Carta de Pancho Barrio sobre la elección del Jefe Nacional

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[email protected] [email protected] y compañ[email protected]:

Te saludo afectuosamente.

Y convencido de que coincidimos en nuestra preocupación por el PAN, -y a fin de cuentas, por México-, te comparto algunas reflexiones…

Empiezo por referirme al rol que el PAN había jugado durante más de medio siglo, como un antecedente indispensable para poner en su adecuada perspectiva la situación que hoy nos aqueja.

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Acción Nacional, cuyos documentos fundacionales muestran, por donde los veas, un compromiso recio, indeclinable y definitivo con la dignidad de la persona humana, el bien común y la ética en la vida pública de México, se echó a cuestas, hace casi ocho décadas, la ingente tarea de dignificar la política y, por esa vía, la vida de la nación.

Plantado en ese sentido de misión y armado de las poderosas armas de sus principios de doctrina, el partido fue haciéndose de una autoridad moral como pocas veces se ha visto en nuestro país por parte de formación política alguna.

Ese fue el legado que los panistas de algunos años atrás tuvimos el privilegio de heredar. ¡Qué orgullo tan grande llegaba a sentirse por la historia y el bregar de la institución! ¡Cómo sentíamos nuestra la lucha de nuestros compañeros de partido en cualquier parte de la geografía nacional! ¡Cómo nos hermanaba el ideal de la patria ordenada y generosa¡ ¡Y que poco importaban las derrotas, por más injustas y alevosas que fueran, cuando se sabía uno partícipe de un anhelo y un propósito que era de muy largo aliento y que nos trascendía a todos!

¿Qué nos queda ahora de todo eso?

Mejor ni lo digo. Tú lo sabes tan bien como yo. Y sabes las razones de esa debacle…

Sabes que cada vez que, en aras de un beneficio político de corto plazo, hemos sacrificado los principios, le hemos dado un golpe a nuestra propia identidad y a nuestra más cara esencia; sabes que cada vez que hemos condescendido con la simulación, el engaño y la corrupción, -sean de personajes propios o extraños-, estamos pagando un alto precio de pérdida de credibilidad y que estamos, literalmente, canjeando el bien ganado respeto que varias generaciones de panistas nos construyeron y heredaron, por un repudio y un desprecio que ahora recibimos desde los más diversos ámbitos de la sociedad mexicana y que parece profundizarse y extenderse cada día.

Sabes, en fin, que han sido nuestras propias decisiones; nuestras acciones y nuestras omisiones; nuestras torpezas, incongruencias y contradicciones las que nos han puesto en el estado lamentable que hoy vivimos.

¡Y qué grave que así sea!

Porque éste no es solo un quebranto o una pérdida para los panistas. No, ojalá fuera solo eso…

Es que, sin un PAN fiel a su tradición humanista y comprometido de veras con la ética y el bien común, México entero sale perdiendo, porque al desdibujarse el único partido que verdaderamente ha representado una opción de dignificación de la vida nacional, ¿qué nos queda como nación? ¿A cuál opción política podríamos los mexicanos todos volver ahora nuestros ojos?

Es en esa perspectiva y esa óptica que tiene que entenderse la actual contienda interna por la Presidencia Nacional. La elección del Jefe Nacional, de suyo importantísima, en las condiciones que hoy vivimos cobra un sentido y una dimensión aún mayores.

Porque lo que ahora vamos a decidir los panistas de todo México es, como yo la veo, si prevalece una opción que tiene todas las probabilidades de continuar la línea de deterioro y desmantelamiento institucional que hemos vivido en los últimos años o si nos damos la oportunidad de retomar nuestras más profundas y valiosas esencias.

Es, ni más ni menos, seguir sirviendo al interés de unos cuantos o volver a tener el interés general, la búsqueda del bien común, como el quehacer primordial de nuestra institución.

Teniéndole un aprecio sincero a Ricardo Anaya, me parece que no hay nada en su actuación de los últimos meses que nos permita pensar que podría entrarle en serio a romper los patrones dañinos que se han adueñado del partido. Y con Javier Corral, que es un hombre que no sabe andar con medias tintas, uno puede fácilmente estar de acuerdo o en desacuerdo, pero muy difícilmente alguien podría decir que carezca de la convicción y de los pantalones para atorarle a enfrentar y desarraigar prácticas que lamentablemente se han vuelto comunes en el PAN, a pesar de ser en todo contrarias a nuestra historia y a nuestros valores y principios.

A mí me parece una verdad elemental, casi casi una perogrullada, que si lo que nos ha alejado de la gente y nos ha enajenado su apoyo y su respeto es el distanciamiento que hemos tenido hacia nuestras raíces, lo que el partido necesita es volver a ellas.

Lo malo es que la maquinaria institucional esté apostada de manera tan ostensible en favor del candidato que parece garantizar la continuidad. Lo bueno es que haya habido quien se atreviera a desafiar al aparato partidista y a todos esos factores de poder que lo respaldan. Lo bueno, asimismo, es que muchos panistas estamos dispuestos a rebelarnos contra la cargada, la línea y la consigna, que nunca han sido parte de nuestra vida institucional.

Tenemos, pues, en nuestras manos la oportunidad invaluable de llevar a la Presidencia del Comité Ejecutivo Nacional a un panista que se atreve a decirle pan al pan y vino al vino y a luchar a brazo partido por las cosas en las que cree, que son las mismas en las que creemos muchos de los panistas de antaño, los que seguimos creyendo en la brega de eternidad, en que nuestra institución debe seguir siempre apoyándose en los motivos espirituales de que nos hablaba el fundador.

Es, a no dudarlo, una oportunidad de oro. No la dejemos ir. Por el bien de la nación entera, no debemos dejarla pasar.

Te invito, pues, sí a que le brindes tu voto y tu confianza a Corral. Pero, mucho más que eso, a que respaldes ésta, que es una lucha contra corriente, contra todo pronóstico, pero a favor de aquello en lo que creemos y que sabemos digno de todo esfuerzo y aún de todo sacrificio.

Es, también en eso, una lucha que va con el carácter y la tradición panistas.

Fraternalmente.

Francisco Barrio

 


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