César Duarte: del cinismo a la calumnia.

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A primera hora del viernes pasado recibo una llamada al celular. Una persona que no identifico me dice al teléfono que Don Luis H. Alvarez quiere hablar conmigo. – Por supuesto, contesto.

— ¡Javier!, dime qué hacemos.

— No se preocupe Don Luis, le responderé al Gobernador.

— Lo que se necesite.

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— Gracias Don Luis, lo busco mas tarde, ahora voy a entrar a entrevista con Carmen Aristegui.

Mas tarde me insisten en el teléfono. Otra voz, esta femenina, me dice que Don Luis H. Alvarez quiere volver a hablar conmigo.

— ¡Te felicito Javier!

— Gracias Don Luis. ¿Escuchó?

— Sí; pero dime en qué ayudo, en qué te puede servir este tu viejo amigo.

Lo oigo y lo siento conmovido y me conmueve profundamente. Le digo lo que haré, ya para entonces consultado con abogados de la Ciudad de México:

— Voy a demandar a Duarte, por daño moral.

— Hazlo!. – me refuerza.

Siempre es reconfortante saber del afecto y recibir el abrazo solidario de una figura tan señera en la vida de Acción Nacional y de México. No puedo dejar de asentarlo: de manera invariable Don Luis H. Alvarez ha estado presente en momentos importantes, decisivos de mi carrera política. Como a muchos paisanos, le duele Chihuahua, en este tiempo de canallas.

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En efecto, he decidido demandar civilmente, bajo la figura de daño moral al Gobernador de Chihuahua César Duarte, por sus insinuaciones calumniosas sobre mi persona tratando de vincularme con el narcotráfico. La vileza lo pinta de cuerpo entero.

Dentro de las sofisticadas formas de acusación dolosa, la insinuación es la más perversa. En el juego de silencios y afirmaciones, la insinuación produce todo tipo de efectos interpretativos y da oportunidad para continuarla, ampliarla, magnificarla. Usa la suposición o la imputación de hechos mediante elementos de sorpresa, sugiriendo lo que se afirma o se niega, sin decirlo abiertamente, da a entender, pero no se hace cargo de la acusación completa.

En el camino la insinuación se vuelve afirmación. Los miserables la transforman de inmediato en calumnia. Es uno de los recursos más bajos del periodismo sin ética ni profesionalismo, y es el arma frecuente con el que los cínicos pretenden salir al paso cuando son ellos los acusados directamente.

Es el método que usó César Duarte en el Senado para tratar de vincularme con el crimen organizado. La cobardía por delante, dijo al final de su comparecencia refiriéndose hacia mi persona: "A mí me preocupa que la afectación que hemos hecho a los intereses del grupo delictivo de la frontera, sea lo que a usted lo esté motivando a pretender desestabilizar mi gobierno".

La insinuación la basa en una construcción también tramposa: "su hermano estuvo en recaudo de la cárcel fronteriza, en donde tiene la mayor presencia el grupo delictivo de Ciudad Juárez y esos intereses los hemos afectado de frente y su hermano fue procesado por narcotráfico y su otro hermano procesado por fraude financiero en los Estados Unidos y también en recaudo en esas cárceles".

Manipulando la información, uniendo dos asuntos de naturaleza distinta, Duarte recurre a exhibir dos procesos judiciales en Estados Unidos de dos de mis hermanos totalmente concluídos, que acontecieron hace 15 y 13 años, por los que ambos pagaron con prisión menor sus infracciones a la ley, para tratar de trascenderme a mi la conducta de ellos. Sabe que en nuestro país las penas no son trascendentes, pero lo hace con dolo manifiesto, porque además de corrupto, de mitómano, es profundamente perverso. Es el mayor recurso que pudo usar porque a mi no puede imputarme ninguna conducta indebida a lo largo de toda mi carrera política. El problema actual lo tiene él, no mis hermanos. El gobernador es el acusado, con elementos indubitales, hechos documentados.

En el Senado se debatía las iniciativas enviadas por Peña Nieto en materia de seguridad y justicia. El PRI lo llevó para brindarle un acto de protección en medio del escándalo que constituye en nuestra entidad los señalamientos sobre el incremento exponencial de su fortuna. Se trataba de "arroparlo" me confió uno de sus correligionarios dentro de esa cultura de complicidades y tapaderas que es intrínseca al modus operandi del priísmo. Acarrearon público a la audiencia, convocaron a senadores que en los tres días no se habían presentado a las discusiones, y lo sentaron junto al Consejero jurídico del Presidente de la República, para enviar el mensaje de que el pacto de impunidad está más vigente que nunca.

Protesté la presencia de Duarte y la puse como ejemplo de la hipocresía de Peña Nieto y su partido en el combate a la corrupción; acto de simulación que manchaba la discusión. Rebatí a Duarte sus números falsos, atajé su mundo maravilloso, con estadísticas en la mano de la propia Secretaría de Gobernación. Asolada la sierra por narcotraficantes y policías estatales coludidos. Dibujaba él un Estado en paz y tranquilo, cuando ese mismo día se verificaban diez ejecuciones sólo en la capital del estado. Cuestioné su calidad moral para hablar de justicia, siendo él imputado de delitos contra el patrimonio de Chihuahua. No contradijo mis argumentos, no desbarató las acusaciones. Me respondió con cuestiones personales y familiares.

