Campo de Guerra

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Desde luego, hay salidas. Desde luego, existen respuestas. Es el mínimo compromiso de optimismo que la clase política debe ofrecer a la sociedad.

El mandato para las fuerzas armadas
                consiste en que sean persuasivas en tiempos
                de paz y decisivas en tiempos de guerra.

                Sergio González Rodríguez

 

Siempre me ha confundido la frase de Karl von Clausewitz porque no estoy cierto si la política es la continuación de la guerra por otros medios —como él lo expresa— o si la guerra es la continuación de la política, lo cual también tiene sentido y racionalidad. Lo cierto es que hoy en México la conversación se ha tornado monotemática. Todos los ingredientes de nuestra preocupante realidad nos provocan a diseñar escenarios y surge la interrogante que se repite machaconamente, ¿qué va a hacer el gobierno ante este escenario convulso? O, más específicamente, ¿qué va a hacer Enrique Peña Nieto?

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Sergio González Rodríguez en un bien escrito libro hace un profundo análisis y ubica el tema en la geopolítica. Su obra, denominada de manera certera Campo de guerra, hace algunas reflexiones dignas de comentarse. Introduce un tema que llega a calificar como “cambio integral de civilización que urge comprender: la era del trashumanismo planetario de cariz tecnológico y militar. Las sociedades del futuro vigiladas y controladas”.

El reto mayor de los Estados en el siglo XXI remite al viejo Leviatán de Thomas Hobbes: cómo garantizar un mínimo de seguridad en el marco del respeto a los derechos humanos y de la democracia; cómo hacer compatible la protesta popular cada vez más desbordada con la función de las instituciones para permitir la convivencia pacífica. González Rodríguez señala dos ingredientes alarmantes: uno, “los espacios de los criminales son ya indistinguibles de los de la clase política”; el otro: “La violación de los derechos y garantías por parte de los militares abre la dimensión de lo alegal hacia la convergencia con el crimen organizado”.

Estas reflexiones son sumamente actuales. Los últimos escándalos en que están involucrados militares, así como policías y funcionarios públicos de los tres órdenes de gobierno, le dan pleno sustento a esas afirmaciones.

La vigorización de un auténtico Estado de derecho será el tema central de los próximos años. La gente está harta de escuchar discursos con reiteradas promesas cuando cada vez es más profunda la brecha entre norma jurídica y conductas y actitudes. Qué crisis más compleja la de México, cuya solución es tan simple —aplicar la ley—, como tan difícil por todo lo que ese desafío significa.

Agrega González Rodríguez otro tema de enorme trascendencia: una relación madura con Estados Unidos ante un problema compartido. Señala que en “los espacios traslineales se puede aludir a tres figuras, cuya realidad y simbolismo son recurrentes en la frontera mexicana: el puente, el muro y el basurero”.

El dilema se repite: cómo lograr la compatibilidad entre Estado nacional, soberanía y acuerdos internacionales que le den eficacia y poder a los países frente a un enemigo que trasciende fronteras.

El pueblo de México está a la espera de una propuesta viable. No se trata de reinventar ni de seguir incurriendo en llamativas reformas jurídicas que cuidan las apariencias y se olvidan de los hechos. Libros como el aquí comentado y otros a los que ya me he referido deben permitirnos conformar una política pública viable y congruente que no deje ningún cabo suelto, desde los aspectos financieros hasta los temas culturales. Es uno de los retos más grandes desde el México independiente a la fecha.

Desde luego, hay salidas. Desde luego, existen respuestas. Es el mínimo compromiso de optimismo que la clase política debe ofrecer a la sociedad.

Dadas las postrimerías de 2014 es pertinente transcribir las últimas palabras del libro de marras: “La humanidad nunca supo tanto como ahora sobre la naturaleza y la composición del cosmos, y jamás estuvo más lejos de las estrellas que en el presente. Por fortuna, persiste el misterio ante el porvenir”.


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