Cansados de las elecciones ¿o de los partidos?

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La crítica que se hace a los procesos electorales no ha sido bien canalizada. Para muchos ciudadanos, votar es uno de los mejores instrumentos de la democracia, un sistema que aún es apoyado pese al reconocimiento de que bajo el mismo no se han solucionado los principales problemas que preocupan a la sociedad, pero a la vez muestran un rechazo a los partidos y sus prácticas, en lo que puede representar un enigma que no ha sido desentrañado por analistas.

Votar a los mismos

Si bien el sufragio sigue teniendo apoyo por parte del electorado, son los partidos los que han generado su desgaste. Ahora tenemos a ciudadanos cansados con el sistema de partidos y sus excesos pero que siguen confiando en el voto.

         La búsqueda de un cambio que ayude a solventar varios de los desafíos que tenemos como país, pasa necesariamente por los procesos electorales, el problema es que éstos han terminado por cansar a los ciudadanos tanto por la ineficiencia de los partidos como por la cantidad que se tienen que realizar año con año.

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         Quizá México sea uno de los pocos países que cada 12 meses tiene alguna campaña para elegir gobernantes, lo que evidentemente acaba por cansar a una ciudadanía que ve un desfile de promesas que sólo quedan en eso.

         Es por lo anterior que vemos como varía la participación en comicios, pues en tanto las elecciones presidenciales convocan a la mayoría de los electores a las urnas, las que son para elegir diputados ofrecen cifras ligeramente arriba del 30%, lo que implica que hay personas que si se preocupan por elegir al Presidente de la República pero que no les preocupa que otros elijan a los diputados federales o locales.

         Este fenómeno también se puede apreciar en entidades en las que algún candidato genera un entusiasmo para convocar a la gente a las casillas. El fenómeno de Jaime Rodríguez Calderón en Nuevo León puede ejemplificar claramente esto.

         El problema es que incluso los partidos no cuentan con candidatos lo suficientemente carismáticos para alentar una participación masiva en las elecciones, lo que nos lleva a otro problema, pues pensar que con un abanderado con arrastre se podrá ganar una elección, lo cual no necesariamente es cierto y cuando lo es, la decepción puede ser mayor y la ausencia en las votaciones puede volver a incrementarse. Nada más hay que recordar lo que fue el sexenio foxista.

         Así llegamos a un punto en el que hay que revisar no tanto la promoción del voto y el andamiaje jurídico que lo sustenta –sin duda, uno de los más complejos en el mundo–, sino de qué forma podemos rehabilitar a nuestros partidos para que sirvan para canalizar las inquietudes ciudadanas y ayuden, además, a resolver los principales problemas que nos preocupan.

         Y es que la gente no rechaza el voto, rechazan votar por políticos que no ofrecen certezas, que vienen de procesos cuestionados hasta por sus mismos compañeros de partido, que hicieron campaña con acusaciones en contra por diversos motivos –desde irregularidades hasta supuestos crímenes– y que usan los debates para continuar la feria de acusaciones que empezaron al arrancar actividades proselitistas.

         Sin duda, los actuales procesos electorales que tienen lugar en 14 entidades del país pueden servir como laboratorios para evaluar la forma en que los partidos están realizando las campañas y su efecto en los ciudadanos, pues si en estados como Veracruz vuelve a ganar el partido que postuló al actual gobernador, luego de tantas muestras de un desempeño pésimo, la conclusión no puede ser otra más que no hubo un partido que pudo canalizar el descontento con el actual estado de cosas y ofrecer una alternativa viable a ojos de los ciudadanos.

         Pero después de recordar que en Coahuila el gobernador que endeudó a la entidad, incluso con papeles falsos, no sólo ayudó a que ganara su partido sino que dejó a su hermano en su lugar, cualquier cosa es posible.

         La duda es que ocurriría si los ciudadanos salen a votar, dando la importancia que merece este instrumento, y lo hacen como una forma de calificar al gobernante o al partido que lo llevo al cargo. Quizá el mapa político de México sería distinto a como lo conocemos.

         Tal vez estamos en el borde de lo utópico, pero sería deseable que en una época de reivindicación de múltiples derechos, el derecho al voto sea revaluado por los ciudadanos y apreciado por sus efectos en los partidos, en particular como una vía para lograr su rehabilitación y que en verdad sean herramientas para el desarrollo del país. Quizá sea mucho pedir.

Del tintero

Rumbo a la elección para la Asamblea Constituyente en la Ciudad de México, un candidato independiente a recurrido más a la creatividad que al presupuesto, pues su grupo ha estado pegando calcomanías con su nombre, imagen y propuesta en los vagones del Sistema de Transporte Colectivo Metro, por donde diariamente viajan millones de personas. Sin duda es una estrategia económica que puede atraerle algunos votos; el problema es que su propuesta es echar abajo el “outsourcing” y la subcontratación, un tema que no encontrará fácilmente lugar en la redacción de la nueva carta magna para la capital del país. No todo puede ser perfecto.

 

Twitter: @AReyesVigueras


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