Ciudadanía cansada

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A falta de poco menos de un mes para el día de la elección en 14 entidades del país, la constante es que en varias entidades las campañas pasan sin pena ni gloria, pese a los escándalos mediáticos que hemos conocido. Para muchos ciudadanos, las campañas no son la ocasión para conocer las propuestas de quienes buscan un puesto de elección popular, sino una molestia que sería preferible evitar. Tan sólo el dato de que el abstencionismo esperado en algunos estados rondará el 50% nos indica el ánimo de la participación que se espera en junio próximo.

Ausencias electorales

No es una sorpresa escuchar que mucha gente está cansada de las campañas electorales, pese a que en una anterior reforma política se acotó su duración por el mismo motivo, además de conocer que en comicios estatales acuden a las urnas menos del 40% de los inscritos en el padrón electoral, como ha sucedido en Baja California, entidad que este año tendrá votación para renovar a sus diputados locales y presidentes municipales.

Lo sorpresivo es que los partidos conocen perfectamente que cuentan con el desprecio ciudadano y no hacen nada para revertir esta situación. Y es que los electores están cansados de mantener a partidos que no resuelven ninguno de los problemas que tenemos, además de que también están hartos de asistir como testigos a campañas en las que lo que más resalta son los ataques al contrario y no propuestas para resolver temas que venimos arrastrando desde hace décadas.

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El abstencionismo y los movimientos que piden anular el voto o romper la boleta electoral no son más que expresiones de este cansancio ciudadano, al igual que las encuestas que muestran a los institutos políticos en los últimos lugares de credibilidad o confianza, sin hablar de los escándalos relacionados con la corrupción que se han dado a conocer en fechas recientes.

Otra de la facetas de este cansancio ciudadano tiene que ver con la fobia que muchas personas están teniendo con los temas políticos. En sobremesas o cafés, hay quien evita comentar algo relacionado con la política, a excepción de quienes desean quejarse de algo en particular; sólo los “memes” o las situaciones que muestran a candidatos o gobernantes como objetos de burla hace que se rompa esta tendencia.

Las redes sociales, por su parte, se llenan de reclamos hacia los partidos y sus abanderados, así como condenas por situaciones que demuestran una falta de respetos a las leyes, en opinión de los usuarios, como ha sido el caso de la residencia de Alejandro Murat en Oaxaca o las propiedades de algunos candidatos a gobernador en Puebla. Aquí hay coincidencias de las personas que comparten la información, pero no es un aspecto favorable a las fuerzas políticas nacionales.

Buscando las causas de este comportamiento social –sin llegar aún a una explicación definitiva–, tenemos que una de las obligaciones que el marco legal fija a los actores de este sistema no se cumple. En el capítulo I de la Ley General de Instituciones y Procedimientos Electorales, en su artículo 30, se afirma que son fines del Instituto Nacional Electoral, inciso g, “llevar a cabo la promoción del voto y coadyuvar a la difusión de la educación cívica y la cultura democrática”; el mismo ordenamiento reconoce, en su artículo 7, que “votar en las elecciones constituye un derecho y una obligación que se ejerce para integrar órganos del Estado de elección popular”.

En la práctica, vemos muy poca promoción a este tipo de valores, pues no se ha difundido una campaña que busque concientizar a los electores de la importancia de su participación y que sea de carácter permanente.

Pero también debemos ver el reverso de la moneda. Si la participación ciudadana es baja, los partidos que cuenten con las mejores estructuras de movilización de sus clientelas serán los ganadores. En este esquema, qué importa si el votante se queja de la falta de propuestas, de los escándalos asociados a la corrupción, de los sueldos de lujo que tienen los dirigentes partidistas, nada de eso importa pues como no acude a las casillas el día de la votación se mantendrán los mismos de siempre, aquellos que han hecho de una política con enfoque patrimonialista –y una motivación egoísta para ejercerla– su modus vivendi; son los que pasarán de una posición a otra gracias a sus carreras políticas, las cuales se mantienen pese a que sus resultados los reprobarían para continuar en los puestos que actualmente ocupan en otras latitudes.

Es por lo anterior que pueden surgir candidatos que reconocen que robaron “poquito” o abanderadas que en su propaganda prometen “no les vuelvo a fallar”, y ganar sin ningún problema los comicios.

Total, es México, país en donde los ciudadanos nos quejamos muchos pero votamos poco.

Del tintero

Otra faceta de este tema lo encontramos en las revistas partidistas, órganos que cuentan con financiamiento público para su edición. En muchas ocasiones son los secretos mejor guardados, pues es casi imposible encontrarlos a disposición del público, además de que en muchos casos no se cumple con lo que marca la ley, pues es obligación de los partidos publicar una revista informativa y otra de carácter ideológico, obligación que pocas veces se cumple.

 

Twitter: @AReyesVigueras


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