Celebrando el genocidio

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Dicen los neurocientíficos que el cerebro tiene una misión específica, “mantener vivo el organismo que controlan”, sin embargo, ahí mismo hay zonas oscuras que generan depresión y masoquismo.

Algo debe de haber en la naturaleza de los mexicanos que llevamos a la máxima expresión esto del masoquismo, celebramos con alegría el día de muertos rindiendo cierta pleitesía a la muerte, la cual representamos de diferentes maneras, pero dónde nos volamos la barda es en celebrar el genocidio de 1910 donde para unos cambios de gobierno pagamos una cuota de cerca de un millón de personas mayormente jóvenes.

“Cuando los pobres ajusticiaron a los ricos, para darnos una nación justa y progresista” y miles de frases semejantes que nos las tragamos sin masticarlas, las hemos repetido durante más de 100 años y los asesinos de ayer son los héroes de hoy, a los cuales les rendimos un culto exacerbado y ridículo, cada año son mas santos y buenos, honestos y libertarios, vírgenes y mártires.

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Lo más importante para armar una revuelta o revolución es tener dinero para armas, parque y aprovisionamiento de tropas, evidentemente los “pobrecitos” no tenían dinero para estos arreos, de otra manera no serían pobres.

Luego ¿Quien aportó el dinero para el genocidio de 1910? Si nos vamos al diario oficial de 1913 encontraremos la respuesta: La compañía americana Standar Oil, Madero era rico pero no tanto para financiar una guerra de esas proporciones, la logística no se la iban a dar los peones de las haciendas requería grupos secretos bien organizados y conectados como los masones.

¿A cambio de qué aportaron ese dinero? ¿Por la redención de los pobres?

Si la respuesta a la última pregunta fue afirmativa permítame reír un rato, los republicanos querían el poder y las empresas petroleras concesiones, ellos aportaron el dinero y la logística, el pueblo mexicano los muertos.

¿Cumplió Madero con las expectativas de sus patrones? Al parecer no porque se lo despacharon al otro mundo, ni la historia oficial niega el hecho de que el embajador americano Wilson planeó y ejecutó su muerte y puso el nuevo muñeco.

Pusieron al títere de Victoriano Huerta y a los pocos meses le pidieron su renuncia, pero no fue porque no haya cumplido con sus jefes sino porque hubo un cambio de patrones, perdieron las elecciones los republicanos y los demócratas exigieron ser ellos los que pusieran al muñeco que les administrara México, solo que Chano ya se lo había tomado en serio y se negó a dejar el puesto por lo que ahora armaron a Carranza y de nuevo a matar mexicas para cambiar de patiño.

Pero los sonorenses pidieron mano y se fueron a la frontera a pactar con los güeritos allá por el rumbo de Agua Prieta y al grito de “nosotros sí sabemos gobernar” se lanzaron por la silla y de nuevo el cambio de títeres nos costó otro río de sangre a los mexicanos.

Como el gasto ya era muy alto las condiciones se incrementaron y Obregón tuvo que firmar los Tratados de Bucareli que impidieron el desarrollo industrial de México.

Al borrachín de Calles le exigieron que introdujera el protestantismo y se puso como loco a matar curas y profanar iglesias y de nuevo más sangre para los dioses norteños.

Y como buenos Chichimecas este 20 de noviembre celebraremos estos sacrificios humanos con toda la pompa y circunstancia, incluso ya se está pensando exigirle al Vaticano la canonización de San Pancho Villa ¡AJUA!


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