguir el recurso material para la ejecución de sus proyectos. Basta con ir a muchas de las ecoaldeas que se están esparciendo por todo el territorio mexicano.

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Políticos que han hecho del diálogo y la negociación el mejor instrumento para alcanzar la paz, son señalados por sus propios correligionarios violentamente, como recientemente observamos en el debate del PAN, donde Ricardo Anaya criticó severamente el hecho de que Javier Corral en varias ocasiones se haya entregado al diálogo con otras fuerzas políticas, cuando esa es y seguirá siendo la mejor forma de alcanzar la paz. La desmesura en Anaya es el ejemplo claro de cómo México sigue siendo el país de caudillos que ha impedido establecer un estado de derecho, es precisamente por políticos que aplican la máxima “el derecho soy Yo”; pues las reglas de la elección están hechas a su modo y beneficio.

 

Estas acciones llevan a la sociedad a creer que todos deben hacer lo mismo para obtener sus anhelos personales, violentando al otro, a las instituciones y tratando a las normas como una fulana. Si bien esto se da en todos los partidos, el buen juez inicia por su propia casa. Es precisamente esta cultura de ilegalidad; de violentar las leyes y la ética, lo que ha conducido al país a extremos de violencia y corrupción.

 

Todos somos corresponsables de lo que está sucediendo en México y requerimos rescatar el estado de derecho para alcanzar la cultura de la paz, como dice Ortega y Gasset en su obra La rebelión de las masas, “la paz, por ejemplo es el derecho como forma de trato entre los pueblos… no importa que no haya legislador, no importa que no haya jueces. Si aquellas ideas señorean de verdad las almas, actuarán inevitablemente, como instancias para la conducta a la que se puede recurrir. Y ésta es la verdadera sustancia del Derecho.


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