Jugó la estrategia de tratar de empatarme la denuncia. Si el gobernador es corrupto, entonces el senador defiende los intereses del narco. Por supuesto que lo hizo para eludir responder y tratar de salir al paso de las cuestiones de fondo que contiene la denuncia penal interpuesta en su contra en la PGR por enriquecimiento ilícito y desvío de recursos públicos hacia el Banco Progreso de Chihuahua en favor de su provecho personal, pues es el mayor de los accionistas de esta institución crediticia. Al cinismo con el que ha respondido a la contundencia de la denuncia, ahora suma la calumnia.

A mucha gente le sorprendió escuchar al Gobernador de Chihuahua decir en Televisión nacional que sí había firmado el fideicomiso 777743 de Banorte, que constituyó con su esposa por 65 millones de pesos como aportación de capital a la conformación accionaria del Banco, pero insólitamente agregó que no lo había leído. "Sí lo firmé, sabe usted, sabe cuántos papeles firmo al día, ¿se imagina?." contesta en una entrevista que apareció en el programa Punto de Partida de Denise Maerker, en Televisa.

“ – Pero el fideicomiso debe tenerlo claro, ¡son 65 millones!, se admira la reportera.

– Claro, por supuesto, este fideicomiso lo firmé; no lo leí, pos a lo macho que no lo leí".

La cortina de humo que Duarte creó en el Senado para distraer la atención del asunto verdadero, la corrupción que lo enloda, le funcionó por ese momento. Llenaron de notas pagadas a la mayoría de los periódicos de la ciudad de México, pero afortunadamente no a los de mayor prestigio. "Le metieron mucho dinero para empujar la nota" me confió un reportero de la fuente del Senado. Pero tuvieron un gran descuido: varios de esos medios repitieron la misma redacción, idéntica las cabezas y los textos, los pies de foto. Burdo el equipo de comunicación, a la altura de su jefe.

En su desesperación por lo inevitable – porque no podrá eludir ser consignado ante un juez penal -, recurrió al golpe bajo, pero abrió una ruta delicadísima para sus propios compañeros de partido, para varios de los senadores que lo protegen y lo defienden, entre ellos el mismísimo coordinador de los Senadores del PRI Emilio Gamboa Patrón, con quien Duarte planeó y llevo a cabo su estrategia difamatoria; padrino de su candidatura, es su principal protector. ¿Las conductas de amigos, familiares y colaboradores, serán trascendentes de aquí en adelante? ¿Responderán los hermanos de César Duarte por la corrupción que lo enloda? ¿Adicionalmente a los cargos que directamente enfrenta, responderá César Duarte, por la conducta de sus hermanos?

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Mitómano desde que lo he visto actuar en política, sostengo que la de Duarte ya es una mitomanía patológica. Adquiere ese rango una persona cuando sus mentiras son persistentes, generalizadas, desproporcionadas y muchas veces, no conscientes, de acuerdo con el psicólogo Robert Feldman, profesor en la Universidad de Massachusetts.

La adicción a mentir tiene síntomas comunes a otras adicciones: Altos niveles de ansiedad cuando se encuentra en situaciones propicias para el acto; pensamientos recurrentes de intrusión que incitan al afectado a mentir, impotencia a resistirse al impulso de falsear la realidad, liberación de la presión con satisfacción al no ser descubierto en sus mentiras. Pero entre las características propias de la costumbre de mentir, esta la tendencia a desdibujar la realidad con grandilocuencias; búsqueda de la aceptación y admiración de sus interlocutores; baja autoestima junto con pocas habilidades sociales, miedo constante a ser descubierto; incremento progresivo de la magnitud de las mentiras con el tiempo.

Pongo un ejemplo, el gobernador Duarte dijo en el Senado que lo he acusado "en más de 20 ocasiones de distintas cosas y la autoridad jamás le ha dado la razón, porque nunca la ha tenido". La misma declaración la mencionó con Adela Micha y a los medios locales en mi Estado. ¿De dónde sacó Duarte eso?. De su mitomanía. Por supuesto que no es cierto. Al gobernador le he presentado una queja en el INE por propaganda gubernamental fuera de tiempos legales, y un procedimiento administrativo en la Secretaría de Gobernación por violación del Estado laico al consagrar a nuestra entidad al Sagrado Corazón de Jesús, que por cierto aún espero una decisión de la autoridad. La denuncia penal interpuesta ante la PGR por su enriquecimiento ilícito, se la debemos agradecer y reconocer a Jaime García Chávez.

Todo lo demás es invento y es interesante, lo formula quizá inconscientemente para construir un argumento de inocencia que le urge, pues sabe que está perdido y no podrá evitar la cárcel.

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La insinuación se basa pues, dice Alex Grijelmo en su espléndido libro "La información del Silencio", en un efecto de silencio, porque sugiere mucho más de lo que expresa. El emisor denuncia algo de lo que sabe (o aparenta saber, al menos) y silencia otra parte con la intención de que el receptor complete el mensaje. "Se trata del recurso de "dar a entender" algo que no se dice, seguramente con la intención de que no se le puedan reprochar al emisor sino las palabras que ha pronunciado".

Es probable que César Duarte piense que esa forma de calumniarme con base en insinuaciones dolosas no es reprochable, pero le demostraré con la demanda civil que le interpondré que sí es  sancionable por la autoridad. Así podrá sumar la primera acusación legal que le presentaré, y lo liberaré de una de sus veinte mentiras.


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